El retorno de una joven toresana desde el Reino Unido para convertirse en la quinta generación al frente de la funeraria
Marta Rodríguez Casares regresa a su tierra natal para tomar el relevo de su padre, Ricardo, al frente de la empresa de servicios funerarios fundada por sus antepasados

Marta Rodríguez con su padre, Ricardo, en las instalaciones del tanatorio de la empresa familiar. | M. J. C.
No pierde la sonrisa ni al recordar una etapa de su vida que ha dejado atrás para relevar a su padre al frente de la empresa familiar fundada en Toro por sus tatarabuelos.
A sus 38 años, de la mano de su marido Albert y de su hijo Pau, Marta Rodríguez Casares ha regresado a Toro para tomar las riendas de la empresa de servicios funerarios que crearon sus antepasados y que su padre, Ricardo, ha convertido con trabajo, esfuerzo e importantes inversiones, en un referente del sector en la provincia.
No ha sido fácil tomar la decisión de alejarse de sus amigos y de renunciar a su vida y a su trabajo en el Reino Unido, pero la joven toresana no quería que "se perdiera" el legado de su abuelo y, en especial, el de su padre, por lo que ha asumido el reto de ser la quinta generación que gestiona la empresa familiar.
Rodríguez Casares estudió Periodismo en Valladolid y cursó un año de la carrera en Italia con una beca Erasmus. Tras finalizar sus estudios decidió irse a Madrid para buscar trabajo, ciudad en la que residió tres años y en la que hizo prácticas en una agencia de publicidad, donde descubrió su predilección por el marketing y que no quería dedicarse al periodismo. En 2009, ante la falta de oportunidades laborales en una época que coincidió con la de la crisis económica del país, decidió irse de España para estudiar inglés.
Destino
El destino elegido fue Reino Unido. Primero en Cambridge, donde estuvo dos años y, posteriormente, en Salford (ciudad situada en el área metropolitana de Manchester), en la que residió tres años, mientras que en su última etapa fuera de España ha vivido en Macclesfield.
Los inicios en un país extranjero no fueron fáciles, aunque logró compaginar un trabajo de camarera con las clases de inglés. Tras conocer al joven que hoy es su marido y valorar que su nivel del idioma era "suficiente" para seguir estudiando, decidió matricularse en un máster de marketing. Finalizó los estudios del máster con matrícula de honor y realizó prácticas en una empresa que supo valorar su entrega y dedicación y le ofreció hacerse cargo de las redes sociales y el contenido de la web de una tienda online.
Durante seis años formó parte de la empresa hasta que, por la pandemia, fue despedida "al no haber trabajo". Una compañera le ofreció trabajar con ella en una empresa del sector tecnológico en la que permaneció cinco años, primero como responsable de las redes sociales y, posteriormente, como directora de marketing.
La joven toresana recuerda con nostalgia su vida anterior en Reino Unido, pero ante la jubilación de su padre era consciente de que había llegado el momento de tomar una decisión definitiva que ha supuesto su regreso a Toro, cambio que se fraguó tras una reunión familiar celebrada hace dos años.
En aquel encuentro, su padre trasladó a Marta y a su hermano Carlos, su preferencia porque se "quedaran" con la empresa, aunque también les planteó que "entendía" que "teníamos nuestras carreras" y que si optaban por no tomar el relevo la otra alternativa era vender la funeraria.
Desde que retornó a Toro, la joven se ha convertido en la "sombra" de su padre, del que destaca que es "un ejemplo a seguir" porque "es muy trabajador, cercano y muy profesional", aunque también ensalza su "paciencia", no solo con los trámites burocráticos que es preciso cumplimentar tras un funeral, ya que también es una persona empática con las familias a las que durante muchos años ha ayudado en uno de los peores momentos de su vida y a las que resuelve todas sus dudas en un proceso doloroso.
En este punto, Rodríguez Casares destaca que, en la actualidad, se está imponiendo la tendencia de que grandes compañías funerarias absorban a las pequeñas buscando una mayor rentabilidad, pero no ofrecen el trato cercano y la humanidad que ofrecen empresas como la que fundaron sus antepasados, valores que son "muy importantes" para las familias en un momento tan duro como el de la despedida de sus seres queridos. Esos valores humanos siguen muy presentes en la empresa familiar que, no obstante, ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos desde aquella funeraria que gestionaron sus antepasados y que era "una empresa de pueblo".
