Calvas, el último estigma estético femenino por derribar: "Luchamos por visibilizar y normalizar la alopecia de las mujeres; no creas que eres la única"
Dos libros y un documental arrojan luz por primera vez sobre una realidad que aún viven con ansiedad, en algún momento de su vida, casi el 40% de las mujeres

Tereza Drahoňovská, autora del cómic 'Calva', en el centro, junto a varias fundadoras de la asociación A Pelo, en la librería La Raposa de Barcelona. / Victòria Rovira / EPC
Laura Estirado
Entre un 30% y un 40% de las mujeres sufrirá algún tipo de alopecia a lo largo de su vida. Entre un 1% y un 2% tendrá alopecia areata, una enfermedad autoinmune que puede provocar la pérdida total del cabello -incluidas cejas y pestañas- y que no distingue de edad: también afecta a niñas y niños. El dato dibuja una realidad masiva y, sin embargo, invisible, o, al menos, que aún se trata de esconder.
¿Cómo es posible que una de cada tres mujeres pierda parcial o totalmente el cabello y apenas existan relatos culturales sobre ello? La respuesta se desliza entre el estigma estético, la presión por encajar en el canon de belleza y la posibilidad, a diferencia de otras condiciones físicas, de ocultarlo bajo pelucas, sombreros o pañuelos.
"Lo que no se ve no existe", resumía con ironía en un reciente coloquio celebrado en Barcelona Júlia Vincent, profesora, actriz y cofundadora de A Pelo, una asociación que nació en la capital catalana en 2017 con el objetivo de visibilizar la alopecia. "Éramos cuatro y ya somos 150 'pelonas' [como se autodenominan con orgullo] en toda Cataluña", enumera.
Quizá por eso, hasta hace apenas cinco años, quien buscaba referentes se encontraba con el vacío. Hoy, por primera vez, coinciden tres obras de tres mujeres que abordan el tema desde lenguajes distintos -fotografía, cine y novela gráfica- y que comparten un mismo objetivo: visibilizar para transformar y normalizar. Y, aquí va un 'spoiler': sin dramas.

Portada de las tres obras recientes que abordan la realidad de las mujeres calvas. / EPC
📸'Pelonas': la intimidad como acto político
El germen del fotolibro 'Pelonas', de Annabelle Sproat, nace precisamente de esa ausencia. Tras leer un ensayo del Institut Català de la Dona sobre presión estética, la fotógrafa se topó con testimonios de mujeres con alopecia y quedó impactada: "Descubrí que no sabía nada sobre la alopecia. Investigando llegué al dato: afecta a una de cada tres mujeres". Entonces contactó con la asociación A Pelo y comenzó a retratarlas en sus casas, en la intimidad, lejos del dramatismo y cerca de la vida cotidiana. "A Eli, en Barcelona; a Jane, una chica taiwanesa en Londres, a Chris, en Nueva York... Un mosaico de historias para desafiar la presión estética y abrir una conversación colectiva sobre identidad, belleza y aceptación", sintetiza.
El proyecto tenía dos propósitos claros: "visibilizar y normalizar la alopecia". Sus fotos tomaron espacios públicos, en forma de exposiciones: centros cívicos, ambulatorios, estaciones de metro... o, desde esta misma semana, en el mismo CAP de Palafrugell. Las protagonistas, muchas de ellas completamente calvas a causa de la alopecia areata, posan en la intimidad del hogar y acompañan las fotografías con cartas escritas a su yo anterior a la caída del cabello. Un gesto que busca tender la mano a quienes están empezando el proceso y creen que están solas. "Una de las cosas más difíciles es el momento inicial, el creer que no tienes red o espejo donde mirarte", reconocen las afectadas a las que retrató Sproat.

