Reportaje
El incendio de la Mezquita-Catedral, un día después: entre la normalidad del visitante y la negrura de Almanzor
El olor a quemado y los efectos del fuego sobrecogen a quien puede acercarse a observar de cerca el suceso

Tras el incendio: las imágenes de la zona afectada por el fuego en la Mezquita-Catedral / A. J. GONZÁLEZ
Noelia Santos
Si no fuera por el fuerte olor a quemado, los centenares de visitantes que este sábado pasean por el interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba no sabrían que, hace unas horas, parte del monumento estaba ardiendo. Suena la llamada a misa, los guías turísticos explican los entresijos del conjunto monumental, los visitantes intentan situarse con el mapa en la mano. Todo es distinto, muy distinto, a unos pocos metros.
Almanzor, canciller del Califato de Córdoba, a la muerte de Alhakén II, tomó el poder. Fue en esta época en la que se construyeron ocho naves nuevas en la Mezquita que son, quizá, las menos llamativas desde lo estético, pero que guardan parte de la historia del principal monumento de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, elemento indisoluble y anexado a una tierra que, por apellido, tiene "la de la Mezquita".

Vista del suelo mojado de la Mezquita por el trabajo de los bomberos y de los trabajos que se hacen este sábado para determinar qué ha podido ocurrir. / A. J. González
Por eso, cuando se deja atrás esa normalidad turística que normalmente impera en el espacio y se toma el camino hacia la ampliación de Almanzor, la sensación que se tiene es la de que se ha dañado algo muy nuestro, muy de aquí. El suelo en el lado oriental de la Mezquita-Catedral está cubierto de agua, el olor a humo se mete dentro y al alzar la vista hacia las arcadas más cercanas al incendio se observa perfectamente la diferencia entre la parte afectada por el fuego y la que ha salido indemne gracias al ingente trabajo de los bomberos de esta ciudad.
Un paisaje de color negro
La negrura impera en esta zona de la Mezquita, la pintura de numerosos elementos se cae a pedazos, como pedazos de madera se acumulan en las dos capillas que se han visto más afectadas. Responsables de seguridad del monumento no se apartan de los bomberos que siguen trabajando en la zona para asegurarla, está también la Policía Científica para determinar qué ocurrió en la noche del viernes para que el fuego devorara una parte, aunque pequeña, del edificio, responsables de distintas administraciones también están a pie de campo para mostrar su colaboración.

CÓRDOBA
Toda esa ampliación de Almanzor está acotada, aunque el Cabildo permite a los medios de comunicación acercarse, aunque no del todo, para tomar imágenes de las consecuencias del fuego y hacerse una idea de la labor que tuvieron que ejercer los bomberos para delimitar un incendio que, de otra forma, podría haber sido mucho más virulento. Para salir hay que hacerlo por la parte abierta, la que se ofrece al visitante, la que apenas nota nada del suceso de las horas anteriores. El runrún de que algo peor podría haber ocurrido, las imágenes en color negro de lo quemado, el olor intenso que no se va se quedan sin remedio en la memoria.
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