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Entrevista | David García Calvo Musicólogo y director de La Rondalla "Amigos del Arte"

David García Calvo, musicólogo: "El patrimonio organístico de la comunidad es ingente y valioso"

"La caja de Pedro Bernardo que conserva la Colegiata es una joya artística y musicalmente"

David Garía Calvo, ante el órgano creado por Pedro Bernardo de Olmedo.

David Garía Calvo, ante el órgano creado por Pedro Bernardo de Olmedo. / Cedida

Musicólogo y director de La Rondalla "Amigos del Arte", el joven toresano ha llevado a cabo una investigación sobre el desaparecido instrumento que un día sonó en el templo de Santa María la Mayor y sobre su relevante autor, cuyos resultados ha expuesto recientemente en una conferencia que ha contado con el apoyo de las parroquias y el Ayuntamiento de Toro

Ha hecho una investigación sobre el organero que realizó el otro órgano que había en la Colegiata, ¿cómo surgió?

Tenía que elegir tema para el Trabajo Fin de Grado y siempre había visto esa caja en la Colegiata y había oído que lo construyó Pedro Bernardo de Olmedo, pero te pones a mirar y no encontraba nada, ningún otro trabajo, ningún otro instrumento construido por él, ni en documentación ni conservado. ¿Cómo una persona que no ha construido nada antes —que luego fue mentira— de repente aparece en la Colegiata de Toro, que no era precisamente una iglesia pequeña y que siempre contrataba lo mejor? Es una caja que es una joya tanto artística como instrumentalmente; es patrimonio musical porque es un órgano del siglo XVII, y todo lo que se conserva en instrumentos musicales suele ser posterior al XVIII.

¿Descubre en la investigación qué pasó con el resto del órgano?

La caja está ahora en el aire, sujetada porque no tiene estructura interna. El resto, por desgracia, no se conserva porque, digamos que concepciones de lo artístico distintas a lo actual, en la segunda mitad del siglo XX, hicieron que en la Colegiata hubiera una serie de obras de consolidación que hicieron que se desmontara el coro que había en la nave central sobre el que estaban asentadas las dos tribunas con los dos órganos que había: el que hoy hay, de Manuel de la Viña, y la caja renacentista con el órgano de Pedro Bernardo de Olmedo; el barroco, en el lado norte, el del Evangelio; y el renacentista, el de Pedro Bernardo, en el lado de la Epístola, en el sur. En esa restauración, que llevaron a cabo Luis Menéndez Pidal y Francisco Pons Sorolla, al desmontarse, deciden conservar sólo un órgano porque para ellos no tenía sentido tener los dos. Le encargan una reforma a Organería Española, una fábrica de órganos que había en Azpeitia, y su director general, Ramón González de Amezua, aprovecha la ocasión y compra todo el material del órgano de Pedro Bernardo de Olmedo; lo único que no le interesó o decidió dejar como testigo en la Colegiata, no lo sabemos, fue la caja, que se volvió a montar donde está hoy, pero no tuvieron en cuenta que un órgano necesita una estructura interior para sujetarlo, y esa caja no la tiene, se sustenta sobre su propio peso, con dos tableros de madera en cruz por dentro para sujetarla. Eso es un poco precario y, de hecho, la coronación se está empezando a volver hacia dentro, y es una caja que merecería una consolidación. Lo ideal sería que volviera a su función de instrumento musical, pero no es viable muchas veces y tampoco quizá recomendable, precisamente, para que se sepa lo que pasó.

¿Quién era Pedro Bernardo de Olmedo?

Con mucho trabajo de archivo, descubro que nació en Valladolid, se formó como carpintero ensamblador porque su familia era de ese gremio, y se puso al servicio de un fraile franciscano, Fray Gaspar de Vitoria, organero, con el que aprendió el oficio y tuvo la oportunidad de viajar por distintos puntos de Castilla porque este fraile se dedicaba a ir por los conventos de su orden construyendo instrumentos. Cuando él muere, Pedro Bernardo de Olmedo se establece en la villa con más actividad económica de esa época, Medina del Campo, monta un taller de organería y se empieza a dedicar a una actividad en la que haría unos 20 instrumentos nuevos y varias intervenciones en órganos ya construidos. Hemos logrado reconstruir el árbol genealógico y es el único de su familia que se ha dedicado a ese oficio, eso es muy curioso.

