El obispo de Zamora proclama en Vigo un pregón de esperanza sobre la Semana Santa: "Zamora está acostumbrada a más días de dolor y de pasión que de resurrección”.
En su pregón, el obispo Valera definió la Semana Santa como una oportunidad para la ciudad, destacando la importancia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Zamora, donde el dolor se mezcla con la esperanza

El obispo de Zamora, Fernando Valera, sentado junto al alcalde de Vigo momentos antes de pronunciar su pregón de la Semana Santa de Zamora.
El obispo de Zamora, Mons. Fernando Valera Sánchez, ha pronunciado este sábado en Vigo el pregón de la Semana Santa de Zamora, un discurso marcado por la espiritualidad, la solemnidad y un mensaje central de esperanza cristiana ante el sufrimiento. Bajo la convicción de que “la cruz de Jesucristo es nuestra gloria”, el prelado presentó la Semana Santa zamorana como una expresión de fe profundamente arraigada en la historia, el dolor y la esperanza de su tierra.
Durante su intervención, Valera definió la celebración como “la Semana de Zamora”, una fiesta que, a su juicio, representa una oportunidad para una tierra “fértil y dichosa”, aunque en muchas ocasiones cerrada a su progreso. En ese contexto, subrayó que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se viven en Zamora de un modo especialmente intenso, en una ciudad acostumbrada, dijo, “a más días de dolor y de pasión que de resurrección”.
El obispo quiso trasladar desde Zamora a Galicia una “palabra de esperanza”, insistiendo en que el sufrimiento, la injusticia, la opresión y el sinsentido “son estaciones penúltimas” y no la última palabra sobre la vida del ser humano: “El Señor muerto ha resucitado. El Gólgota no es la última palabra”, proclamó ante los asistentes.
En un pregón cargado de imágenes religiosas, referencias litúrgicas y evocaciones a la tradición zamorana, Mons. Valera recorrió algunos de los principales símbolos de la Semana Santa de la ciudad: desde el Cristo del Espíritu Santo hasta el Resucitado, pasando por la Vera Cruz, las Capas Pardas, Jesús Nazareno, el Santo Entierro, las Siete Palabras o Nuestra Madre. También evocó espacios emblemáticos como la Plaza Mayor, Balborraz, la Catedral, Santa Lucía, Viriato o el Puente de Piedra, presentando a Zamora como una ciudad transformada en Gólgota durante la Semana de Pasión.
Uno de los ejes del discurso fue la permanencia de las llagas del Resucitado como signo de que el dolor humano no desaparece, pero adquiere sentido a la luz de la fe. El obispo se dirigió especialmente a quienes sufren enfermedad, pérdida, maltrato, desesperanza o soledad, a quienes recordó que “no están solos” porque “nuestro Dios crucificado va con ellos”.
Valera también destacó el valor espiritual de besar y adorar la cruz el Viernes Santo, un gesto que vinculó con la identificación de Cristo con todos los que hoy padecen. “Los enfermos, los sufrientes, los dolientes son la carne de Cristo”, afirmó, en una de las partes más personales de su intervención.
El pregón dedicó asimismo un amplio espacio a la figura de la Virgen María, presentada como símbolo del dolor de las madres y de la esperanza que no claudica. El obispo repasó las distintas advocaciones marianas de la Semana Santa zamorana, como la Soledad, la Amargura, la Virgen de los Clavos o la Esperanza, para subrayar que Zamora “sabe de María” y se reconoce en su sufrimiento y en su fidelidad.
Junto al contenido espiritual, el obispo puso en valor la riqueza patrimonial, artística y popular de la Semana Santa de Zamora, destacando el legado de imagineros como Ramón Álvarez, Mariano Benlliure, Antonio Pedrero, José Luis Coomonte, Quintín de Torre, Víctor de los Ríos, Ricardo Flecha o Hipólito Pérez Calvo. También reivindicó la unión entre la tradición popular de barrios y arrabales y la dimensión pública y multitudinaria de las procesiones del Triduo Pascual.
En el tramo final de su alocución, Mons. Fernando Valera afirmó que Zamora quiere vivir “a la sombra de la cruz” para no ser “ya nunca más crucificada”, y defendió que la resurrección ofrece a la ciudad y a sus habitantes motivos para “revivir y esperar”. “Por la resurrección que celebráis y procesionáis, nuestra Zamora tiene motivos para revivir y esperar”, concluyó.
El acto terminó con una invitación al silencio y a la meditación, antes de escuchar de nuevo la plegaria que el obispo realizó el Miércoles Santo de 2025 ante el Cristo de las Injurias, en voz de Sara Pérez Tamames. Mons. Valera cerró su intervención agradeciendo “este inmenso honor”.
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