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Diferentes caminos de una misma afición

"Swing" de pincel: la tauromaquia toma vuelo desde Madrid a Zamora

Arte, deporte y viajes combinan y encajan en las historias vitales de tres aficionados a los toros que han recalado recientemente la provincia con motivo de una de las experiencias del Curso de Periodismo y Comunicación Taurina en el que están matriculados y con el que han visitado el coso de Toro y han presenciado un tentadero en la ganadería "Toros Villalpando"

Noah Orihuela posa con su capote en el entorno de una bodega de la DO Toro.

Noah Orihuela posa con su capote en el entorno de una bodega de la DO Toro. / C. T.

Noah Orihuela Martín prefiere cambiar el palo de golf por la espada, el capote y la muleta, y el verde del césped del campo, por el albero de la plaza.

El joven, de 19 años, tiene hándicap -4 —el mejor nivel de juego que hay actualmente en España—. Ha llegado a ganar el US Open y el Campeonato de España dos veces.

Dadas las circunstancias, todo apunta a que tendría un futuro halagüeño en este deporte, pero se ha cansado de hacer "swing" porque reconoce que, desde que era un niño y cada vez más, su verdadera pasión y vocación son los toros: "Después de volver de Estados Unidos, yo lo tenía muy claro y también estaba muy quemado en el golf porque eran muchas horas al día y tampoco era mi pasión, como son los toros".

Esta determinación le llevó a tomar la decisión definitiva hace unos meses, cuando regresó a España tras vivir en Estados Unidos durante cuatro años. Y, el pasado mes de agosto, comenzó su andadura como alumno de la Escuela de Tauromaquia "José Cubero ‘Yiyo’" de Madrid.

"Hoy he ido desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde a entrenar y no me importa; a veces, me puedo tirar las horas que hagan falta", habla sobre la diferencia de sacrificio que le suponen el golf y los toros, a los que ha decidido que quiere dedicarse e intentarlo "de verdad".

"Pintheño" es el nombre artístico que ha elegido para anunciarse en los carteles a futuro, cuando actúe en algún festejo. Y tiene una razón: "porque mi abuelo es de Pinto y es el que me ha inculcado los toros y, como mi apellido es Orihuela, con ‘H’ intercalada, se la puse", dice el joven, que recuerda como, "desde que tenía tres añitos", ha ido con su abuelo a los toros. Un legado con el que le homenajeará a través de su nombre artístico.

Y una afición heredada que no perdió mientras vivía en Estados Unidos. "Tenía mi abono a OneToro y, además, volvía aquí el 30 de mayo, entonces, me daba para ver seis o siete corridas de San Isidro. Yo iba esos días a Las Ventas y también alguna vez me he escapado a Sevilla, cuando he tenido un hueco para volver entre esas fechas", relata.

Sobre su corta andadura en la escuela taurina, asegura que está "muy contento por la disciplina que estoy teniendo y, sobre todo, por el esfuerzo". Allí, su maestra es la novillera Carla Otero, quien, asegura, le dice que su progreso "está siendo muy distinto al del resto de gente que suele empezar y que, sobre todo, mi empeño de ir todos los días a la escuela, mañana y tarde, porque eso lo tienen muy en cuenta". En este sentido, Orihuela asegura que va a "sacrificar" su verano porque "yo creo que, si las cosas van muy bien y me desempeño bien, quizá el año que viene pueda debutar". Es el objetivo que tiene a más corto plazo. "Y eso es motivador".

Pintura taurina innovadora

María Zarló posa ante el cuadro «La Virgen de la Mosca» en la Colegiata de Toro. | C. T.

María Zarló posa ante el cuadro «La Virgen de la Mosca» en la Colegiata de Toro. / Carmen Toro

Con una historia ya coloreada en su paleta vital, María Zarló, siguiendo la vena artística de su madre, que también lo hacía, comenzó a pintar para sí misma durante la pandemia de la Covid-19.

"Quería pintar al óleo", como hacía su madre, lo que unió con la afición taurina que le inculcó su padre. A raíz de un cartel de la feria taurina que vio en un bar de Salamanca y que le fascinó y quiso reproducir en pintura, se puso a ello. Aquel primer cuadro, que expuso en una galería de arte online, lo vendió en sólo siete días y con destino Nueva York.

Después continuó pintando otra cosa que le fascina: los trajes de luces. "Disfruto pintándolos y haciendo los reflejos. Lleva muchas horas, mucha dedicación, pero es lo que me llena". Quizás, su formación en diseño y moda y su trabajo anterior en un taller de costura la incitan a ello.

La pose de los toreros, "su torería", o la belleza del animal son otros de los principales aspectos que la inspiran y gusta de pintar. "Quiero destacar que no hay sangre en mis cuadros porque "quiero que se vea lo bonito de la fiesta, el ritual que es la tauromaquia" en la pintura realista y de "detalle" que crea.

Además de con su concepto fresco, en su pintura le gusta innovar, incorporando algunos materiales como yeso, cemento, piedrecitas de colores, cordones o pasamanería. "Intento meter cosas, hacer cosas nuevas", explica. Por ello, también se ha aventurado a pintar sus cuadros de temática taurina sobre piedra de Villamayor.

