Entrevista | Félix de Carboneras Compositor
Félix de Carboneras, compositor: "En la música y en la vida, me ha valido mucho el mundo del toro"
Toreros como Morante, Diego Urdiales, David Mora, Diego Ventura o los banderilleros Fernando Sánchez y David Adalid tienen un pasodoble creado por el artista de Aracena, que empezó a escribir música de forma autodidacta y que está inmerso en un proyecto relacionado con la Casa Real cuya iniciativa parte de Zamora

Félix de Carboneras posa en la plaza de toros de Toro con el capote con la esclavina bordada con notas musicales. / Carmen Toro
-De niño, quiso ser torero, pero se pasó a la música, ¿cómo fue?
-Yo quería ser torero y no había otra cosa en mi cabeza. Si había alguna capea, iba, toreaba de salón al salir del colegio; si había vaquillas en un pueblo, allí estaba yo,...
La banda siempre ha estado muy ligada a la cultura de mi pueblo, Aracena, pero nunca había prestado atención. En un concierto en el Día de Andalucía, dije "esto me gusta". Y pensé que no estaría mal aprender a tocar y meterme en la banda. Fue lo que despertó mi curiosidad por la música, que siempre había estado ahí. Incluso en los toros, me gustaban los pasodobles, la música taurina. Lo escuchaba, pero antes no había sentido esa necesidad de pertenecer a ese colectivo.
-Y ahora combina esos dos amores en la composición...
-Yo vivo por y para la música, y por y para el toro. Empecé de forma autodidacta a tocar la flauta y el tamboril rociero, y luego ya en la banda, estudié solfeo para leer partituras, y más tarde, empecé a componer.
Pero tanto en la música como en la vida, me ha valido mucho el mundo del toro. Porque yo he querido ser torero desde niño, he vivido en torero, me he tomado la vida como si fuese un torero y, ante cualquier problema o duda, siempre para mí era un reflejo. En la música, el ejemplo es que, a lo mejor, compones algo y no funciona, es un fracaso gordo. Y dices: ¿un torero qué haría? Pues pensar en el siguiente festejo y prepararse, aprender de los errores, esas cosas.
En mi familia no hay nadie músico y acaban sonando mis pasodobles en Las Ventas, en Sevilla, en Ronda o en Sudamérica. Eso es un proceso largo de aprendizaje, de una disciplina diaria y, sobre todo, aprendes mucho de las personas que tienes alrededor, intentas rodearte de gente que te beneficie y te haga crecer. Y eso es gracias al mundo del toro; si no hubiera estado tan involucrado, no habría llegado tan lejos.
-¿Cómo empezó a componer?
-Soy bastante inquieto y curioso. Empecé a tocar en la banda y un día, sentí un poco la necesidad porque la música es un universo tan grande, que pensé: ¿qué sentirá una persona que ha escrito una partitura cuando la escuche tocada por una banda de música? Es lo que me llevó a componer: la curiosidad de ver que había el más allá.
-Además, usted es un compositor autodidacta, ¿cómo lo ha logrado?
-Me resultó muy difícil. Cuando empecé a componer marchas, tenía 25 años, no había tanto Internet ni YouTube como ahora. Vivo en un pueblito y, en mi entorno, tampoco había gente que me pudiese echar una mano porque no había nadie que compusiera.
Cuando empecé a componer, mis amigos y compañeros de la banda se reían de mí, la gente deía que estaba loco: "¿tú crees que eres Mozart?" Lo primero que hice fue una marcha de Semana Santa y metí un petardo gordísimo, con 18 años. A eso me refiero con que va tan ligado al toro. Hago mi primera marcha totalmente desde el desconocimiento, sin conocer los instrumentos porque yo tocaba el saxofón, pero otros instrumentos no los había tocado. Hice una marcha, se tocó y ya me sentía supermotivado, es como el chaval que va a una sin caballos y la familia le pide las orejas y cortan el rabo y lo sacan a hombros, y, a lo mejor, le ha metido la espada atravesada o un bajonazo.