De hecho, recuerda que a su abuelo le iban a buscar a casa cuando fallecía una persona y se desplazaba a la vivienda del finado para preparar el funeral, además de "hacer cuatro papeles". Su abuelo abrió en Toro el primer tanatorio de la empresa, servicio que, posteriormente, su padre convirtió en uno de los más punteros de la provincia tras realizar una importante inversión y que, hoy en día, se mantiene como uno de los mejores de Zamora.

Marta Rodríguez Casares, en una de las estancias del tanatorio de la empresa en Toro. / M. J. C.
Esta evolución ha coincidido con la digitalización del procedimiento que es preciso cumplimentar en cada sepelio, lo que ha facilitado el trabajo de la empresa familiar que no ha perdido su esencia y que sigue ofreciendo un trato cercano y la empatía que muchas personas agradecen en el que, quizás, es el peor momento de sus vidas.
Reconoce Rodríguez Casares que el trabajo en una funeraria "es muy duro", aunque "poco a poco" ha aprendido el papel que debe asumir y que no es otro que "ayudar" y "reconfortar" a las personas que dan el último adiós a sus seres queridos y que, durante el funeral, "tan solo tienen que centrarse en pasar el duelo".
La dureza propia del trabajo de una funeraria ante un escenario marcado por el dolor y la tristeza se acrecienta en el caso de empresas como la que gestionará la joven toresana porque, a diferencia de otras del sector, "generalmente conocemos a la gente que ha fallecido o a sus familiares" y, en otros casos, los finados "son amigos e incluso familiares".
Al margen de adaptarse a su nuevo trabajo, Rodríguez Casares también ha comprobado en primera persona la "excesiva burocracia" que conlleva el cambio de titularidad por relevo generacional en una empresa familiar, proceso "muy largo", en el que ha podido constatar que "las personas que tienen que ayudarte en las administraciones a veces no saben qué hay que hacer porque no son casos que se vean todos los días".
No obstante, como aclara, "ya estamos listos para el cambio" en la gestión de una empresa familiar que pasará a denominarse "Santamarina Servicios Funerarios", nombre que mantiene el de la plaza de Toro en la que se encontraba la funeraria que fundaron los tatarabuelos de la joven.
Adaptación
Desde su regreso a Toro, Rodríguez Casares intenta adaptarse a una nueva vida en la que añora a sus amigos en el Reino Unido, su casa o su trabajo anterior, pero esta nostalgia la compensan la cercanía de sus padres y familiares o la "felicidad" de su hijo que, por su corta edad, disfruta de cada momento compartido con sus abuelos y sus primos.
"El cambio es radical, pero hemos ganado calidad de vida", asegura la joven toresana, que ahora puede disfrutar más de su hijo, porque en Reino Unido "pasaba mucho tiempo en la guardería". Además, destaca que en Toro la educación "es mucho más barata" y que los pequeños pueden disfrutar de diferentes alternativas de ocio como "buenos parques" o actividades infantiles o deportivas. Otras ventajas son que Toro es una ciudad "bien comunicada" o que "siempre hay fiestas que celebrar", al margen de "más ambiente en las calles y más alegría".
Aunque cada año intentaba viajar dos veces a Toro, el retorno definitivo a su tierra natal le ha permitido comprobar que otros toresanos también han optado por volver a la ciudad tras percatarse de que otros destinos como Madrid "no son el paraíso que nos han vendido".
En este sentido, reconoce que "generalmente tenemos una visión pesimista del lugar en el que vivimos", pero en su opinión Toro es una ciudad repleta de oportunidades porque "aunque se cierren negocios, se abren otros nuevos".
Además, ofrece la posibilidad de disfrutar de "una vida más tranquila" o de apuntalar el futuro de empresas como la funeraria familiar de la que intentará preservar la calidad del servicio y, sobre todo, esa cercanía que precisan las personas que se enfrentan a un duelo y que requieren una sensibilidad especial, como la que transmite la joven emprendedora toresana.
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