Redención: el peso de la historia sobre los hombros
La obra cumbre en imaginería de Mariano Benlliure será levantada por cuarenta cargadores a las cinco en punto de la madrugada de este Viernes Santo, marcando un hito en la Semana Santa de Zamora; se cumple así el mandato de la asamblea, aunque muchas aristas planean todavía sobre esta decisión

Primer plano del Jesús de Nazaret de Redención. / Archivo
¿Mantendrá la armonía del conjunto concebido por su creador? ¿Serán suficientes cuarenta cargadores para soportar su peso? ¿Se apreciará a pie de acera la misma belleza que lo ha convertido en pieza fundamental de la Pasión? ¿Habrá consolidación o será flor de un día? Muchas preguntas y apenas unas horas para obtener las respuestas. Redención regresa a hombros. Lo hace cumpliendo el mandato de la asamblea, pero con una férrea oposición de expertos, devotos y profanos. A las cinco de la madrugada de este Viernes Santo, como siempre tras La Caída, el bautizado como "El redentor camino del Gólgota" se presentará ante los zamoranos con su nueva piel y marcará, sin duda ninguna, el momento clave de esta Semana Santa 2025.
La opinión de cada cual a favor o en contra de esta reformulación de Redención está justificada en su punto. Pero hay una certeza inexcusable que involucra a su creador. Mariano Benlliure, en plena madurez de su carrera, concibió esta obra como un conjunto formado por tres figuras y la mesa que hasta el pasado año las sostenía. Fue él mismo quien talló a un Jesús de Nazaret nunca antes visto en la imaginería española, acompañado de Simón de Cirene al auxilio de la pesada carga de la cruz y María Magdalena en pleno lamento. Además, de su lápiz nació el diseño de la mesa que se encargó de ejecutar el discípulo Juan García. Esta estructura, de reducidas dimensiones, incluía la colocación de unos banzos exteriores para ayudar en la carga y así fue como desfiló un número reducido e indeterminado de años, hasta que el consenso dictó que la mejor solución era colocarle ruedas.
El trabajo de García ha sido recientemente diseccionado por una empresa de Sevilla para replicarlo y colocarlo en la nueva mesa. Una suerte de trampantojo del que ha resultado la copia exacta de las tallas de las misericordias y virtudes teologales que Benlliure quiso que formaran parte de su redentor. Visitar al enfermo, dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo y enterrar a los muertos. Todo ello se ha escaneado de manera digital en 360 grados para alcanzar una reproducción fiel y leal, aunque el remate final ha nacido de las manos de Javier García en Zamora, quien ha podido terminar el encargo con las piezas originales delante de sus ojos.

Redención: el peso de la historia sobre los hombros
El resultado de todo esto ha sido minuciosamente colocado alrededor de una mesa diseñada para cuarenta cargadores, una medida considerada apropiada por sus impulsores para no desdibujar el paso. El conjunto que desfiló hasta el pasado año empujado por seis hermanos pesaba 1.300 kilos, pero ha sido necesario aligerar ciertos elementos para evitar un exceso de fatiga en los hombros del equipo. La mejor muestra de ello se encuentra en los relieves, cuyas réplicas han sido vaciadas por dentro en un reto sin precedentes para reducir así su pesaje.
El nuevo Redención se presenta este Viernes Santo ante los zamoranos con el desafío de emocionar sin perder la esencia, de dejar al público boquiabierto sin que el conjunto sufra. Su puesta a hombros cumplirá con lo ordenado por los hermanos, pero bajo esos banzos irá también el peso de respetar una de las obras cumbre de la imaginería española que, por suerte, es patrimonio de toda una ciudad.
Una adquisición nada armoniosa
Corría el año 1931 cuando los zamoranos pudieron conocer, por fin, la obra del valenciano. Un encargo convertido en obsesión nacido en el seno de Jesús Nazareno y cuya financiación provocó no pocos quebraderos de cabeza. Desde unos cuantos cursos antes, la Congregación trató de armonizar el ambiente para implicar a las instituciones en el pago del nuevo pasaje que debía desfilar en la procesión del Viernes Santo. Sin embargo, el esfuerzo del Ayuntamiento de Zamora resultó en vano y la Junta de Fomento abandonó el proyecto por carecer de fondos. Dos contratiempos que, como recuerda José Andrés Casquero en el volumen "Pasos e imágenes de la Congregación", obligaron a la cofradía a buscarse la vida hasta el punto de pedir permiso al obispo para vender un par de túnicas de terciopelo y un manto negro de su propio ajuar, así como unas maderas halladas en la desaparecida iglesia de San Pablo. Todo ello, sumado a una colecta entre hermanos pudientes para poner 500 pesetas cada uno, hasta llegar a las 25.000 exigidas por el maestro.
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