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Playas

La carabela portuguesa, el visitante que se aprovecha del cambio climático

Una investigación de la Universidad y el Acuario de Gijón analiza una especie llena de incógnitas: "Su proliferación está vinculada a las dinámicas del océano"

Una carabela portuguesa, próxima a un grupo de bañistas, en Ribadesella. | LNE

Una carabela portuguesa, próxima a un grupo de bañistas, en Ribadesella. | LNE

Nacho Blanco

Oviedo

Ni bronceados exagerados ni tendencias de moda rocambolescas. Lo más llamativo de las playas asturianas estos últimos veranos son las carabelas portuguesas que llegan a montones a través del Mar Cantábrico. Se trata de una especie que ha sido avistada en el litoral de más de catorce concejos asturianos, por lo que ya constituye una amenaza real sobre la que los bañistas deben tomar conciencia.

José Luis Acuña, por parte de la Universidad de Oviedo, y Fernando González, del IEO (Instituto Español de Oceanografía) del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), son los codirectores del proyecto "Navegación Biológica a Vela en el Océano Global (PHYSALIA)", en colaboración con el Acuario de Gijón, entre otros. Se trata de una iniciativa que busca ampliar el conocimiento sobre una especie con características y comportamientos desconocidos: La "Physalia physalis", o carabela portuguesa como es comúnmente conocida.

Según Acuña, además de conseguir modelos de predicción que anuncien las llegadas de estas especies, el objetivo principal es el de llenar un vacío inexplorado por la ciencia hasta ahora: "¿De dónde vienen? ¿Dónde viven? ¿Qué tipo de vida llevan en esos sitios? Sabemos muy poco".

La carabela portuguesa es un organismo que no es propio del Mar Cantábrico, pero en los últimos años hemos visto un repunte en su llegada a nuestras costas. Este fenómeno está relacionado inevitablemente con el cambio climático y la subida de temperaturas que experimentan nuestras aguas. Esto hace que las carabelas se sientan más a gusto, gracias a su origen subtropical. Pero además de la temperatura, otro de los motivos responde a un fenómeno marítimo más complejo.

Otra carabela, al lado de uno de los tanques del proyecto. | LNE

Otra carabela, al lado de uno de los tanques del proyecto. / LNE

En los océanos del mundo se está viviendo una revolución en forma de expansión. José Luis Acuña explica cómo se piensa que "hay giros oceánicos que se expanden por el cambio climático. Por ende, las poblaciones se desplazan, tanto carabelas como otros organismos distintos". En el Atlántico Norte (que baña a las Islas Canarias, por ejemplo), existe uno de estos giros, que alberga a las carabelas y cuya fuerza hace que lleguen a nuestras costas.

Una de las particularidades del organismo, que no hay que confundir con una medusa, es cómo se desplaza. Las carabelas se mueven sobre la superficie, no bajo el agua, gracias a una especie de vela que aprovecha el viento para empujarse. Esto hace que sus diferentes tamaños puedan avistarse con más facilidad que las medusas tradicionales, "cuando se echan encima, claro; de lejos son bastante difíciles", matiza Acuña.

Además, que su desplazamiento sea sobre la superficie, hace que su contención sea en principio más factible, gracias a no necesitar redes o mallas verticales que restringen el paso, como con las medusas. Esto sería una buena medida dado su peligrosidad y la toxicidad del veneno de sus tentáculos, que hace que los investigadores tengan que emplear gafas, guantes largos, mandilones, botas y pantalón largo para trabajar con ellas.

Proyecto pionero

Según su codirector se trata de uno de los propósitos "más ambiciosos" de los que estudian estos individuos, pero recalca que este proyecto desborda las peligrosas picaduras que escarmientan las playas, sino que "va mucho más allá, nosotros queremos entender estos animales".

Una de las actividades que más se estudian son sus patrones de navegación. Esto se hace mediante técnicas de observación in situ mediante drones en situaciones de mar controladas. Se evalúan sus movimientos, y se almacenan en cubas en colaboración al Acuario de Gijón. Susana Acle, quien trabaja en la investigación desde el acuario, explica cómo las carabelas se mantienen en estos lugares al aire libre, "dónde las alimentamos y las mantenemos vivas, lo que nos da mucho conocimiento sobre ellas".

El suministro de las carabelas corre a cargo del 112 y de los servicios de salvamento de las playas, quienes ejercen una labor "extremadamente importante" para el proyecto, como indica Acuña.

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