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Zamora arropa el duelo de Nuestra Madre

La Real Cofradía de Nuestra Madre completa su habitual recorrido tras dos años sin conseguirlo por la lluvia

VÍDEO | Zamora acompaña a Nuestra Madre este Viernes Santo

José Luis Fernández

Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

Zamora compartió el dolor de María que ha perdido a su hijo. El sufrimiento que plasmara el imaginero Ramón Álvarez en el rostro de Nuestra Madre cautivó a miles de personas que la contemplaron en la calle la noche del Viernes Santo en su recorrido habitual, tras dos años en los que hubo cancelación y recorrido corto por la lluvia.

Los cofrades de túnica más rezagados corrían por la calle del Riego rumbo a la Costanilla y las últimas hermanas de luto hacían lo mismo hacia la calle de Quebrantahuesos cuando en el interior del templo de San Vicente el coro sacro Jerónimo Aguado entonó el canto medieval Stabat Mater y el capellán dirigía unas palabras a los presentes.

Todo estaba listo para que las imágenes salieran del templo románico donde las tres reciben culto tras el traslado del crucificado de la seo a San Vicente por Las Edades del Hombre.

Las trompetas y tambores de la banda de inicio, la de Cornetas y Tambores Ciudad de Zamora, anunciaron el arranque para alegría de los muchos cofrades de acera que renuevan cada Viernes Santo la devoción hacia esta cofradía que hunde sus raíces en la tradición popular, que sitúa su fundación en el año 1412 de la mano del dominico San Vicente Ferrer cuando acude a Zamora a predicar.

Tras el colectivo musical, ataviado con el traje de la real hermandad y tocaba las esquilas el Barandales, Jonathan Rodríguez.

Los cofrades de túnica comienzan a sucederse hacia el centro de urbe cuando entre los caperuces negros aparece la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, efectuado en el siglo XVI por Arnao Palla e incorporado en 1994 a esta procesión, que estuvo acompañado un año más por los músicos de Capillaa Lux Aeterna.

Las mujeres que optan por procesionar a cara descubierta vestidas de luto riguroso, acompañaron a la Madre que lleva en su regazo el cuerpo inerte de su hijo. Al paso de la talla de Ramón Álvarez, los móviles se elevaron para inmortalizar el momento.

Los cargadores, a las órdenes por primera vez de Iosu Alonso, la mecieron dulcemente.

El blanco y negro regresó nuevamente a ambos lados de las calles cuando irrumpió la Virgen de las Espadas, que conmemora los 150 años de su llegada a la cofradía, una efeméride que se festejará con una serie de actos a lo largo del año.

En esta ocasión, la imagen, vinculada a la escuela de Olot y que volvió a procesionar en 2010 en carga mixta, avanzó al ritmo de las marchas interpretadas por la Banda Filarmónica Mirandesa por Riego, San Torcuato, plaza de Alemania, Alfonso IX, Santa Clara hasta la Plaza Mayor.

Con los cofrades y con las tres imágenes situadas en el espacio público, el Coro Sacro Jerónimo Aguado entonó la Salve en honor a María convirtiendo el rezo hecho canto en uno de los momentos más emotivos de la noche del Viernes Santo en Zamora.

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