Sin duda uno de los actos más singulares de la Pasión de Toro es la bendición de los conqueros, un rito ancestral que la ciudad revivió ayer sumida en un profundo respeto. Ante la impresionante imagen de Nuestro Padre Jesús se celebró, en el atrio de la iglesia-museo de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, esta peculiar bendición en la que cuatro hermanos de la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla de túnica negra asumen, de forma voluntaria, la ardua tarea de solicitar, a toresanos y visitantes, donativos para la hermandad. El numeroso público que se congregó en las inmediaciones de la iglesia-museo guardó silencio cuando, a las doce del mediodía, comenzó este emotivo acto, especialmente para los cuatro conqueros y para los abades en ejercicio.

El gemido de la trompeta, al que respondió el lastimero desde el interior de la iglesia marcó el inicio de la bendición de los cuatro hermanos que, con gesto serio, se arrodillaron ante la imagen de Nuestro Padre Jesús para escuchar con atención las indicaciones de los abades e iniciar, en silencio, su peregrinaje por las históricas calles de Toro y cumplir con la tradición de recoger dádivas para sufragar los gastos de la hermandad.

Los abades en ejercicio fueron los encargados de alentar a los cuatro conqueros, también conocidos como "cagalentejas", en su complicado cometido, aunque también agradecieron a los cuatro hermanos haberse ofrecido como silenciosos postulantes para mantener viva una de las tradiciones más arraigadas de la Pasión toresana.

Tras arrodillarse ante la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús, los escribanos ayudaron a los cuatro conqueros a bajarse el caperuz para guardar su anonimato, tras realizar el juramento de silencio. Los escribanos, siguiendo las indicaciones del grupo de abades en ejercicio, también entregaron a los conqueros las insignias que, durante todo el día, utilizaron para golpear el suelo y reclamar la atención de todos aquellos a los que solicitaron un donativo. En última instancia, los escribanos entregaron a los postulantes las concas para recoger el dinero, un recipiente de madera utilizado en la antigüedad para probar el vino. Una vez finalizada la bendición, los cuatro hermanos conqueros iniciaron su largo peregrinaje por las calles de la ciudad para recoger los donativos de los toresanos y visitantes.