14 de septiembre de 2019
14.09.2019
Temporal

"No he podido dormir, no me queda nada"

Vecinos de Ontinyent es muestran desolados tras perderlo todo por culpa de las lluvias torrenciales

14.09.2019 | 09:14
Graves daños en Ontinyent

Conchi espera con resignación en la calle, cargada con dos bolsas, mientras su marido explora por última vez el interior de una casa que ninguno de los dos reconoce ya. El panorama ahí dentro es desolador. Las montañas de fango y escombros lo colapsan todo y dificultan el recorrido por las estancias. El desbordamiento del río Clariano ha vaciado de vida el barrio de Cantereria, en Ontinyent, y lo ha transformado en el decorado de una película de terror.

Un auténtico lodazal repleto de viviendas con las puertas destrozadas, muros derrumbados, electrodomésticos vueltos del revés y habitaciones ennegrecidas. Todo está patas arriba. «Han caído paredes y parte del techo y no ha quedado ningún mueble en pie. Nada se ha salvado. El agua inundó toda la planta baja», relata Conchi antes de enfilar el camino de regreso a casa de su hija, donde se aloja el matrimonio temporalmente hasta que el peligro se aleje del todo y les permitan regresar a la vivienda. O a lo que queda de ella. En las bolsas se llevan consigo lo imprescindible: prendas y objetos de valor que no han quedado inservibles.

Como ellos, el resto de desalojados por la gota fría del jueves en Cantereria pudieron regresar ayer fugazmente a sus casas para recoger, maletas en mano, pertenencias básicas y medicamentos, acompañados en todo momento por Protección Civil y técnicos municipales que garantizaban su seguridad y ayudaban a abrir puertas atrancadas. Es el caso de Said, que, después de un buen rato repasando su casa, vuelve al exterior únicamente con una manta envuelta en un plástico. «Esto es lo único que se ha salvado, nos hemos quedado sin nada», cuenta a los periodistas.

Vecinos de Ontinyent narran su desolación.

«Llevo aquí 18 años y nunca había pasado nada parecido. El agua subió muy rápido y a las 7 de la mañana esto era un mar», recuerda. Para Said, que ha pasado la primera noche fuera de casa con unos familiares, la prioridad eran sus dos hijos de 2 y 8 años. «Los puse a salvo, avisé a unas vecinas para salir y volví a casa para intentar recoger lo mínimo, pero el agua ya me llegaba a las rodillas y no pude. Lo primero era salvar la vida», narra. En esa odisea, el móvil se le cayó y se hundió en el agua. «Lo pasamos muy mal».

Durante todo el día de ayer, la Policía Local impidió los accesos a Cantereria, en previsión de una nueva lluvia torrencial que duró menos de lo esperado, lo que agilizó los trabajos de acondicionamiento de la «zona cero», donde el temporal tumbó árboles de grandes dimensiones y parte del pequeño muro de contención que separa las viviendas del cauce del Clariano, habitualmente seco.

Ayer tarde, 38 evacuados del barrio sin ningún otro sitio donde poder dormir permanecían en el albergue municipal de Ontinyent a la espera de que la oficina técnica del ayuntamiento certifique la seguridad de sus domicilios. En caso contrario, el consistorio anunció que reubicará en viviendas de alquiler a todos los vecinos sin alternativa habitacional.

Dispositivo para los desalojados

Este fin de semana, siete de ellos serán trasladados a un hostal en régimen de pensión completa debido a sus características: hay una embarazada de 9 meses, un matrimonio con una hija discapacitada y una familia cuyos integrantes presentan síntomas de ansiedad. Los servicios sociales municipales han movilizado un amplio dispositivo interdisciplinar formado por 14 profesionales para atender a los desalojados, buena parte de los cuales tienen un bajo nivel adquisitivo, son migrantes con pocos recursos o personas de edad avanzada que requieren medicación básica.

«Vamos a velar para que nadie se quede en la calle en ningún caso y para que se cubran todas sus necesidades», recalcó ayer la regidora de Servicios Sociales, Paula Soler. El equipo de trabajo está recibiendo la colaboración de Cáritas, el Proyecto Trèvol y el hospital.

Las casas del barrio afectadas por la inundación se cifran en alrededor de 40 y, de momento, los vecinos no saben cuándo podrán volver, si es que pueden. Algunas estaban recién reformadas, como la de Mari Carmen, que es viuda y vivía sola en casa. «No he podido dormir en toda la noche del mal, porque no tengo nada y no sé lo que voy a hacer. Yo no quería irme porque otras veces ha pasado y no se ha salido el río, pero mi hija no paraba con que me fuera y menos mal que le hice caso», explica.

La vivienda de Conchi también había sido objeto de cambios recientes. «Pusimos una puerta de un material muy resistente y en la crecida del río de 2016 no nos entró agua, pero esta vez se la ha llevado por delante», lamenta. «Lo pasamos mal por no saber cómo iba a acabar todo», apostilla.

Falta de prevención

Mientras tanto, entre los vecinos se repiten los testimonios que cuestionan la tardanza de la orden de desalojo de Cantereria, así como la falta de medidas de prevención en la zona, sin apenas seguridad pese a su proximidad con el cauce. «Nadie nos avisó y cuando quisimos huir nos vimos atrapados sin poder salir. Un policía local bajó y nos dijo que estábamos bobos por no habernos ido antes. Llamamos al ayuntamiento y nos dijeron que no podían hacer nada», observa Jorge Espejo, otro evacuado.

El devastador temporal, sin precedentes en Ontinyent en el último siglo, hizo crecer muy rápido el nivel del Clariano y desbordó todas las previsiones. «El agua entró en casa por la parte delantera y por la trasera: bajaban cascadas por los ribazos y el fango taponó los desagües» , subraya Espejo. En el otro extremo de la calle, los trabajadores de un matadero retiran sin descanso cubos y cubos llenos de agua y barro del interior del complejo durante toda la jornada. Las pérdidas son alarmantes.

Al menos, la DANA concedió una tregua ayer y el sol salió tímidamente como preludio de una vuelta a la normalidad que tardará en llegar a varios municipios de la Costera y la Vall d'Albaida, donde ayer tarde permanecían cortadas una decena de carreteras, mientras se evalúan los cuantiosos daños en infraestructuras y en cultivos próximos a su recolección. Pese a que se mantuvo la alerta y se extremaron las precauciones, hubo algunas imprudencias.

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