Y luego pasó el tiempo y pensaba que no se volvía a tocar más mi marcha, y me di cuenta de que no sonaba bien, no estaba bien escrita. Y es la marcha que más me enseñó, porque me di cuenta de que componer era difícil y era mejor dejarlo, había que tener un respeto a la música.
-¿Cuál fue su primer pasodoble taurino?
-Se lo escribí al banderillero Jesús Márquez; entonces, iba con Pepe Moral, que era novillero. Nos conocíamos; aunque estuviese en la música, siempre he estado ligado al mundo del toro, me gustaba ir a los tentaderos, a la plaza,... era mi válvula de escape de la música y del trabajo, los toros.
Un 12 de octubre, en Sevilla, al entrar a poner un par de banderillas, a Jesús lo cogió y le partió la femoral, le pegó una cornada muy grande. Yo sentía que le tenía que echar una mano y, como no sé hacer otra cosa más que componer, dije: voy a hacer un pasodoble. Se lo dediqué para darle ánimo y fuerzas y que se sintiese otra vez con ganas de torear. Me vine arriba, me dejé llevar por los sentimientos.
Yo le tenía mucho respeto a los pasodobles taurinos porque tenía el referente muy alto: "España Cañí", "Gallito", "Ragón Falez",... los tenía como verdaderas joyas y nunca pensé que llegaría a componer pasodobles que estuviesen a la altura o en un programa de una plaza de toros junto a otros de esa talla.
-Tiene varios pasodobles dedicados a toreros y profesionales taurinos, ¿se inspira en su toreo o qué le ayuda?
-Me inspiro mucho, sobre todo, en su personalidad. No le pega el mismo pasodoble a Morante toreando al natural que a El Fandi colocando un par de banderillas. . El de El Fandi sería un pasadoble un tanto más rápido, con más gallardía, más efectivo; y a Morante le pegaría un pasadoble mucho más templado, más despacioso y con más solera.
Me meto mucho en la personalidad cuando compongo e intento que el torero tenga algo que me ilusione al componerle y luego sí intento ver vídeos, conocer su personalidad, ver corridas, documentales sobre él, para intentar con mi música reflejar ese toreo.
-¿Tiene alguno que le resulte especial por el vínculo con el destinatario o por el resultado musical, quizás?
-El de David Adalid tiene mucha personalidad. Se lo hice cuando lo cogió el toro en Francia, yo lo estaba viendo en mi casa en directo y dije "a este hombre le tengo que hacer un pasodoble", sin conocerlo siquiera. Esa es la historia tan bonita que hay detrás; a raíz del pasodoble, nos conocimos y ahora somos como hermanos. Es una cosa que ni se sueña cuando lo empiezas a hacer.
A través de la periodista Aleyda Baz, que era amiga, se lo hice llegar y David se quedaría loco en ese momento, diría "este está más loco que yo". Fue muy bonito porque, al final, la música nos ha unido y yo le puse mucha alma, mucho corazón y es uno de los pasodobles con los que estoy muy contento porque se toca mucho, me lo piden mucho las bandas.
Además, es muy bonito porque, si está dedicado a una figura del toreo, si suena medio bien, con un buen título de una figura del toreo, es más fácil que llegue que uno que sea de un torero de plata o de una ganadería. Y el de David me lo piden y yo me siento muy orgulloso porque si me lo piden es porque gusta, porque tiene algo especial y yo creo que tiene alma.
El que le hice a Morante también me encanta, pero es diferente. Después de haber compuesto tantos, el nivel de exigencia conmigo mismo es mayor también.
-Hábleme del capote que comparte con Adalid...
- Un día, le dije: quiero comprar un capote para tenerlo de recuerdo, pero lo bonito es que cuente una historia y que tenga alma, así que vamos a hacer uno en el que ponga "Félix de Carboneras", tú eliges las medidas, el color, el forro,... y en la esclavina le vamos a poner las notas del pasodoble.