"Siempre me reto a hacer cosas más difíciles, quiero aprender, no me acomodo en lo que hago", dice la pintora, que ahora, además de adentrarse en la escultura, también está dando un curso de acrílico con el pintor chileno Guillermo Lorca, una formación que se suma a las muchas que lleva haciendo desde hace unos años, aunque empezó de manera autodidacta.

De Madrid, al cielo

Antonio Acedo y Vanesa García, en la ganadería "Toros Villalpando".

Antonio Acedo y Vanesa García, en la ganadería "Toros Villalpando". / Cedida.

En pareja, llevan la tauromaquia hasta el cielo Antonio Acedo y Vanesa García, un matrimonio formado por un piloto de avión y una azafata de vuelo. "Todo vino gracias a mi marido que, por mi suegro, es un auténtico fiel a los toros. Y me metí en el mundo", dice ella. Y él corrobora que heredó la afición de su padre "en aquella época en que prácticamente cada fin de semana había toros en la televisión y ahí estábamos delante de ella".

Literalmente, en su caso, es aquello de "de Madrid, al cielo" porque Antonio Acedo relata que ha tenido "la suerte" de pilotar un avión en el que ha llevado dos corridas de toros a Lima (Perú). "El proceso es muy curioso, por la expectación, allí todo el mundo está pendiente: a ver los toros. Es un proceso que no es que tenga una liturgia, pero una seriedad de una precisión…", cuenta.

"El toro bravo es el animal más bello que hay en la Tierra. Y eso también crea afición", dice Acedo. Y su mujer, aficionada a través del amor, asegura que hay "falta de conocimiento. Si todo el mundo supiera lo que es realmente la tauromaquia, no diría lo que se dice hoy".

"El curso, para mí, ha sido el conocer todo desde los cimientos. Todo lo que es, los valores,… Y por eso estoy encantada de ir a la plaza y poder entenderlo mucho mejor".

Porque lo que tienen en común y donde se han cruzado los caminos de las vidas de este matrimonio de altos vueltos, del joven exgolfista Noah Orihuela y de la creativa pintora María Zarló es el Curso de Periodismo y Comunicación Taurina de la Comunidad de Madrid en el que están matriculados.

Un momento de la explicación en la visita de los alumnos a la plaza de toros de Toro.

Un momento de la explicación en la visita de los alumnos a la plaza de toros de Toro. / Carmen Toro

Todos ellos, junto a sus compañeros de promoción, han visitado recientemente la provincia de Zamora, como cada año, y ya van seis consecutivos, en una de las experiencias asociadas a la formación que dirige el periodista oriundo de Pinilla de Toro David Casas junto a Hugo Costa, y cuya coordinadora académica es otra zamorana de nacimiento: María Revuelta.

Como en cada edición, los profesores y alumnos del curso han recalado en la provincia con un objetivo claro: conocer y pisar la plaza de toros de Toro, donde fueron recibidos por varios miembros de la Corporación Municipal y de la Asociación Internacional de Tauromaquia, y de la que el exedil José Luis Prieto les contó algunos de los aspectos más relevantes de su historia, arquitectura y algunos de los toreros más afamados que en ella han toreado, entre otras anécdotas.

Además de visitar el capitel con la primera representación de la tauromaquia en la arquitectura o el Pórtico de la Majestad de la Colegiata de Toro, ciudad de donde se fueron fascinados por la "joya" que es su plaza de toros, la expedición se desplazó después, como también ya es tradición, a la finca "Dehesa de Villoria" que la ganadería "Toros Villalpando" tiene en Fresno de Sayago.

Allí, la jornada finalizó con un tentadero en el que participaron el torero Cristian Pérez y los novilleros Jesús Moreno y Pepe Luis Cirugeda, además del también alumno de la escuela taurina "José Cubero ‘Yiyo’" Librillo.

La jornada en la provincia de Zamora les ha servido así casi como broche a una nueva edición del curso, en el que los cuatro protagonistas de esta historia se matricularon por diferentes motivos y que aporta pluses distintos a cada uno de ellos.

Los alumnos posan con toreros y novilleros antes del inicio del tentadero.

Los alumnos posan con toreros y novilleros antes del inicio del tentadero. / Carmen Toro

En el caso de Noah Orihuela, al no poder matricularse en Periodismo por no tener aún convalidadas sus notas de Estados Unidos, le sirve para "matar el gusanillo", además de porque "es muy importante tener distintas perspectivas del toreo y, sobre todo, porque en la Escuela aprendes todos los valores y muchísimas cosas que el curso no te da, pero, a la vez, el curso te da muchas cosas que la Escuela no: conocimientos, ser culto en el ámbito que te gusta".

María Zarló asegura conocer más de cerca su afición gracias al curso y asegura que esa ampliación de conocimientos en esta "experiencia inolvidable y enriquecedora" aportará positivamente a su obra artística.

Para Acedo y García, que tampoco se dedicarán a ello profesionalmente, el curso "debería ser asignatura obligatoria" porque la tauromaquia "no es una cosa, es historia, arte, cultura, tradición, valores. Engloba tanto...".

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