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La Opinión de Zamora

"Gildo", el alma del campo toresano

Hermenegildo García de Tiedra cumple cien años entre recuerdos de su trabajo como agricultor o la tradición familiar de elaborar vino

Hermenegildo García de Tiedra posa en el recibidor de la Casa de la Nunciatura en Toro M. J. C.

Hermenegildo García de Tiedra, más conocido en Toro como “Gildo”, ha cumplido recientemente un siglo de vida y, al mirar al pasado, recuerda con emoción su trabajo como agricultor, la tradición familiar de elaborar vino o el tiempo que ha dedicado a cultivar otras aficiones como la arqueología o la lectura.

Aprendió a escribir y a leer “muy pronto” con los Padres Escolapios y destacó entre alumnos de su edad por su mayor inteligencia e inagotable curiosidad, cualidades por las que el “rector” del colegio recomendó a sus padres que cursara estudios superiores.

Sin embargo, con tan solo siete años tuvo que acompañar a su padre al campo porque, por sus problemas de salud, “tenía que ayudarle a subir y bajar del burro”, aunque también le escoltaba en la bodega de la familia, para vigilar que no sufriera ningún accidente.

"Con siete años tenía que ayudar a mi padre a subir y bajar del burro"

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García de Tiedra tuvo que renunciar a seguir estudiando para dedicarse a la agricultura, un sector en el que trabajaban sus padres, que tenían arrendadas unas tierras en Tagarabuena y que cultivaban otras en el pago de “Las Josas”.

En aquella época, como recuerda, la producción de fruta era el sustento principal de su familia, que cultivaba cermeños, peras, cerezas o guindas, variedades que se caracterizaban por su “gran calidad” y de las que algunas eran típicas de Toro.

La tradición familiar de elaborar vino también ha marcado la vida del centenario toresano y, con especial cariño, rememora los tiempos en los que en su bodega se colocaba en el exterior una bandera que indicaba que la nueva cosecha estaba lista y vecinos de los barrios más alejados como Santa Catalina se acercaban a comprar sus licores que gozaban de un gran prestigio.

Por aquellos años, el proceso de elaboración se basaba en dejar la “madre” a la que se añadía vino y, el primero que se obtenía, era “de buena graduación, pero áspero”.

Muchos toresanos se dedicaban entonces a elaborar vino para consumo familiar, porque los “buenos” se exportaban y salían fuera de la ciudad.

García de Tiedra lee una publicación relacionada con el sector agrícola M. J. C.

Su estrecho contacto con el sector agrícola también llevó a “Gildo” a convertirse en uno de los fundadores de la organización agraria COAG de la que, en Toro, era la “cabeza”, aunque previamente participó en otros “movimientos profesionales a nivel de Madrid” y viajó a Francia o Alemania para conocer cómo funcionaban en ambos países los sindicatos agrarios, con el objetivo de “imitarlos en lo que fuera posible” para impulsarlos en España y defender a los agricultores.

García de Tiedra pertenece a una familia apodada en Toro como “Hambrina”, sobrenombre que procede de un hermano de su abuelo que “dejó de comer porque estaba inapetente y decía que tenía hambrina, un hambre pequeña”.

Desde entonces, la familia es conocida por tan peculiar apodo, aunque la vida del centenario también ha estado marcada por otro legado familiar, la “Casa de La Nunciatura”, enclavada en la calle Tablarredonda, en la que reside en la actualidad, y que es uno de los edificios civiles más destacados del patrimonio toresano.

El promotor de la construcción de la casa fue el obispo Alonso Manso, el primer obispo de Puerto Rico. Según documentos antiguos que conserva García de Tiedra, el estilo arquitectónico de la “Casa de La Nunciatura”, así como los escudos de su fachada se corresponde con “la época, oficio y preminencias del obispo Manso” que fue el “edificador y primer propietario” de la vivienda, que fue construida entre los años 1515 y 1519.

La "Casa de La Nunciatura” ha pertenecido desde su construcción a la saga familiar de García de Tiedra en la que, como matiza, “al menos ha habido dos obispos”, aunque no comparte con sus antepasados su fervor religioso y se define como “un creyente racional, pero nada más”.

La “Casa de La Nunciatura”, conserva una antigua bodega en la que García Tiedra ha podido experimentar con el vino y que ha mostrado con orgullo a todas aquellas personas interesadas en conocer su afición y su técnica.

El centenario toresano posa en la fachada principal de la "Casa de la Nunciatura" M. J. C.

El vino es una de sus grandes pasiones, al igual que la lectura en la que se inició en la escuela, aunque posteriormente su curiosidad por la cultura castellana y sus orígenes le llevaron a explorar su relación con el latín o el griego.

Entre sus obras favoritas destacan grandes clásicos como “La Ilíada” o “La Odisea”, lecturas que ha combinado con la de publicaciones relacionadas con el sector agrícola.

“Aprendí muy pronto y ya nunca dejé de leer”, asegura García de Tiedra, quien se siente un afortunado, porque en otras épocas los agricultores no tenían la oportunidad de formarse.

Sus inquietudes culturales le llevaron también a aprender inglés y contactó con un nativo para ampliar su vocabulario, con quien convivió durante un mes en la “Casa de la Nunciatura” y que resultó ser el hijo de un Lord, título nobiliario del Reino Unido.

A sus cien años recién cumplidos, García de Tiedra solo le pide a la vida salud y poder seguir disfrutando de aficiones como la lectura.

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