La Audiencia de Alicante ha sentado en el banquillo este martes a un hombre acusado de robar y violar a la dueña de un bar de Monóvar (Alicante) para quitarle el dinero que llevaba en ese momento al banco. Restos de ADN en un vaso de agua fue la prueba que llevó a la Guardia Civil hacia el acusado, un camerunés con antecedentes por otros robos, y que pudo ser detenido dos años después de los hechos. El juicio ha quedado visto para sentencia en la Sección Décima, donde la Fiscalía reclamaba la pena de 17 años de prisión por los delitos de robo con violencia y de agresión sexual.

Durante la vista oral, la víctima se ha mantenido en todos los extremos de su denuncia: que el 15 de febrero de 2016, el acusado la abordó cuchillo en mano para quitarle el dinero y después la violó. Mientras que el procesado, no solo negó los hechos, sino que aseguró que su ADN apareció en la vivienda porque había tenido una relación sentimental con la mujer. Una afirmación que la víctima rechazó de manera categórica. No lo había visto nunca hasta entonces.

Los hechos ocurrieron el 15 de febrero de 2016. La víctima se disponía a llevar al banco la recaudación del bar y un dinero que había percibido de una indemnización por un accidente de tráfico. En total, 75.000 euros. Un hombre la amenazó poniéndole un cuchillo en el cuello y la obligó a subirse a un coche, con el que se dirigieron al garaje del domicilio de la propia víctima. La mujer declaró que le había sorprendido que su asaltante conociera su dirección, por lo que sospecha que antes del atraco, había estado siguiéndola durante varios días. También conocía los nombres de sus familiares y dónde vivían, llegando a amenazar con hacerles daño si denunciaba los hechos. Una vez en la vivienda, no solo le arrebató los 75.000 euros, sino que también la agredió sexualmente. Antes de irse, le pidió un vaso de agua. El ADN que el procesado dejó en ese vaso fue la pista que condujo a la Guardia Civil hasta él.

Una versión desmentida por la víctima

El procesado declaró en el juicio que su ADN estaba en ese vaso porque había tenido una relación sentimental con la mujer, una versión desmentida por la propia víctima y a la que ni la Guardia Civil, ni la Fiscalía han dado credibilidad alguna. Uno de los agentes de la Benemérita que ha declarado en el juicio señaló que en aquellos días en la población de Monóvar solo había tres personas de color (el acusado es de nacionalidad camerunesa), por lo que si uno de ellos hubiera tenido relación sentimental con la víctima, ellos lo hubieran sabido. La víctima aseguró que nunca había visto al acusado hasta los días previos al asalto. El hombre habría estado unos días antes en el bar como cliente y fue en ese momento donde éste habría escuchado una conversación entre la víctima y un amigo, en la que ella le habló del dinero de la indemnización que tenía guardado en su casa.

La mujer tardó un mes en denunciar los hechos y, en un primer momento, no dijo nada sobre la agresión sexual, pensando que ni la iban a creer, ni que los agentes fueran a dar con su agresor. Pero una vez que la Guardia Civil estuvo en la vivienda, recordó que su agresor había bebido agua de un vaso. El ADN recogido de la escena quedó almacenado en las bases de datos policiales, hasta que dos años después se encontró con que había coincidencia con el perfil genético de un hombre que se encontraba encarcelado en una prisión de Murcia por unos hechos delictivos ocurridos en Yecla y que contaba con numerosos antecedentes por robo. Por estos hechos, no llegó a ingresar en prisión, porque ya estaba encarcelado y este miércoles se ha presentado al juicio en libertad.

La Fiscalía le reclama una pena de 13 años de prisión por la agresión sexual, así como otros cuatro años más por un delito de robo con violencia.