De otro lado, Castro destacó que la poda de invierno consiste en suprimir, total o parcialmente, ciertos órganos de la vid, principalmente pámpanos y sarmientos. En este punto, subrayó que la poda que hasta marzo realizarán los viticultores reduce la carga o producción de la cepa y el tamaño del sistema vegetativo y "altera el equilibrio entre esos dos parámetros para compensarlos". El director técnico del Consejo Regulador también resaltó algunas de las razones que obligan a podar la viña, tales como la alargar la vida de la vid, asegurar la cosecha de uva "de un año para otro" o maximizar los efectos de la fotosíntesis, en función del sistema de conducción, "con el fin de obtener una uva más equilibrada".

Del mismo modo, Castro resaltó que los viticultores realizan estas labores de poda para modificar la forma de la planta, ya que si se permite que las cepas crezcan libremente "como trepadoras", no son manejables. Así, los viticultores aprovecharán estos trabajos de poda para dar forma a la viña y "ajustarla a espalderas para que los pasillos entre filas sean accesibles a personas y a maquinaria" para su recolección durante la campaña de vendimia. En el caso de las vides en espaldera, un viticultor puede llegar a podar entre 500 y 600 cepas diarias, mientras que en el caso de las plantaciones en vaso, se puede extender a una cantidad que oscila entre 200 y 300 cepas.