El precio de vestir la fe en Semana Santa: la inversión que las familias asumen con orgullo
Los comercios tradicionales de la ciudad confirman que la Semana Santa sigue siendo un motor económico importante, aunque con cambios en los hábitos de consumo y la demanda de artículos

Los comercios tradicionales de la ciudad confirman que la Semana Santa sigue siendo un motor económico importante. / Victor Garrido
A medida que se acerca la Semana Santa, el pulso comercial de la ciudad se acelera al ritmo de túnicas, capirotes y complementos. Comercios tradicionales, textiles y especializados coinciden en un diagnóstico claro, estas fechas siguen siendo uno de los motores económicos más importantes del año, aunque con matices y cambios en los hábitos de consumo.
En establecimientos como Boizas, el movimiento es constante desde hace meses: “Ahora mismo no hay una cosa que destaque más que otra, se está vendiendo prácticamente de todo”, explican. Aun así, hay productos imprescindibles que cada año vuelven a primera línea: “Las rejillas de los caperuces, los cíngulos o los decenarios… todo eso que se puede perder u olvidar”. Entre ellos, hay un clásico indiscutible: “Los guantes, el artículo estrella”, recalcan.
El gasto medio tampoco es menor. Una túnica completa ronda los 300 euros, una inversión que muchas familias asumen como parte de la tradición, y aunque estos comercios no dependen exclusivamente de la Semana Santa, reconocen que “son meses importantes”, con un incremento de ventas que comienza ya en Navidades y obliga a planificar con antelación el siguiente ejercicio.
Esa anticipación es clave en un sector donde la demanda está relativamente estabilizada: “Hay muchas cofradías, podemos atender a 200 o 300 personas fácilmente en estas fechas”, señalan desde Boizas, reflejando la magnitud de una celebración que moviliza a toda la ciudad.
Sin embargo, no todos los negocios han optado por seguir en este mercado. Desde La Rosa de Oro explican su decisión de abandonarlo: “Cada vez lo entiendo menos. Ahora venden túnicas hasta en las farmacias”. Según señala su propietario, la proliferación de productos de menor calidad ha llevado a comercios como el suyo a priorizar la especialización y evitar “desvirtuar lo que son los tejidos de Semana Santa”.
En cambio, otros establecimientos apuestan por la renovación sin perder la esencia. Es el caso de Santiago Textil, donde la tradición convive con la innovación: “Todos los años añadimos algún artículo nuevo”, explica David, propietario del negocio familiar . “Este año, los reposteros de cofradías han tenido una gran acogida, sumándose a una oferta consolidada de pañuelos, calcetines personalizados y túnicas”, enumera.
El auge de ciertos productos refleja también nuevas tendencias. Las camisetas cofrades, introducidas hace apenas dos años, “se venden bastante”, mientras que los calcetines personalizados se han convertido en uno de los artículos más demandados, con una colección que "alcanza los 300 diseños", asegura. Además, la digitalización ha ampliado el alcance de estos negocios: “Hay muchos zamoranos fuera que siguen comprando estos artículos”, explica David, con pedidos que llegan desde otras ciudades como Valladolid, Toro o Fuentesaúco.
En el sector del calzado, la situación es distinta. En talleres tradicionales, donde la reparación ha sido históricamente el eje del negocio, la Semana Santa apenas supone un ligero repunte: “Este material dura para toda la vida”, explica el actual propietario de la zapatería El Rápido, aunque es su padre quien reafirma las vivencias que desde 1931 ha experimentado al mando del negocio: "La venta de sandalias o zapatos se concentra en las semanas previas y, aun así, es limitada. No debe haber mucho cofrade nuevo; se vende algo, pero poco”, recalca.
El relevo generacional, precisamente, marca parte de la evolución del mercado. La incorporación de mujeres a algunas cofradías, como el Silencio, ha incrementado la demanda en determinados artículos, pero en general el crecimiento es moderado.
Donde sí se mantiene una actividad constante es en el sector textil vinculado a celebraciones. Fausta, propietaria de María-Oliva, describe un calendario sin pausas: “Las fechas se agolpan unas con otras”. Desde la vuelta al cole hasta bodas, comuniones o carnavales, el negocio enlaza campañas con la Semana Santa ocupando un lugar destacado: “Puede suponer un 20% de nuestra facturación anual”, asegura. En su caso, el ciclo comienza también en Navidades, cuando muchas familias optan por regalar túnicas: “Las madrinas no escatimamos en regalos, y en esta ciudad regalar a tu ahijado la túnica de su cofradía es un acierto”, apunta.
Los tejidos como el raso, el terciopelo y la estameña, vuelven a desplegarse en mostradores y talleres listos para convertirse en túnicas que recorrerán las calles en los próximos días. Porque antes de que el silencio de las procesiones lo envuelva todo, el sonido del comercio se activa para vestir la tradición.
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