11 de junio de 2018
11.06.2018

La siembra de remolacha cae a las 7.000 hectáreas por las precipitaciones

Las lluvias retrasan la sementera y obligan a los agricultores de raíz a apostar por otros cultivos

14.06.2018 | 00:05
Una plantación de remolacha.

Si algo está claro es que nunca llueve a gusto de todos. Hace ni medio año la ausencia de lluvias imbuía de pesimismo a los agricultores, resignados ante lo que se preveía como una de las peores campañas en décadas. Ahora, tras las intensas lluvias de los últimos meses, los labradores afrontan con positivismo la temporada e incluso, algunos, se muestran preocupados por el exceso de agua. Y es que, aunque el balance es eminentemente positivo, las tardías lluvias también han propiciado ligeros reveses al campo toresano.

Sin duda, los primeros afectados por estas consecuencias fueron los cultivadores de remolacha azucarera. Las precipitaciones sin descanso de marzo y abril retrasaron en exceso la sementera de la raíz. Lo que devino en una menor apuesta por la remolacha azucarera, ante la imposibilidad de sembrar, y un cambio hacía otros cultivos como el maíz o el girasol.

Según los cálculos estimados por Fernando García, responsable de Coag en el sector remolachero de la zona, se han destinado casi 1.000 hectáreas menos en Toro a este cultivo. De forma que la siembra general en la comarca ha sido de 7.000 hectáreas. Esto redundará de forma directa en la producción final, ya sea por el menor número de parcelas cultivadas o por cosechas que no han completado su ciclo de maduración como consecuencia de una sementera tardía.

En el caso de los regantes de los canales, las lluvias de los últimos meses han supuesto el milagro que todos ellos esperaban. No obstante, algunas de las precipitaciones han llegado tarde para los cultivos de secano, que este año ocupan prácticamente el 40% de las parcelas dedicadas al regadío, puesto que muchos agricultores apostaron por estas plantaciones como seguro ante otra posible campaña protagonizada por la sequía. En consecuencia, Pedro Pablo Ballesteros, presidente del canal Toro-Zamora, afirma que "las precipitaciones no han sido generalizadas, concentrándose solo en algunos puntos e impidiendo que algunas parcelas de trigo hayan podido granar de forma adecuada". Sin embargo, Ballesteros se muestra contento por el vuelco dado por la situación durante los últimos meses y afronta con positivismo la presente campaña: "en febrero nunca pensamos que pudiésemos salvar tan bien la temporada".

Por último, son los viticultores los más preocupados por la situación actual. La lluvia es vida, sí, pero también para los hongos que proliferan en estas circunstancias de humedad y temperaturas óptimas, que es inevitable que aparezcan con la llegada del solsticio de estío. El mildiu y el oídio son los principales enemigos fúngicos a los que se tendrán que enfrentar los cultivadores de vides en Toro. Dadas las circunstancias el primer hongo contra el que se deberá luchar es el mildiu, que aparece con elevada humedad relativa (75-80%) y temperaturas benignas entre los 16 y 22 grados. Por el momento no parece que hayan hecho acto de presencia las manchas amarillas en las hojas de la vid que caracterizan a este hongo, pero eso no significa que la enfermedad no haya penetrado en la planta ya.

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