La Buena Muerte y el coro que rompió el silencio
La Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte cumple este año medio siglo de historia en compañía de su coro, que se ha convertido en la voz que guía cada paso de la procesión que recorre el casco antiguo en la noche del Lunes Santo

Uno de los concierto ofrecido por el coro de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en San Ildefonso. / A. P (ARCHIVO)
Una de las bandas sonoras de la Semana Santa zamorana es, sin duda, el cántico "Jerusalem, Jerusalem", obra de Miguel Manzano, que cada Lunes Santo reúne a cientos de personas en la plaza de Santa Lucía.
El coro de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte es el encargado de hacer sentir a toda la plaza y durante el recorrido de la procesión —puesto que este canto se puede escuchar también en la iglesia de San Vicente, antes de iniciar el recorrido, en el arco de doña Urraca y la primera de las estrofas durante la bajada por la cuesta de Balborraz— ese recogimiento que es seña de identidad inequívoca de la Pasión de esta ciudad.
Ruptura con lo establecido
La hermandad celebra este 2025 sus cincuenta años y el coro la ha acompañado en casi todos sus recorridos por el casco antiguo, ya que se creó apenas dos años después de su fundación. "Van prácticamente de la mano", asegura Fernando Fernández Felice, uno de los miembros del coro más veteranos, superando las tres décadas de vinculación, quien destaca que, en sus inicios, significó una auténtica ruptura con lo establecido, ya que en los años setenta no era habitual escuchar cánticos durante los desfiles procesionales.
En el repertorio inicial se incluía el canto gregoriano "Dies irae", retirado poco después a raíz del Concilio Vaticano II, que no lo veía preceptivo "por ser muy apocalíptico y dar un mensaje poco esperanzador", argumenta. Fue esa la razón por la que la directiva se puso en contacto con Miguel Manzano para que compusiera una obra que encajara con la filosofía de la cofradía. "Se inspiró en los textos de las Lamentaciones de Jeremías y, desde el primer momento, se convirtió en el santo y seña de la Buena Muerte", reconoce.
Galardón muy especial
Dirigido en la actualidad por Francisco Rapado Rodríguez —quien relevó en el cargo a Adolfo Madrid Martín a mediados de los años ochenta— el coro ha recibido un galardón muy especial en este año de aniversario. Se trata del Bombardino de las Capas, que comparte con los compañeros del coro de la Hermandad del Santísimo Cristo del Espíritu Santo "por su valiosa aportación a la música coral de la Semana Santa"

Cántico del «Jerusalem, Jerusalem» en la plaza de Santa Lucía. | EMILIO FRAILE (ARCHIVO)
Este premio obligó al coro a modificar sus ensayos, puesto que ambos ofrecieron un concierto en la iglesia de San Ildefonso en el que combinaron los cánticos de ambos. Y es que, aunque la obra de Manzano es un auténtico himno para esta hermandad, el coro de la Buena Muerte tiene un repertorio que incluye piezas de otro compositor zamorano, Enrique Satué Ferrero, como "Tenebrae factae sunt", "Velum templi" o "Las siete últimas palabras de Cristo", junto a "Vexilla regis", de Caspar Ett, que pone el final sinfónico a esta procesión cada Lunes Santo, ya de vuelta en la iglesia de San Vicente.
San Ildefonso es el templo donde ensayan desde finales de enero o principios de febrero, dependiendo la época en la que se celebre la Semana Santa. "Aunque todos los años es el mismo repertorio, siempre tenemos que corregir errores de afinación. Además, muchos de los miembros no cantamos durante el resto del año y la voz es como cualquier músculo, hay que ejercitarlo y necesita entrenamiento", compara Fernández Felice.
Los ensayos
Otra complicación añadida a estos ensayos es que gran parte de los miembros del coro son de fuera —hermanos de Madrid o Toledo, por ejemplo— así que a menudo no pueden practicar los quince miembros del grupo. También tienen muy en cuenta que muchos se tratan de cánticos a tres voces y que entonar mientras se desfila, a pesar del respetuoso silencio, se complica al no poder escuchar bien a los compañeros. "De ahí que tengamos que ir todos muy seguros de lo que cantamos y la importancia, por tanto, de estos ensayos", razona este componente de una agrupación que tiene a miembros que van desde poco más de veinte años hasta los que se acercan a los sesenta.
Este pasado Sábado de Pasión, los hermanos del coro tenían su último ensayo en San Ildefonso para aunar voces y lograr contagiar esa devoción a todos los que acudan a disfrutar de la procesión nocturna del Lunes Santo.
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