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Toro recuerda en sus fiestas a un "genio y figura", José Luis de la Parra

José Luis, Álvaro y Javier de la Parra rinden un homenaje a su padre con un emotivo pregón, en el que recordaron anécdotas y sus "lecciones de vida"

José Luis de la Parra lee el pregón arropado por sus hermanos, el alcalde y los presentadores del acto M. J. C.

“Genio y figura” es el título del pasodoble que el músico, David Rivas, compuso para rendir un homenaje al fotógrafo toresano, José Luis de la Parra, fallecido en 2005 en un accidente de tráfico, en el que también perdió la vida el ex alcalde de Toro, Agustín Asensio.

A pesar del tiempo transcurrido, el recuerdo del fotógrafo toresano sigue muy presente en la ciudad y, por fin, ha recibido un emotivo homenaje de sus hijos, José Luis, Álvaro y Javier, durante un inolvidable y emotivo pregón con el que han sido inauguradas oficialmente las fiestas de San Agustín.

Tras agradecer al alcalde y a la concejala de Fiestas, Tomás del Bien y Sara Pérez, su elección como pregoneros y el trabajo realizado para convertir a Toro en un referente cultural, José Luis, que fue el encargado de leer el discurso, hizo extensivo el homenaje a su padre a Agustín Asensio, “uno de los mejores alcaldes que ha tenido la ciudad”, además de un hombre “honesto, servicial y siempre dispuesto a escuchar” que convirtió a Toro en “un lugar mejor y más amable para la convivencia”.

Álvaro, Javier y José Luis de la Parra muestran los obsequios entregados por el alcalde M. J. C.

Los pregoneros también recordaron a las personas que han padecido y luchado contra los incendios que “han asolado nuestra tierra” y dedicaron unas emotivas palabras a su madre, Pili, “capitana del barco de esta familia”.

Acto seguido, reconocieron que desde pequeños su padre les inculcó el amor a la cultura, “que para él era parte esencial de la vida”, además de “un sinónimo de desarrollo y libertad”. De la Parra también transmitió a sus hijos “el amor por Toro, su universo particular”, del que siempre tuvo “certeza” de sus posibilidades, tales como el turismo, el patrimonio, la hospitalidad de los toresanos y, por supuesto, el vino.

“Cuantos pueblos quisieran disponer del capital cultural que nosotros tenemos” aseguraba De la Parra con insistencia, tal y como recordó su hijo mayor en el pregón. Con el paso del tiempo, José Luis, Álvaro y Javier se han dado cuenta del significado de las sabias palabras de su padre y “de la suerte que tuvimos de crecer en Toro, de vivir en primera persona las ventajas que ofrecía en esos años de infancia”, aunque también han comprobado que “vivir en un pueblo no tenía que ser sinónimo de hastío, resignación o pereza”.

De su padre recordaron que “la inquietud, las buenas dinámicas y la inventiva formaban parte de su día a día”, y se involucraba en nuevos proyectos. De hecho, fue uno de los dinamizadores de la peña flamenca o uno de los fundadores de la Sociedad Micológica, aunque también impulsó la Fiesta de la Vendimia, consciente de que una ciudad con un potencial vitivinícola como Toro necesitaba su propia celebración.

Los pregoneros de las fiestas también destacaron el afán de su padre por inculcarles su amor por la música, empeño en el que no obtuvo el éxito esperado, a pesar de que De la Parra sí desarrolló esa habilidad y llegó a ser uno de los miembros del grupo “Los Chelines”, con el que tocó en varias ciudades y programas de medios de comunicación.

Los pregoneros se mostraron convencidos de que su padre hubiera disfrutado con el éxito de David Rivas, “nos imaginamos conversaciones interminables en torno a la música, planteando proyectos, quizás imposibles, pero cargados de entusiasmo” y agradecieron al compositor “uno de los regalos más bonitos que hemos recibido estos años”, en alusión al pasodoble “Genio y figura”, que De la Parra “hubiera disfrutado a rabiar”.

El público sigue con atención el discurso inaugural de las fiestas de Toro M. J. C.

Al margen de su espíritu emprendedor, como relató uno de sus hijos, la mayor virtud de De la Parra la desarrolló “a los mandos de la cámara”, a pesar de que su “talento y destreza eran directamente proporcionales a su despiste y desorden”.

A renglón seguido, su hijo mayor evocó los sábados e la tienda de su padre y las visitas de clientes en busca de sus “ansiadas fotografías” y, “aunque no todos se las llevaban, casi todos salían contentos con alguna cámara o carrete bajo el brazo para paliar la espera”.

De la Parra, como detalló, comenzó muy joven en el mundo de la fotografía y, con solo 13 años, recorría en bicicleta los pueblos cercanos a Toro para fotografiar a sus gentes.

Al margen de otras muchas, una de las virtudes del fotógrafo era la de “entusiasmarse con las cosas”. “Tan pronto aparecía en casa con una colección de relojes de bolsillo, como cargado de pinturas, plumas, cromos, pizarrines o plumines que, tras una ardua negociación, rescataba de la tienda de Petra Pelayo y que todas las noches escrutaba en el salón de casa, al abrigo de una copita de coñac”.

De la citada tienda, el fotógrafo rescató objetos curiosos como “una caja con placas que representaban a un Franco afeminado” con las que, junto a unos amigos, obsequió a personas con acreditados méritos en el “antifranquismo activo”.

Con cariño, sus hijos evocaron la innata habilidad de su padre de “liar a la gente” y una anécdota relacionada con una becerrada benéfica en la que implicó a Federico, “un amigo de unos amigos” que se había desplazado a Toro para conocer sus encantos y que acabó en la enfermería de la plaza de toros.

De la mano de su padre, los pregoneros conocieron al tamborilero Celestino o al alfarero Félix, personas que con destreza desempeñaban oficios, hoy casi desaparecidos, aunque también descubrieron el convento del Sancti Spíritus.

No obstante la principal lección que De la Parra inculcó a sus tres hijos fue “disfrutar y vivir”, aunque también han heredado una de sus pasiones, “compartir con amigos divertidas jornadas por nuestra querida plaza”, en torno al vino, tapas y entretenidas conversaciones.

Capítulo aparte en la colección de recuerdos merece el rodaje en Toro de la película “Paraísos perdidos”, ya que De la Parra no tardó en entablar una relación con el director, Basilio Martín Patino, con los actores, Alfredo Landa y Charo López, y otros miembros del equipo.

Pregoneros, autoridades e invitados durante el pregón de San Agustín M. J. C.

Tras relatar otras anécdotas de la vida del fotógrafo, los pregoneros reconocieron que “la vida en el pueblo da para mucho”, máxime en tiempos tan complejos como los actuales, en los que “grandes ciudades se están convirtiendo en un lugares difíciles de habitar” y, aunque “salir del pueblo sigue siendo una opción”, otra es quedarse, mientras que “volver algún día, es una necesidad”.

José Luis, Álvaro y Javier cerraron su emotivo discurso con un poema que Juan Manuel Calvo dedicó a su padre y que incluyó en el libro “La luz que acompaña al vino”.

La Banda La Lira se sumó al homenaje de los pregoneros a su padre, para el que grabó el pasodoble “Genio y figura”, acordes que sonaron durante el acto inaugural de las fiestas y que sirvieron para evocar el recuerdo de un hombre inolvidable y de un toresano de pura cepa.

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