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Entrevista

"Dudo que vivir con fantasmas sea muy diferente a vivir con gatos"

Aunque le podamos escuchar en ‘Arsénico caviar’, trabajo reconocido con el Premio Ondas al Mejor Pódcast Conversacional en 2023, Guillermo Alonso (Pontevedra, 1982) es de esas personas a las que se le da mejor escribir que hablar. Un hábito que hace desde muy pequeño y que ahora, esta semana, le lleva a presentar en Galicia su nueva novela, ‘El efecto deseado’ (Seix Barral)

El periodista y escritor Guillermo Alonso.

El periodista y escritor Guillermo Alonso. / Cedida

Rodrigo Paz

Santiago

Presenta ahora en Galicia su última novela, El efecto deseado. ¿Qué es lo que se va a encontrar el lector en ella?

Soy muy malo vendiendo mis propios libros, me da la sensación de que los traiciono si los explico, de que hay una magia que se pierde por el camino si yo me analizo a mí mismo. A lo mejor me resulta más sencillo decir lo que no va a encontrar. Ningún mensaje obvio que intente explicarle verdades sobre la vida que yo creo conocer mejor que el lector, aunque espero que sí que descubra cosas que le interesen. Nada de victimismo, porque me da mucha rabia el victimismo en la literatura. Ningún intento demasiado indisimulado de conmover al lector con recursos fáciles, aunque espero que se conmueva. Ningún intento demasiado directo de hacerle reír, aunque quien ha leído mis libros siempre suele decir que se ha reído mucho. Lo cierto es que espero que el lector encuentre, al menos, una parte de lo que está buscando. O mejor todavía, algo que no sabía que estaba buscando pero necesitaba.

Una obra que ya ha contado en alguna ocasión que nació de una imagen que vio en una playa hace ya doce años. ¿Qué tenía esa imagen para permanecer en su cabeza tanto tiempo?

Tenía misterio. La imagen era la de un chico joven empujando una silla de ruedas sobre la que iba una persona aparentemente enferma, de rostro extraño, de la que era imposible deducir si era un hombre o una mujer. Yo pensé: ‘¿No sería increíble que el propio chico, o sea, su propio cuidador, tampoco lo supiese? ¿Y no sería increíble que, por contrato, no se lo pudiera preguntar?’. Y esos son personajes de la novela, aunque luego aparecieron muchos más, sin avisar, sin llamar a la puerta.

También se ha inspirado en un artículo de prensa de lo más curioso…

Sí, en uno publicado por un periódico de tirada nacional que mandaba a un reportero a pasar una noche en el considerado peor hotel de España. Lo leía y, más que repugnancia por aquel hotel que presentaba unas condiciones de orden, imagen y limpieza francamente mejorables, sentía pena por sus propietarios. Me dije: ‘La historia no es cuan sucio está el hotel, sino por qué sus propietarios lo han dejado morir de esa manera’. También está en el libro.

Supongo que la inspiración de un escritor surge en cualquier parte…

En realidad la escritura está en todas partes, no se acaba nunca. Con eso quiero decir que uno no escribe una novela cuando está frente al ordenador, sino que la historia se instala en tu cabeza y te obsesiona, y te habla, y cuando las ideas te asaltan tienes que apuntarlas enseguida, porque son esquivas.

Usted quería escribir una historia de terror clásico llena de fantasmas y, aunque nos los encontremos, nos presenta las aventuras de un pícaro moderno que se divide entre el drama y la carcajada. ¿Era ese el ‘efecto deseado’ de Guillermo Alonso?

Uno intenta escribir una historia, pero luego la historia toma sus propias decisiones. Esto es muy cursi, lo sé, como de escritor relamido, pero ocurre de verdad. Tal vez es, más que un proceso mágico, una especie de reconciliación con la realidad.

Una obra de contrastes, de ricos y pobres, llena de sexo, drogas y violencia. ¿Seguro que su idea no era hacer una denuncia social?

Seguro. No creo en las novelas con un mensaje político o social obvio, me aburren a morir. Lo cual no quiere decir que no esté bien que existan, estoy a favor.

A lo largo de la obra, su protagonista, Gaspar, recorre un largo camino, repleto de miedos y excesos, que el destino le lleva, desde una capital frívola y decadente, hasta una mansión habitada por fantasmas en una isla perdida del Mediterráneo. ¿Usted estaría dispuesto a hacer lo mismo?

Desde luego. Yo vivo en Madrid, que es una ciudad que está muy bien, pero a menudo pienso en el futuro, en todo lo inherentemente hostil que tienen las urbes de cemento, y pienso: ‘Quiero ser mayor en otro sitio. Preferiblemente junto al mar’. Soy de gustos sencillos, me conformaría con un apartamentito en Benidorm con mi novio, los gatos y algún amigo cerca. Pero si me das la mansión encantada, yo feliz. Dudo que vivir con fantasmas sea muy diferente a vivir con gatos, te juzgan y te despiertan por la noche. Al menos los fantasmas no se mean en el sofá.

Por último, ¿qué le gustaría que el lector sintiera al cerrar ‘El efecto deseado?

¿Sinceramente? Me encantaría que pensase: ‘Esta novela es tan increíble que voy a comprar diez copias para regalárselas a amigos y familiares. Esta maravilla no puedo haberla leído solo yo. Este Guillermo Alonso tiene que hacerse millonario con la literatura para poder dejar su trabajo, dedicarse solamente a escribir y comprarse por fin esa mansión encantada’ (ríe).

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