La crisis de vivienda de Ibiza golpea doblemente a las víctimas de violencia machista
Asociaciones alertan de las dificultades de las víctimas para encontrar un techo asequible cuando salen de la relación de maltrato, a menudo con cargas familiares y poca autonomía económica

Concentración contra la violencia machista el pasado 25N en Ibiza. / J.A. Riera
Toni Escandell Tur
"Hay mujeres que no se atreven a dejar al maltratador porque no tienen donde ir. Otras acaban volviendo porque no pueden pagar un alquiler solas. La violencia económica también es violencia, y si no se garantiza el acceso a una vivienda digna es muy difícil romper el ciclo. El sometimiento al que las someten los agresores también es económico", alertan desde la Associació Nybia Eivissa (ANE), que nació el año pasado con el objetivo de poder llegar a ofrecer "apoyo integral a las víctimas de violencia de género".
Las dificultades para acceder a una vivienda perjudican especialmente a los colectivos más vulnerables, y uno de ellos es, sin duda, el de las víctimas de violencia de género, denuncian las asociaciones feministas de Ibiza. "Una mujer sola o una familia monoparental lo tiene más difícil". Así lo expresaban en el manifiesto conjunto del último 25N (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer), redactado por la Comissió 8M Eivissa. Alertaban entonces de que esta situación "mantiene a muchas mujeres en relaciones de violencia".
"Doble carga"
"Hay una doble carga. Es una situación injusta en lo personal, físico y emocional, unida a la carga familiar y a todas las dificultades que hay en materia de vivienda, que aunque no se dan solo en Ibiza, también afectan a la isla", apunta Dessiré Ruiz, presidenta de la Associació de Dones Progressistes d’Eivissa.
Explica que desde las diferentes asociaciones han tratado de "crear una red" para dar respuesta a estas necesidades, pero que hay muchas dificultades. "Es muy complejo conseguirlo desde pequeñas organizaciones como la nuestra, que no tiene una gran estructura y financiación. Es muy difícil trabajar para ayudar a todas estas mujeres que necesitan un refugio en el que poder rehacer su vida, tanto ellas como sus hijos, que también sufren estas situaciones tan injustas y complejas y tampoco tienen culpa de nada", en palabras de Ruiz.
El factor habitacional también perjudica a quienes todavía siguen en una situación de maltrato, alertan desde ANE, que afirma que esta situación incluso puede llegar a hacer dudar a la víctima sobre si denunciar o no al agresor o sobre si pedir o no ayuda a la Oficina de la Dona que gestiona el Consell Insular. "Las víctimas siempre hemos dependido del maltratador, así que salir de ahí es muy complicado".
Eso sí, no es necesario denunciar al agresor para poder ser atendida por la Oficina de la Dona, recalcan.
Por otra parte, desde ANE señalan que tener hijos en ocasiones genera el rechazo del propietario de la vivienda, ya que, en caso de impago o de no querer renovar, "cuesta más desahuciar". "Y el maltratador muchas veces no ayuda económicamente con los hijos", añaden.
Oficina de la Dona
Lourdes García Orvay, directora de la Oficina de la Dona, observa que las principales dificultades tienen que ver con la vivienda y con la falta de apoyo económico del agresor de la víctima o, simplemente, una expareja que no se hace cargo de sus responsabilidades económicas. Además, al mismo tiempo, señala que es importante garantizar la conciliación y que las mujeres que acaban en los pisos tutelados de la Oficina de la Dona no suelen tener red de apoyo familiar o de amistades. Concluye García que las víctimas de violencia de género son de los colectivos más vulnerables frente a la situación del mercado habitacional.
Estos pisos, para cuyas usuarias se ofrece tratamiento terapéutico y asesoramiento en diferentes vertientes, se ponen a disposición como recurso habitacional temporal, de urgencia, con el acompañamiento de un equipo técnico que tiene la "mirada puesta en qué hacer" una vez que acaben los nueve meses de estancia en dichas viviendas. Este es el plazo máximo, aunque dependiendo de cada casuística se puede ampliar. "Nunca se ha dejado sin atender, sin alojamiento, a una mujer que acuda a nosotras porque es víctima de violencia", concluye García.
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