¿Cómo llega a construir ese órgano para la Colegiata?

El órgano que había entonces en la Colegiata, en torno a 1660, era gótico, de finales del siglo XV, que había donado el obispo Diego de Fonseca, y estaba en un estado en el que necesitaba renovarse, sobre todo, porque estéticamente ya estaba muy desfasado. Contratan a Pedro Bernardo porque era uno de los pocos artesanos de ese oficio que había en aquella época en la zona. Había otro, del que estoy haciendo el Trabajo Fin de Máster, José Martínez, pero se dedicó más a la zona este de Castilla, y Pedro Bernardo, más hacia el sur; como que se repartían el trabajo. Y se conocieron porque Pedro Bernardo acabó el último órgano que dejó sin terminar José Martínez. No hemos encontrado el dato que diga por qué lo contratan para la Colegiata, pero construye el mayor instrumento de su carrera, es el más grande que salió de su taller, de una calidad, por lo que se conserva y por lo que sabemos que hizo, de primer nivel.

¿Qué tenía de particular ese órgano?

Pedro Bernardo, al tener la doble vertiente de ensamblador y organero, hacía todo el proceso completo. Otros artesanos construían la máquina del órgano y contrataban la caja aparte; él era de los pocos que hacía las cajas y el instrumento dentro. Eso le permitía crear modelos, tenía dos: uno más grande, como el de la Colegiata, y otro la mitad de pequeño, con idéntica apariencia exterior.

Pedro Bernardo construyó el mayor instrumento de su carrera, de una calidad de primer nivel

Hábleme del nuevo trabajo de investigación que hace ahora...

Está en un estadio muy inicial, pero la idea es ampliar toda la visión que he plasmado en el TFG sobre Pedro Bernardo de Olmedo, que no deja de ser un estudio de caso, y llevarlo a una visión más panorámica de la organería en Castilla en esa época. He cogido cuatro organeros, que, además, tuvieron relación entre sí, y algunos de ellos, incluso, con Pedro Bernardo. Se trata de, vamos a decir, la red profesional entre ellos. Y eso es interesante porque muchas vecesse estudian estos casos como cuestiones aisladas, pero hay que darle una vuelta a esa cuestión y decir: estos señores se conocían entre ellos, sabían cómo trabajaba cada uno y sabían hasta dónde podía llegar cada uno.

Usted también toca el órgano...

Lo toco, pero no he estudiado una carrera de conservatorio, la tengo pendiente. En ocasiones, requieren que suene el órgano del pueblo y te llaman, básicamente, porque no hay organistas. Y es una pena decirlo así porque en Castilla y León hay un patrimonio organístico ingente, muy valioso y muy antiguo. El problema es que no hay gente que interprete música en esos instrumentos, y eso hace que el que esté en funcionamiento carezca de sentido. El órgano es un instrumento musical, no es un mero mueble estéticamente bonito, tiene que escucharse su sonido.

Es muy joven, pero también dirige la Rondalla. ¿Cómo surgió?

Querían retomar la actividad tras la pandemia, buscaban un director, contactaron con Casimiro García, que no estaba aquí y me lo propuso a mí. Llevamos cuatro años y hacen un trabajo maravilloso. Da mucha satisfacción porque, a veces, dicen "es que no somos músicos y nos cuesta" y digo "pero tú estás haciendo música, con lo cual, eres músico; si lo que sale de tu instrumento es música, da igual lo demás". De repente, un día llegas al ensayo y suena, y se lo notas en la cara y dices "es que lo hemos hecho", y ellos también lo dicen.

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