Una de las protagonistas del fotolibro 'Pelonas', de Annabelle Sproat. / ANNABELLE SPROAT
Sproat juega incluso con el prejuicio (y el desconocimiento) del tema que sigue instalado en la sociedad. En ningún momento menciona la palabra alopecia al inicio del libro. Cuenta que, una editora, tras hojear el proyecto, le dijo: "Ah, esto va de cáncer, ¿no?". Sin embargo, se quedó perpleja al descubrir que no iba de eso. "Es una asociación automática que revela hasta qué punto la sociedad interpreta la calvicie femenina como sinónimo de enfermedad grave, y no como una condición frecuente. Y 'Pelonas' desmonta esa mirada desde la serenidad y la belleza sin artificios", considera su autora.
🎬 'Mujeres calvas': homenaje liberador
En 2019, Sandra Román se topó en Instagram con la imagen de varias mujeres calvas sonriendo. "Me llamó la atención sus caras, luminosas, seguras", recueda. Conocía muy bien lo que era la alopecia, porque su madre también había perdido el pelo, pero lo había vivido en la intimidad y desde el silencio. "Yo necesitaba saber que mi madre no era la única", explica la periodista. Buscó referentes culturales, pero no encontró ninguno. Nada.
De esa carencia nació el documental 'Mujeres calvas', que hoy puede verse en la plataforma Filmin. "En 2019 pregunté: recomendadme libros, documentales, películas... "No hay nada', me dijeron", recuerda la directora Román.
Su película recorre las distintas fases del proceso: la caída repentina, el desconcierto, la ocultación bajo pelucas o pañuelos, la vergüenza y, en algunos casos, la liberación. Muchas de las protagonistas están completamente calvas. No es una elección estética ni un gesto performativo: es el resultado de una enfermedad autoinmune que puede aparecer también en la infancia y que, pese a su frecuencia, sigue rodeada de silencio. "El sufrimiento no tiene por qué durar toda la vida -defiende Román-. Se puede salir".
El filme, apoyado por A Pelo y financiado en parte mediante micromecenazgo, no niega el dolor, pero se resiste a convertirlo en identidad. "El tabú no es solo perder el cabello. Es creer que eres la única", insisten desde A Pelo. Y esa soledad es la que el documental convierte en comunidad.

Coloquio sobre la alopecia femenina y su representación cultural, en la librería La Raposa de Barcelona. En la foto, las autoras Štěpánka Jislová (ilustradora) y Tereza Drahoňovská (guionista del cómic 'Calva'), la periodista Sandra Román, autora del documental 'Mujeres calvas', la fotógrafa Annabelle Sproat, y varias representantes de A Pelo. / Victòria Rovira / EPC
📖 'Calva': autobiografía en blanco y rosa
La tercera pieza de este tríptico cultural es 'Calva', la novela gráfica autobiográfica de Tereza Drahoňovská, ilustrada por su amiga Štěpánka Jislová, y editada en España por Andana Gràfica tras cosechar un éxito rotundo en la República Checa, país de origen de las autoras. Aquí la caída del cabello se convierte en un viaje emocional que atraviesa la autoestima, la feminidad, la relación con la medicina y la propia identidad.
"El primer año fue horrible, pensaba que era el fin del mundo", admite la autora. El cómic -bañado en un rosa que subvierte el imaginario tradicional de la feminidad- recorre tratamientos, consultas médicas, dudas y conversaciones incómodas hasta llegar a la decisión de raparse. "Al final entiendes que es ¡solo! el pelo". Incluso hoy, dice, ya no se imagina con cabello.

Tereza Drahoňovská y Štěpánka Jislová, guionista e ilustradora del cómic 'Calva', publicado en castellano y catalán por Andana Editorial. / VICTÒRIA ROVIRA
La elección del medio no es casual. La alopecia femenina es profundamente visual: la transformación física convive con el terremoto emocional. El cómic permite mostrar ambas dimensiones a la vez. Tras la publicación, Drahoňovská recibió decenas de mensajes de lectoras que le decían que aquella era también su historia. El espejo, por fin, existía. "Hasta hay 'influencers' calvas como yo en mi país", subraya.
📣 A Pelo: la red del cambio
Si hay un hilo que conecta las tres obras es la asociación A Pelo, nacida en Barcelona hace casi una década y formada mayoritariamente por mujeres. Empezaron siendo cuatro; hoy suman 150 (incluidos tres hombres). Su papel no es solo de acompañamiento, sino de activación cultural. "Esto no lo haces para ti, esto es para todas", defienden.

Varias representantes de la asociación A Pelo, en un coloquio alopecia femenina y creación cultural, en la librería La Raposa de Barcelona. / Victòria Rovira / EPC
La asociación insiste en desplazar la vergüenza hacia la elección libre: peluca, pañuelo o cabeza descubierta, pero sin esconderse. Recuerdan que la alopecia areata afecta también a niñas y niños, y que la falta de referentes puede traducirse en aislamiento o acoso escolar. Durante el coloquio, una asistente evocaba a una compañera del instituto, hace años, que a veces llevaba peluca y a veces no. Nadie entendía qué le ocurría. "No sabían ni que la alopecia existía", resuelve.
"Obras como estas deberían ser de lectura obligatoria en los colegios", concluyen todas al despedir el coloquio.
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