Entrevista | Lucía Arjona Escritora

"Descubrí Toro, me pareció muy bonito y dije: tiene que aparecer en mi novela"

"Nuestros padres salieron del pueblo para buscar una vida mejor y nosotros ahora queremos volver porque pensamos que es ahí donde está la vida de calidad"

La escritora Lucía Arjona, autora de «Los días raros». | Cedida

La escritora Lucía Arjona, autora de «Los días raros». | Cedida

La madrileña Lucía Arjona se ha zambullido en el mundo editorial con su primera novela, "Los días raros", que ya va por su tercera edición y cuya historia discurre en el escenario de Toro y sus calles, de donde se enamoró "por casualidad".

–¿Cómo decide ambientar su novela en Toro?

–Surgió de un modo bastante senitmental; primero, por la vinculación y el amor que tengo por esta tierra, y segundo, porque esa novela surgió como un trabajo de final de taller en una escuela de escritura creativa, mi profesora me pidió un primer bosquejo de capítulo en el que los personajes empezasen a interactuar y, más o menos, cómo me gustaría contar la historia. Acababa de fallecer unos meses antes una persona muy especial para mí, un tío de mi marido con el que creé un vínculo muy bonito, casi de abuelo y nieta, y me surgió esta historia. Él inspiró el personaje secundario de Damián, que tiene bastante peso en la novela y, si iba a ser un homenaje, tenía que estar inspirado en su pueblo. La familia paterna de mi marido es de San Esteban del Molar y, cuando empecé a visitar la zona, me enamoré de ella y me considero zamorana de corazón. Cuando le entregué el capítulo a mi profesora, me dijo que tenía que continuarlo porque tenía muy buena pinta y se ofreció a acompañarme en el camino como mentora, yo escribía relatos cortos y era la primera vez que escribía novela.

–¿Qué vinculación tiene con Toro?

–Totalmente accidental. Viculado a la bodega Liberalia y a los vinos de Toro, que son maravillosos. Establecimos una amistad especial con Juan Antonio y Bea, los dueños de Liberalia, y les pedí permiso para crear unos personajes inspirados en ellos.

–¿Qué lugares de Toro aparecen en la novela?

–El hotel Juan II, donde se instala Nadia en su primera visita, el paseo de El Espolón, el puente romano, la Colegiata, la plaza Mayor, algunos restaurantes, el Arco del Reloj,...

–Cuando describe la novela, habla de la "magia" de Toro, ¿cuál es esa magia?

–Me parece una ciudad mágica. Su historia, su puente romano, las calles de corte medieval,... Lo conocía porque a mi marido y a mí nos gusta el buen comer y el buen beber, conocía Liberalia y, cuando fuimos a visitar la bodega, de repente, descubrí Toro y me pareció un sitio muy bonito y dije: tiene que aparecer.

Todos los escenarios que tiene, tanto enológicos como gastronómicos; a lo largo de la ciudad puedes encontrar vinos maravillosos. En invierno, en verano,... como hemos ido tantas veces, quería ir no sólo de modo egoísta porque nos gusta, quería mostrar la evolución de los campos, de la tierra, de la ciudad, de la vida. Me parece mágica. Simplemente, pasear y tomarte un vino por la plaza Mayor es maravilloso. Es una ciudad que tiene muchísimo que ofrecer y que hay que descubrirla.

–¿Se documentó de alguna forma especial sobre la ciudad?

–Con libreta de campo. En esas visitas, hice mi visita guiada a la Colegiata, a bodegas, he callejeado y anotado mucho, he fotografiado mucho y, sobre todo, he intentado trasladar las sensaciones que tengo. En la novela, Bosco sí conoce Toro, pero Nadia, no, y quería que esas sensaciones que yo sentía cuando yo visitaba la ciudad fueran las msimas que pudiese transmitir para el lector y creo que están causando efecto, por lo que me están diciendo. Una de las libreras me comentaba que le llamaba muchísmo la atención que, sin ser de la zona, haya trasladado de un modo tan palpable lo que es ser zamorano; incluso, con la manera de hablar, cómo le transmiten a Nadia Bosco y Damián lo que están viendo enToro. Y eso me llegó al corazón porque era algo que me preocupaba porque, cuando estás creando personajes que son de una zona ajena a la tuya, quieres que sean verosímiles. Eso me da una calma y una satisfacción tremendas.

