Devoción a la luz de las teas en la noche del Lunes Santo en Zamora: Procesión del Santísimo Cristo de la Buena Muerte
Respeto y emoción en la sobrecogedora noche del Lunes Santo en Zamora. La Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte recorrió parte del casco antiguo de la capital en medio de un silencio sepulcral en el que los rezos hechos cánticos volvieron a transportar al público hasta el medievo.

David Tesfamical de las Heras
Zamora ha vuelto a latir en silencio en una fría y negra noche de Lunes Santo más. Con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y la cara tapada con la cogulla, los hermanos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte iniciaron su recorrido desde la iglesia de San Vicente Mártir. Templo del que partieron al marcar el reloj la medianoche y tras rezar el Vía Crucis previo a la procesión.
Inicio que esta Pasión tuvo como singularidad el encendido de las teas en la zona del pórtico de la puerta oeste del templo debido a la prohibición de Patrimonio de hacerlo en el interior de la iglesia para salvaguardar la integridad de las personas y del patrimonio existente. No obstante, para preservar la intimidad de este momento, se cubrió con unas lonas las rejerías del templo. Novedad en una procesión que, desde su primera salida penitencial, en la noche del 25 de marzo de 1975, apenas ha registrado cambios a lo largo de su historia.
Tras el encendido de las teas, el impresionante cortejo inició su caminar siguiendo a la Cruz vacía, una gran cruz en la que antiguamente se asentaba el Cristo, y que abrió la procesión con los nombres de los hermanos difuntos. Las calles de San Vicente, la Plaza del Fresco, Mariano Benlliure y la Plaza Mayor enmudecieron en estos primeros pasos del desfile en el que el sonido grave y solemne de dos tambores destemplados volvió a acompañar al Crucificado, magnífica talla de madera policromada del siglo XVI, que suscita una gran devoción, pudiendo apreciarse casi a ras de suelo.
Itinerario en el que la sobriedad y la emoción contenida fue la gran protagonista, destacando la bajada por Balborraz hacia la Plaza de Santa Lucía, como uno de los instantes más esperados. Impresionante acto de oración ante el Cristo en el que el coro interpretó el "Jerusalem, Jerusalem" del gran Miguel Manzano.
El regreso del cortejo se efectuó por San Cipriano, Chimenas, Doncellas, Moreno, Damas, Hospital, Plaza de Santa María la Nueva, Motín de la Trucha y Ronda de Santa María la Nueva para cruzar bajo el Arco de Doña Urraca. Punto donde la hermandad volvió a alcanzar su máxima belleza, reforzada con las interpretaciones del coro.
Recorrido que continuó por la Plaza de la Leña, Ramón Álvarez y Plaza Mayor para retornar al templo de partida. Recogida de la procesión, con todos los hermanos en el interior de San Vicente en torno al Cristo, para ser testigos de un momento más íntimo en el que el coro interpretó el "Vexila Regis" a puerta cerrada. Cántico que traspasó los muros para poner el punto final a uno de los desfiles más característicos de la Semana Santa de Zamora.
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