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Cómo limpiar el cristal de la chimenea y evitar que se ennegrezca con estos sencillos pasos

Además de la limpieza anual, el uso de leña seca, evitar quemar basuras y favorecer fuegos bien aireados son claves para mantener la chimenea limpia por más tiempo

Cómo limpiar el cristal de la chimenea y evitar que se ennegrezca con estos sencillos pasos.

Cómo limpiar el cristal de la chimenea y evitar que se ennegrezca con estos sencillos pasos. / Pixabay

Con la llegada del frío, muchas familias vuelven a encender la chimenea sin pensar en algo fundamental, su limpieza. Un mantenimiento inadecuado no solo ensucia la casa, también puede aumentar el riesgo de incendios y problemas de humos. Por ello, al menos una vez al año, es recomendable revisar y limpiar la instalación.

Una tarea que empieza siempre en frío

Antes de empezar, hay que tener una cosa clara, y es que, la chimenea debe estar completamente fría. Lo recomendable es que lleve entre 12 y 24 horas sin usarse. Además, es importante proteger el entorno con plásticos o sábanas viejas y utilizar mascarilla, guantes y, si es posible, gafas de protección. El hollín es un polvo muy fino que se dispersa con facilidad y puede irritar las vías respiratorias.

Cómo retirar las cenizas sin llenar la casa de polvo

La primera fase de la limpieza consiste en retirar las cenizas. Para ello, humedece ligeramente el recogedor o un papel de periódico antes de recoger la ceniza, de manera que se adhiera mejor. También puedes usar un aspirador especial.

El interior

En las paredes interiores de la chimenea se acumulan hollín y restos de creosota, una sustancia negra y, en ocasiones, pegajosa. Para retirarla, se recomienda primero un cepillado en seco, de arriba hacia abajo, con un cepillo de cerdas duras o metálicas, según el material.

Después, puede utilizarse una mezcla casera para ladrillo o material refractario: una parte de vinagre blanco y una parte de agua caliente, con la opción de añadir una cucharada de bicarbonato con cuidado, ya que genera espuma. Con un cepillo o estropajo humedecido en esta solución se frota la superficie y, posteriormente, se aclara con un paño mojado solo en agua. Antes de volver a encender la chimenea, es importante dejar que todo se seque correctamente.

Un cristal limpio

El ennegrecimiento del cristal es una de las quejas más habituales entre los usuarios de chimeneas cerradas. Sin embargo, el truco está en hacer una bola con papel de periódico y humedecerla. A continuación, moja ese papel en ceniza fría y frota con movimientos circulares. Por último, pasa un paño húmedo y después uno seco.

La ceniza actúa como un abrasivo suave que arrastra la suciedad sin dañar el cristal. Otra opción es pulverizar una mezcla de agua y vinagre a partes iguales, dejar actuar un minuto y frotar con papel o un paño. Eso sí, en todos los casos, el cristal debe estar siempre frío.

El tiro y el tubo, la parte más delicada

Donde más riesgos se concentran es en el tiro o tubo de la chimenea. Es allí donde se puede acumular una gran cantidad de creosota, altamente inflamable, así como restos de hojas o incluso nidos que obstruyen la salida de humos.

Algunos usuarios, si el acceso lo permite, utilizan cepillos especiales con varillas que se introducen desde la parte inferior para arrastrar la suciedad hacia el hogar. No obstante, la recomendación general es que esta parte del mantenimiento la realice un profesional, especialmente si:

  • La chimenea nunca ha sido deshollinada.
  • Se perciben malos olores o humo dentro de la vivienda.
  • Se observan depósitos gruesos y brillantes en las paredes del tubo.
  • La chimenea “tira” mal o el fuego se apaga con facilidad.
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