La impotencia y la rabia se aliaron con la enfermera Montserrat Juan Asensio para escribir una carta que ha dado la vuelta al país. En ella plasmaba, desde su experiencia, el dolor que produce a los sanitarios terminar el turno y ver cómo la vida fuera de los hospitales continúa como si nada estuviera ocurriendo. En plena segunda ola de la pandemia, la percepción de esta profesional es que todavía hay gente que se toma el coronavirus como si fuera una broma. Su texto se ha hecho viral y aquí explica las razones que le llevaron a escribirlo para su publicación en formato carta en este diario.

–Se percibe su texto como un último recurso para intentar que la gente cumpla las normas.

–Resulta frustrante ver cómo existe una parte de la ciudadanía que no toma conciencia de la realidad. Unos porque piensan que es mentira, otros porque piensan que los sanitarios exageramos y otros porque, o no saben lo que está ocurriendo, o prefieren no saberlo. Yo he escrito esta carta para ver si, de una vez por todas, toda esa gente se conciencia de lo que pasa. Tenemos un virus que ataca a todo el mundo, desde el presidente de los Estados Unidos hasta la persona más anónima que existe. Es una lucha y estamos perdiendo todos.

–Critica en su misiva el agotamiento de los sanitarios en esta segunda ola. ¿Cómo está la situación a día de hoy?

–Ahora mismo tenemos todo el material a nuestro alcance, pero nos falta personal. Hay compañeros que están de baja por estrés, de baja por COVID-19 o de baja por problemas físicos. Yo misma tengo un problema de gastritis desde marzo que no consigo superar. La pandemia nos está afectando mucho, tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Es muy duro ver cómo una persona se está muriendo en tus brazos y no puedes hacer nada por ayudarla.

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–El Gobierno y las comunidades autónomas comienzan a tomar medidas para tratar de controlar la expansión del virus. ¿Qué opinión le merecen?

–Que llegan tarde. Las medidas tenían que haberlas tomado antes, en el mes de septiembre. Entiendo que la economía es muy importante, pero sin personas sanas no habrá quien tire de la economía. Yo no soy quien manda, soy una simple ciudadana que piensa que se ha primado lo económico antes que lo sanitario.

–Países del entorno están anunciando confinamientos severos como los de marzo. ¿Es necesario ya en España?

–Un confinamiento domiciliario, como el de marzo, igual no es necesario. Pero sí hay medidas que se pueden llevar a cabo y que deben hacerse cuanto antes. Todo el mundo que pueda teletrabajar, debería hacerlo. Además de mantener todas las medidas de seguridad si hay que salir a la calle. Por otra parte, creo que a la rama sanitaria habría que cuidarla mucho más. Y hablo de todo el mundo: médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadoras, celadores, personal de mantenimiento... Todos los que trabajamos tanto en Atención Primaria como en los hospitales.

–¿Qué hace falta?

–Personal. Es lo que hace falta desde el principio y es complicado encontrarlo, porque tenemos a muchos profesionales repartidos en Francia, Inglaterra o Portugal que no quieren venir. Allí les hacen contratos más largos y les pagan más. Una enfermera puede estar cobrando en Inglaterra más de 2.000 euros y aquí son poco más de mil. Ojo, entiendo que hay trabajos peor pagados y gente que está peor que nosotros, pero no nos están tratando como deberían.

–¿Fue, a su juicio, precipitada la desescalada?

–Creo que sí. Al principio todo fue muy tranquilo y paulatino, pero llegó junio y se aceleró todo. Entiendo que estábamos hablando de salvar la temporada de verano, pero ya hemos visto que ha pasado lo que ha pasado.

–La política tiene sus cuitas, pero usted afirma en su carta que existen muchos ciudadanos irresponsables.

–En la carta hablé de los jóvenes, pero es justo decir que también hay gente adulta que no cumple las normas. Mi opinión es que habría que hacer más pedagogía tanto con jóvenes como con no tan jóvenes. Igual no les estamos transmitiendo bien la información. A lo mejor, lo que ocurre es que llevamos tanto tiempo lanzando cada día una cifra determinada de muertos, que no nos damos cuenta de que detrás de las cifras hay personas y, detrás de ellas, sus familias.

–¿Cuál ha sido su peor experiencia como profesional dentro de esta pandemia?

–Recibí en la UVI a una mujer de poco más de cincuenta años. Entró hablando, normal. A la mañana siguiente, murió. Y allí solo estaba yo. Fue tan frío... El personal de la UVI tiene mucha calidad humana y siempre se deja pasar a los familiares cuando alguien va a fallecer. Ahora no pueden pasar ni las hijas, ni los hijos, ni ningún familiar. Que la familia no pueda despedirse, creo que es lo más duro de todo lo que está ocurriendo.

–¿Cómo está el paciente del que habla en su carta?

–Sigue en la UVI. Está estable, pero estos pacientes tardan mucho en recuperarse, así que encontrarse estable ya es bastante. Espero y confío en que salga adelante, tanto por la relación que tengo con la madre como por su hijo.