El enoturismo ha despegado tras la pandemia, una opción turística alejada de las masificaciones que la comarca de Toro ha sabido aprovechar.

El vino es mucho más que la mera producción, y así lo confirma la localidad zamorana que desde 2019 pertenece a las rutas oficiales españolas y que cuenta con una atmósfera cultural en torno al vino.

La recuperación ha sido global en las 32 rutas vitivinícolas en España, según indica el informe de la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin) que deja en “datos muy positivos” la mejora de este verano respecto al año pasado.

“La actividad se ha llegado a triplicar”, confirma Judith Fernández, responsable de la gerencia de la Ruta del Vino de Toro, sobre los primeros resultados de muchas de las bodegas toresanas, un primer adelanto de cifras antes del cierre del ejercicio. En total, estiman que Toro haya aumentado hasta en un 60% su turismo enológico durante este verano respecto a 2020, cuando la ciudad cogió 18.758 visitantes amantes del vino. Esta recuperación ha llegado tras el verano de 2020, profundamente dañado por la pandemia, cuando la Ruta del Vino de Toro encajó una caída del 47,7% respecto a 2019, números que afortunadamente no se han repetido.

El perfil de quienes buscan la Tinta de Toro se corresponde con parejas o grupos de amigos principalmente, relata Fernández, que destaca que suelen pasar entre una y dos noches en la localidad, en su mayoría, procedentes de Madrid, Bilbao y San Sebastián. También destaca el público procedente de localidades cercanas como Salamanca, Valladolid o Zamora que se acercan a pasar el día.

Las bodegas han percibido el aumento postpandémico “en general todas las bodegas de la Ruta del Vino de Toro arrojan cifras optimistas y positivas”, confirma Fernández sobre las primeras aproximaciones tras el cierre de la temporada. El enoturismo se descubre como “una alternativa de ocio diferente”, un motor cada vez más importante en Toro.