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Óbito

Tu rebaño te dice "hasta siempre", Javi, pastor

Una abarrotada Colegiata de Santa María la Mayor acoge la misa funeral del sacerdote Javier Prieto, en la que reinó la tristeza incontenible de centenares de personas que quisieron dar su último adiós al risueño cura que deja un gran vacío

Centenares de personas dan el último adios al sacerdote Javier Prieto. | C. T.

Centenares de personas dan el último adios al sacerdote Javier Prieto. | C. T.

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Los restos mortales del sacerdote Javier Prieto Prieto descansan ya para siempre en el cementerio de Toro por expreso deseo de su familia y gracias a la "generosidad" de las Hermanas del Amor de Dios de Toro, en cuya sepultura fue enterrado, en la tarde de este jueves, el cuerpo sin vida del recién ordenado presbítero.

La Colegiata de Santa María la Mayor, que había acogido su capilla ardiente durante toda la jornada, acogió también su funeral y se quedó pequeña para albergar a tantas personas que quisieron acercarse para dar su último adiós al que había sido su párroco, un cura bueno, un buen amigo, a pesar del poco tiempo que había pasado desde que Prieto había sido destinado en Toro.

En menos de un año, el ilusionado sacerdote supo entrar y ganarse los corazones de los toresanos con su amabilidad infatigable, su calidez humana, su entrega generosa y su perenne sonrisa, con la que ya todos lo recordarán para siempre.

El féretro del sacerdote, cubierto con la casulla, a los pies del Cristo de la Luz. | C. T.

El féretro del sacerdote, cubierto con la casulla, a los pies del Cristo de la Luz. / C. T.

En la misa de funeral, presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera, no sólo estuvieron presentes su famila diocesana, decenas de sacerdotes de la Diócesis de Zamora y su familiares biológicos; a quienes también los arroparon los representantes de las cofradías, a las que tanto entregó Prieto en tan poco tiempo y cuyas insignias lucían lazos negros en señal de duelo por la partida de su capellán; asimismo, estuvieron sus compañeros y alumnos del colegio Amor de Dios de Toro, donde el párroco impartía clases; autoridades locales y multitud de sus feligreses, en los que Javier Prieto deja un vacío del tamaño de la huella imborrable que también ha dejado su fugaz paso por la ciudad y por el ministerio sacerdotal ya que fue ordenado sacerdote el pasado febrero.

Las lágrimas y los sollozos por la tristeza fueron imposibles de contener durante la homilía y cuando la Agrupación Musical "La Mayor" entonó el himno a la Virgen de la Antigua de Fuentesaúco, aunque el momento más emotivo llegó al final del funeral, cuando el padre de Javier Prieto, Ángel, quisto tomar la palabra "desde un corazón destrozado" para dar "gracias", al primero, a su hijo, por todo lo bueno que les había enseñado y también a quienes habían sido su familia en las primeras horas de su muerte, los sacerdotes de Toro, y a todos quienes acompañaban a los familiares en la iglesia.

"Tenemos el corazón partido porque somos de Fuentesaúco y hoy están todos aquí para despedirte", pero aseguró que Prieto no dejaba de hablarles de lo "contento" que estaba en Toro "y lo que os quería a todos". "No podemos llevárnoslo porque un pastor tiene que estar con su rebaño". El féretro de Javier Prieto fue despedido entre aplausos al abandonar la iglesia, portado por sacerdotes y sus familiares más cercanos.

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