–Toro es el escenario donde se conocen y enamoran los protagonistas, ¿cree que también es idóneo para forjar relaciones de amor o amistad en la vida real?

Sí, por supuesto. Creo que es una ciudad superromántica, tiene una magia especial. A poco que tengas un poquito de sensibilidad en cuanto al arte y la Historia, es mágica.

–¿Qué se pueden encontrar los lectores en la novela?

–Tiene una trama principal, que es la historia de estos dos personajes, pero quise añadirle una subtrama de suspense que tiene un peso bastante importante. Y también he querido tratar temas como la superación del maltrato psicológico en la mujer, de divorcios dolorosos, de las segundas oportunidades, de darle una vuelta a tu vida, decidirte a romper con todo y volver a empezar. Y llamar la atención sobre la España vaciada y la población que está en los pueblos, tristmente, solos y no tiene los recursos que podría tener en la ciudad. Quería trasladar qué bonito sería que estas presonas ancianas, aparte de tener esa ayuda en sus domicilios, que en su entorno tengan ese espacio para echar la partida de cartas con los amigos o que no tengan que irse a kilómetros si necesitan una medicina.

–¿Cree que a los toresanos les resultará especial?

–Ya me ha pasado co una amiga muy íntima de Bea, de Liberalia, que fue la primera lectora que pidió el libro y se lo leyó en dos días. Me decía que qué alegría ver su ciudad representada en una novela.

En la presentación que hice, veía a la gente con ganas de leerlo. A Bea le hace mucha gracia verse físicamente reflejada en el personaje de Violeta y me dice que cómo he mostrado a su padre en el personaje de Juan le enternece mucho. Me gusta trabajar bien los personajes para poder escribir y que sólo les falte casi respirar cuando lo lees, y me llena mucho el corazón cuando la gente me dice que ya no quería soltarlos y que los va a echar de menos. Eso es muy bonito.

–¿Y cree que aquellos que la lean y no conozcan Toro querrán visitar la ciudad?

–Ya me ha pasado con lectores de muchas partes del mundo que han empezado a leer la novela y me ponen un mensaje, diciéndome que están organizando con su pareja un fin de semana para conocer los escenarios. Es algo que quería hacer porque creo que Zamora es la gran olvidada, entre comillas, en cuestiones de turismo y tiene mucho que ofrecer, tiene Semana Santa y otras fiestas, pero hay ciertas partes que están más olvidadas. Y Toro es una joya que muy poca gente conoce de verdad y ha ido a visitar, pero no todo lo que tiene que ofrecer.

Me llevé hace años, por trabajo, a 120 ejecutivos a Zamora y los llevé a hacer la visita a Toro y quedaron encantados, vimos la Colegiata, las bodegas subterráneas,... y estuvimos comiendo en Divina Proporción y salieron encantados. Si ya sé que con esa visita, han ido volviendo, con esta novela me está ocurriendo lo mismo.

–El mayor deseo de uno de los protagonistas, Bosco, es volver a sus orígenes. ¿Refleja un poco esa necesidad del regreso al entorno rural que va tomando fuerza para muchas personas?

–Sí. Incluso, mi marido y yo estamos en ese proceso. Es algo que anhelamos, tenemos un piso en Benavente y nos encantaría poder dar ese salto. Con mi trabajo actual, puedo hacerlo porque puedo combinar el teletrabajo con el presencialismo y, cuanto más lo hablamos con la gente de nuestra generación, más nos encontramos con esa misma respuesta: que mucha gente quiere volver a ese entorno, a esa vida más traquila. Y también me parece precioso que nuestros padres salieron del puebo para buscarse una vida mejor y nosotros ahora queremos volver a esos pueblos porque pensamos que ahí es donde está la vida de calidad.

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