Sé que él me aprecia mucho y, cuando está delante del toro, que son momentos difíciles, a lo mejor, con ese capote, sientes como a las personas cerca de ti; que cuando lo mire por detrás y vea mi nombre, se acuerde de que lo apoyamos, que estamos ahí con él. Lo ha usado varias veces y me dice "llévatelo porque me da cosa, cuando voy al burladero corriendo, meto el capote antes no vaya a ser que el toro me lo rompa".

Félix de Carboneras posa a la puerta de toriles de la plaza de Toro junto al capote que comparte con David Adalid. / Carmen Toro
-Visita la plaza de toros de Toro junto a él y su mujer, la periodista toresana Beatriz García, ¿le gustaría que uno de sus pasodobles sonase en ella?
-Conocí la plaza cuando David toreó un festival y en su boda. Me parece una verdadera joya. Hay que reconocer el hecho de que una plaza tan antigua, habiendo pasado tantos años y que ha habido de todo: guerra, un montón de partidos políticos,... que la plaza se siga manteniendo es un milagro. Porque podrían haberla derribado y montar un polideportivo u otra cosa.
Cada vez que la veo, me encanta porque siempre pienso en la cantidad de figuras del toreo y de toreros que habrán pasado por esa plaza, y la soledad que se respira cuando pisas las tablas, y cuando te metes en esos corrales. La plaza tiene vida, tú entras allí y sabes que es una plaza especial, parece como si se parase el tiempo, la miras y no sabes si estás en este siglo o en el pasado.
Claro que me gustaría que uno de mis pasodobles sonase aquí. A la música le da categoría dónde, cuándo y quién la interprete. Y que un pasodoble mío suene ahí son regalos que te hace la vida. Una tarde, la plaza llena, un cartel rematado y en una faena de categoría, que suene y le ponga banda sonora a todo lo que está sucediendo, imagínate.
-¿Y, aunque el coso ya tiene un pasodoble propio, qué le inspiraría si tuviera que componerle uno?
-Un pasodoble añejo, tipo "Suspiros de España", "La Gracia de Dios" o "Camino de Rosas". Ese tipo porque creo que van acorde a lo que ahí se respira. Esos pasodobles de antes que tienen un sabor especial y, a pesar de los años, no pasan de moda, se siguen escuchando y, cuando hay un momento o faena importante, por mucho que hagamos y compongamos, recurren a lo clásico y a lo que de verdad tiene alma. Porque hay música que tiene alma, que pasan los años y sigue aquí.
-¿Qué es la música a los toros?
-Es lo que le pone banda sonora a lo que estamos viendo, por supuesto. Pero la música a los toros es una cosa muy difícil de explicar porque, cuando está, pasa desapercibida y, cuando no está, se echa de menos. A lo mejor, está toreando un torero y sabemos que la música está sonando; a veces, no reconocemos ni el pasodoble, pero algo está sonando por ahí. Pero hay veces que la faena está cogiendo vuelo y la banda no toca y la gente "música, música". Es como algo muy surrealista.
Si quitas la música a los toros, no es lo mismo, le falta un ingrediente. Es como si los alguacilillos, en vez de ir vestidos de alguacilillos, van montados encima del caballo en chándal; van a coger la llave igual y van a hacer todo igual, pero no es lo mismo.
La música, en general, le pone un color especial a la tarde. Si la faena no ha funcionado, pues entre toro y toro, toca la música y levanta el ambiente; si está entre dos tintas y no sabes cómo va a tirar, si va a tirar para arriba o el toro se va a venir abajo, empieza a sonar la música y el público ya da a entender que la faena va cogiendo vuelo.
La música tiene mucha fuerza en una tarde de toros y el públio no se da cuenta ni los músicos saben el poder que tienen con la música en una corrida.
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