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Efemérides

El paso de La Desnudez: Una humilde tradición que supera el siglo

La madrugada del Viernes Santo volverá a ver salir a la calle una obra que cumple 125 años desde su primera procesión, lejos de los grandes alardes estéticos, que ha logrado mantenerse en el tiempo

El paso de La Desnudez, a su llegada a la Plaza Mayor en la mañana del Viernes Santo.

El paso de La Desnudez, a su llegada a la Plaza Mayor en la mañana del Viernes Santo. / J. F. (ARCHIVO)

B. Blanco García

B. Blanco García

Con una devoción especial acudirán los 32 cargadores a su cita anual de sacar a la calle en la madrugada del Viernes Santo el paso de La Desnudez.

Y es que este 2026 se cumplen 125 años de esta obra de José María Garrós, que representa a un Jesús vejado mientras lo preparan para la crucifixión. Será un aniversario casi exacto, puesto que la primera vez que procesionó fue el 5 de abril de 1901 y en este 2026 lo hará el día 3 del mismo mes.

Entre la treintena de cargadores se reparten los 750 kilos de esta obra de arte que forma parte de los pasos que procesionan en la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación, aunque no sea uno de los más vistosos. Se trata de una escena de la Pasión de Cristo más bien modesta, donde es despojado de sus vestiduras antes de ser clavado en la cruz, que también aparece en la escena, aunque tumbada todavía en el suelo, mientras la prepara uno de los tres sayones que conforman el conjunto escultórico. Los otros dos compañeros están a uno y otro lado de Jesús, de pie, con las manos atadas y en actitud resignada.

La mesa se completa con varios objetos, aparte de la mencionada cruz. Está un cesto de mimbre con herramientas como un serrucho, un martillo y una maza, además de un ánfora, un vaso, una soga, un pico y un estandarte de terciopelo rojo, rematado con galón de oro, donde se puede leer la inscripción "SPQR", acrónimo de "El Senado y el pueblo romano", en latín.

De madera de pino

La materia prima de las cuatro figuras es madera de pino, con ropajes que se simulan con lino encolado. Además, llevan algunos elementos como la corona de espina, correas de cuero y una aureola de metal que se retiró a la imagen de Jesús.

Arriba, el paso de José María Garrós. A la izquierda, la reverencia ante La Soledad en Tres Cruces.

Arriba, el paso de José María Garrós. A la izquierda, la reverencia ante La Soledad en Tres Cruces.

Destaca, por otro lado, las proporciones de los representados, algo pequeñas, puesto que la altura media su supera los 1,55 metros. "El tratamiento escultórico de las imágenes es todo él excesivamente blando, muy en la línea y los gustos de la época, y recuerda a la producción imaginera de los talleres de Olot", se describe desde la propia web de la cofradía, donde también se añade que "la caracterización de las figuras es dulzona, hasta el punto de que no hay rasgos de maldad en los sayones. La composición es correcta, aunque estereotipada y sin concesiones. La policromía es, asimismo, la tradicional, con escasos matices".

Un largo periplo

Una obra de un autor que también aportó a la Semana Santa zamorana el paso de La Conducción al Sepulcro, que procesiona en la Real Cofradía del Santo Entierro el Viernes Santo. Fue José María Garrós el elegido después de un largo periplo de propuestas que no terminaban de cuajar con artistas como Eduardo Barrón, Aurelio de la Iglesia o Miguel Torija para reformar el paso conocido como Redopelo. Retomado el asunto en 1900, el propio Garrós remitió a la directiva una fotografía con el boceto de su propuesta y el coste requerido: dos mil pesetas.

Una cantidad a la que hubo que sumar ciento cincuenta pesetas más por la nueva mesa.

Una humilde tradición que supera el siglo

Una humilde tradición que supera el siglo

Se puede decir, además, que este aniversario que supera el siglo es el de un paso superviviente, puesto que en varias ocasiones se llevó a asamblea la propuesta de ser sustituido. En 1951 el hermano Enrique Crespo Álvarez lo sugirió por estimar que la obra de Garrós "desdecía" de los restantes pasos que forman este desfile. Se llegó a presentar, un año después, una maqueta de los escultores Florentino Trapero y Víctor de los Ríos, aunque el elevado precio que pedían por este trabajo hizo que se dejara a un lado hasta tener suficiente solvencia económica.

Una segunda propuesta

Una segunda ocasión de cambio se dio en 1966, poniéndose en contacto con uno de los escultores con más renombre de la época, Juan de Ávalos. Su propuesta incluía cuatro figuras y, aunque era consciente de lo apretado de su agenda de trabajo, se comprometía a tener todo listo para la Semana Santa de 1968. Una vez más, el coste económico dio al traste con la propuesta, ya que la cifra se acercaba al millón y medio de pesetas, lo que excedía las posibilidades de esta cofradía a finales de los años sesenta.

En definitiva, La Desnudez representa un momento clave de la Pasión de Cristo y la historia viva de una tradición que ha sabido perdurar pese a críticas, intentos de sustitución y limitaciones económicas. A lo largo de sus 125 años, esta obra modesta, pero cargada de simbolismo, ha mantenido su lugar en la Semana Santa gracias a la devoción de sus cofrades y al valor patrimonial que encierra. Su permanencia de más de un siglo demuestra que estos días son mucho más que estética, sino un sentimiento colectivo que se mantiene vivo.

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