03 de marzo de 2018
03.03.2018

Muere Jesús López Cobos | El día que un hombre cumplió su sueño

Antonio Moral, que llevó las riendas del Teatro Real junto al toresano, rememora la fecha en que López Cobos dirigió las nueve sinfonías de Beethoven en el Auditorio Nacional

04.03.2018 | 04:44

22 de junio de 2013. En el Auditorio Nacional hay un hombre feliz. Es un director de música que acaba de cumplir su sueño. «Antonio, me has hecho uno de los mayores regalos de mi vida». Son palabras de un exhausto Jesús López Cobos, después de interpretar las nueve sinfonías de Beethoven en un solo día. Y a pesar del cansancio y de ser las tantas de la madrugada, el toresano se confiesa aún entero: «Tengo tanta energía que lo haría otra vez».

Antonio es Antonio Moral, actual director del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), que entonces invitó a su amigo a protagonizar aquel maratón inolvidable. Hace solo unas cuantas semanas, a finales de enero, López Cobos dejó de responder a los mensajes de WhatsApp que Moral le enviaba desde España. «Pocos días después me enteré de que Jesús estaba muy enfermo, el cáncer era ya una situación terminal», confiesa Moral. «Lo siento enormemente por su mujer y también por todos los que hemos compartido tantas vivencias con él», se sincera.


Una mala noticia, sí. Sobre todo para los amantes de la música, para los melómanos. Como el responsable de la prestigiosa revista especializada Scherzo. «Corrían los años ochenta y yo me estaba iniciando como oyente en vivo de la música clásica y Jesús López Cobos dirigía muchos de aquellos primeros conciertos al frente de la Orquesta Nacional en el Teatro Real». Juan Lucas es categórico en su afirmación. El toresano ha sido «el mejor director de orquesta español del siglo XX junto a Ataulfo Argenta y a Rafael Frühbeck de Burgos, una figura respetadísima, un director muy sólido, de gran refinamiento y lirismo». Un músico español pionero cuya trayectoria profesional se quedó a un solo paso de los grandes: Ricardo Muti, Von Karajan o Carlos Kleiber.

Quien se acerque al currículo del exdirector de la Orquesta de Berlín se sentirá abrumado. Cuenta Pablo L. Rodríguez, experto y crítico zamorano, que la familia fue la cuna musical de López Cobos. «A su padre le gustaba mucho Wagner y su madre era una enamorada de la zarzuela». Sin embargo, un joven Jesús fue «obligado» a cursar una carrera universitaria, Filosofía y Letras, para ganarse el derecho a ser músico. «Y aquello condicionaría su carrera», opina Rodríguez.

Se formó y emigró. En España no había medios para su talento. «Viena, Siena, Nueva York... Donde peor lo trataron fue en España», explica el experto sin ambages. «No en Toro, donde fue querido y reconocido», precisa. «Que López Cobos haya muerto en Berlín y que haya expresado su mayor talento fuera de nuestro país no habla mal de él, sino de nuestras políticas culturales». Esta es una de las reflexiones que se le ocurren a la intérprete y musicóloga zamorana Elisa Rapado tras repasar algunos datos biográficos del maestro.

No lo tuvo fácil, sin embargo. En 1968 debutó en Praga en uno de los festivales más importantes del mundo. Le siguió Venecia y, a continuación, una larga etapa al frente de la Orquesta Sinfónica de Berlín (1981-1990), en aquella época previa a la caída del Muro en la que convivió con colegas de profesión de la talla de Herbert von Karajan. Eran tiempos en los que «no había una formación en idiomas y Jesús tuvo que lidiar duramente con el alemán», añade Pablo L. Rodríguez.

Antonio Moral conoció a López Cobos en los años ochenta, etapa clave de su carrera. «Le hice una entrevista para Scherzo y ahí comenzó nuestra amistad. Fue 19 años director de la Ópera de Berlín y no había interpretado ninguna ópera en España. Decía que aquí era muy difícil, que no había ningún teatro estable. En el año 2000, cuando yo era director del Festival de Ópera de La Coruña, lo invité a venir para romper aquella tendencia», recuerda Moral. López Cobos nunca olvidaría el gesto y en 2005, dos años después de que el toresano asumiera la dirección del Teatro Real, fue uno de los padrinos del nombramiento de Moral como director artístico del coliseo madrileño. Nació una sociedad reconocida por todos. «Fueron cinco años trabajando codo con codo y nunca hubo diferencias importantes entre nosotros. Tenía a mi lado a un gran músico, de un bagaje impresionante, riguroso, pero de trato fácil gracias a su "savoir faire", que dicen los franceses», confiesa Moral. «López Cobos y Moral consolidaron el prestigio del Teatro Real con unas programaciones extraordinarias, un esfuerzo que cimentó el prestigio actual de la orquesta y el coro del Teatro Real», añade Juan Lucas.

Y es en los pequeños detalles donde abruma la persona de López Cobos. «En Berlín cogió mucho oficio como director de ópera. Solía decir que para ser un buen director, había que dirigir mucha ópera», cita el zamorano Pablo L. Rodríguez. La dinámica de la sala le obligaba a dirigir prácticamente sin ensayar. «Me decía que lo que había aprendido de joven no se le había olvidado. Lo llamaban a última hora para sustituir a un director y coordinaba a los intérpretes en la ópera Tosca sin abrir la partitura. "Es increíble cómo me vienen", me decía», extrae de la memoria Antonio Moral. «Fue una persona talentosa muy consciente de su valía. Nació en un entorno muy modesto y llegó a lo más alto, y eso anima a cualquiera, especialmente a la gente de esta provincia, donde no sobran las oportunidades», reflexiona Elisa Rapado.

De López Cobos quedan, afortunadamente, sus interpretaciones y una extensa discografía, aunque «la mayor parte de las grabaciones están recogidas del directo porque no le gustaba meterse en un estudio», precisa Juan Lucas, actual director de Scherzo. Pero, ¿cuáles eran sus gustos? «A mí me atrae especialmente la ópera Lucía que grabó con Montserrat Caballé y José Carreras. A él le gustaba mucho Tristán e Isolda y decía que no quería morirse sin interpretarla. Y es conocida su predilección por Così Fan Tutte, la obra de Mozart», enumera Pablo L. Rodríguez.

Pero no era mediático, como otros directores. «Era reconocido y desconocido al mismo tiempo. No le iba el mostrarse, era un hombre serio, implicado y delicado. No pretendía dárselas de nada», puntualiza Rodríguez. Quizá porque Jesús nunca pensó que él era el protagonista. Los galones se los dejó a la música, a pesar de que su trayectoria abruma a cualquiera que quiera aproximarse a su recorrido vital.

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