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El periodista Gorka Landaburu, víctima de ETA: "Defendíamos la democracia y la libertad, lo pagué con un paquete bomba en 2001"

Sobrevivió a un atentado y hoy lleva su testimonio al resto de españoles con el objetivo de enseñar a los jóvenes la importancia de recordar para cicatrizar heridas y construir el futuro

Imagen de Gorka Landaburu en la actualidad.

Imagen de Gorka Landaburu en la actualidad. / Cedida

Rocío Muñoz

Gorka Landaburu era periodista de Cambio 16 cuando, tras años de amenazas e incluso reuniones con dirigentes de ETA, recibió una carta bomba el 15 de mayo de 2001. En aquel momento la organización terrorista comenzaba a debilitarse gracias al endurecimiento de las leyes y a la cooperación internacional, en una España aún conmocionada por los atentados del 11 de septiembre. El sobre contenía 150 gramos de dinamita. La explosión le causó graves heridas en el rostro y el abdomen, además de la amputación de varias falanges. Se salvó de milagro, gracias a que la abrió detrás del respaldo de un sillón, que absorbió la mayor parte de la onda expansiva. Su respuesta a la banda fue clara: "Me habéis mutilado las manos, me habéis dejado ciego del ojo izquierdo, pero no me habéis cortado la lengua". Y continuó luchando hasta el día de hoy por la libertad y la democracia.

Ejercía el periodismo en Euskadi en los años más duros de ETA...

En 1983 estaba en Cambio 16, donde fui director y trabajé durante 44 años. Era una revista muy importante en la época de la Transición y ETA ya nos amenazaba, no estaban de acuerdo con lo que escribíamos. Mi hermano y yo fuimos a Francia a hablar con dirigentes de la organización y nos dijeron que estuviéramos atentos a las consecuencias. Volvimos muy preocupados, y a la semana recibimos una carta anónima del otro bando que decía que iban a volar la delegación de la revista en Bilbao, que iban a matarnos a mi hermano Ander, al fotógrafo y a mí, porque éramos "rojos y comunistas".

¿Qué ocurrió entonces?

Cuando recibes amenazas de los dos extremos, llegas a la conclusión de que algo estás haciendo bien. Y seguimos. Hasta que en 2001, el 15 de mayo, me mandaron un paquete bomba. Antes ya me habían lanzado cócteles molotov a casa, dejado corbatas negras, llamadas, pintadas por todo el pueblo... Pero cuando uno es periodista asume que en esta maravillosa profesión no te puedes callar. Yo vengo del exilio, donde mi padre murió por culpa de Franco. Defendíamos la democracia y la libertad. Querían callarme, pero yo les dije una cosa: "Me habéis mutilado las manos, me habéis dejado ciego del ojo izquierdo, pero no me habéis cortado la lengua". Estuve 12 años con escolta, antes y después del atentado. En los 2000, ETA ya estaba muy debilitada y la gente empezó a salir a la calle, hasta que vencimos a esa banda armada. Hoy el País Vasco está en paz.

¿Y los medios de comunicación estuvieron a la altura?

No todos. Algunos sí, los más comprometidos desde el principio, pero en general tardaron en reaccionar, igual que la sociedad vasca. Había miedo, muchos chivatos, y era complicado vivir y hablar de política. Los años 80 fueron terribles, los 90 también, y a partir de los 2000, con asesinatos como el de Miguel Ángel Blanco o el atentado de Hipercor en Barcelona, la gente empezó a reaccionar. Por eso es importante hacer un periodismo valiente, es un pilar fundamental de la libertad de expresión y de la democracia. Si muere el periodismo, un país no tiene futuro.

Siempre ha defendido que la identidad vasca no está reñida con una España plural. ¿Por qué aún cuesta asumir esa idea?

Yo defiendo el multiculturalismo, la España plurinacional. Que haya vascos, catalanes, extremeños o andaluces es una riqueza. Que se hable euskera en el País Vasco, catalán en Barcelona o gallego en Galicia, eso es una riqueza de toda España. Tenemos que cuidarlo, porque forma parte de nuestra cultura.

¿Cree que las nuevas generaciones entienden realmente lo que supuso el terrorismo?

Evidentemente no. Hay encuestas terribles, aquí mismo en el País Vasco, muestran que muchos jóvenes de 18 o 20 años no saben ni quién fue Miguel Ángel Blanco. Han oído hablar de ETA, pero no saben, desapareció y ganamos la batalla contra ella hace ya unos 14 años. Fue una gran victoria por la paz, pero nunca la hemos celebrado ni explicado bien. La información no puede ser solo la rápida que llega por WhatsApp o los bulos que circulan; contra eso también hay que luchar. Los jóvenes deben saber lo que ha pasado, eso es lo más importante.

¿Qué le diría a un joven que no vivió ETA y que lo percibe como algo lejano y ajeno?

Que escuche a quienes sufrieron, porque ellos tienen una versión de primera mano. Que entienda que la vida no es solo de uno, como estamos viendo en muchas sociedades donde el individualismo impera. Hay que mirar a la gente que tenemos cerca y conocer la historia. Si sabe lo que ocurrió en su país, en su pueblo, su región, verá las cosas de otra manera. Si no le decimos nada, si no informamos, si callamos como lo hicimos tantos años, los jóvenes nunca sabrán lo que ha pasado.

¿Qué significa hablar de memoria?

Se trata de conmemorar y recordar, porque también sufrimos el franquismo. La dictadura llevó a mi padre al exilio tras la Guerra Civil. Yo nací en París con mis seis hermanos y vivimos allí muchos años, hasta que volvimos a España. Tenemos que educar en valores: el respeto a la vida, a la opinión, a que cada uno defienda las ideas que crea oportunas, incluso la independencia o la autodeterminación. Se puede defender todo eso, es democracia, pero sin bombas, sin tiros en la nuca y sin asesinatos. No se trata de abrir heridas como dicen algunos, lo que pretendemos es que se sepa la verdad y que las heridas cicatricen definitivamente, tanto las de la época franquista como las del terrorismo de ETA. Por eso me parece importante llevar este mensaje a las facultades, a los institutos. Hoy la información circula a tal velocidad que no tenemos tiempo ni de analizarla. Yo voy a explicar lo que vivimos durante mucho tiempo, hasta que sufrí un atentado del que me salvé por milagro, pero siempre he luchado por la democracia, por la libertad y por el respeto.

¿Qué papel tienen los centros educativos en mantener viva esa memoria?

La educación es fundamental en todos los aspectos. En España hemos vivido décadas terribles desde la Guerra Civil, hasta una dictadura que duró demasiado, junto con el terrorismo de ETA y otras formas de violencia. A los estudiantes hay que explicarles que con la violencia no se consigue nada y que debemos respetarnos los unos a los otros aunque pensemos distinto. Pero cuando vemos el porcentaje de jóvenes dispuestos a votar a la extrema derecha, algo hemos hecho mal. Hay un fallo importante que debemos corregir como administraciones, gobiernos, autonomías, profesores, escuelas y universidades. Lo que hemos vivido en este país no debe repetirse nunca más. Y eso solo se logra educando e informando.

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