Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Una fe a prueba de nubarrones

Bajo un cielo amenazante, la Hermandad Penitencial de Nuestro Señor Jesús de Luz y Vida decidió un recorrido alternativo, sin paso por el Puente de Piedra ni llegada al cementerio, pero con 700 cofrades caminando al ritmo de los tambores y acompañando al Cristo de Hipólito Pérez Calvo

VÍDEO | Vuelve a ver la procesión de Jesús, Luz y Vida en tres minutos

David Tesfamical de las Heras

B. Blanco García

B. Blanco García

Mirando al cielo, como se prevé que haga la mayoría de cofradías y hermandades esta Semana Santa —al menos hasta el Miércoles Santo—, los cofrades de la Hermandad Penitencial de Nuestro Señor Jesús de Luz y Vidaiban entrando en la Catedral de Zamora. Los más madrugadores, con una gran sonrisa, puesto que a las siete de la tarde se podía disfrutar de un sol radiante que poco hacía presagiar lo que se avecinaba. Los hermanos menos puntuales no veían tan claro el poder cumplir con la tradición, puesto que poco antes de las ocho de la tarde —hora prevista de salida del desfile procesional— ya se asomaban amenazantes nubarrones por el horizonte.

Con las ocho campanadas comenzaron las primeras gotas y fue entonces cuando la directiva decidió esperar media hora en el templo para determinar qué opción tomar entre las dos posibles: o recorrido corto o suspensión.

En la plaza de la Catedral y por la bajada del Obispo los zamoranos se impacientaban por saber qué iba a suceder, pues no querían perder la segunda delas procesiones de la Semana de Pasión, a la que tan malas previsiones meteorológicas acompañan en estos primeros días.

Primeros tambores

A punto de marcar los relojes las ocho y media, se comenzaron a escuchar los tambores para iniciar un recorrido acortado por la amenaza de lluvia. Volvía a repetirse la situación vivida por los hermanos de la Hermandad del Santísimo Cristo del Espíritu Santo.

Todavía era de día cuando salieron a la plaza de la Catedral los primeros hermanos, con los cuatro tambores marcando el ritmo de la marcha y la mayoría de los cofrades con el reglamentario zapato negro, pero también si calzado. Pies tocando la piedra en señal de penitencia.

Esta iba a ser, en principio, otra de las procesiones que recuperaba su recorrido tradicional, una vez que se había reabierto el Puente de Piedra hace unas semanas, de ahí que esa zona junto al Duero fuera uno de los puntos donde más cofrades de acera se congregaron en principio, pues era un escenario novedoso tras la restauración del viaducto y lugar privilegiado para los amantes de la fotografía.

Recorrido alternativo

Todos ellos tuvieron que reubicarse a última hora para irse colocando por la plaza de Santa Lucía si querían disfrutar de la procesión. Más complicado lo tenían aquellos que habían decidido acercarse a los barrios de Cabañales y Sepulcro, hasta el cementerio, donde iba a celebrarse el acto de la oración ofrenda, que se trasladaría hasta el atrio de la Catedral, una vez finalizado el recorrido, que hizo transitar a los hermanos por un recorrido similar al del pasado año, subiendo por Alfonso XII, Ramos Carrión, plaza de Viriato, rúa de los Francos y rúa de los Notarios hasta la seo.

Traslado de la mesa de Luz y Vida de la panera de la Junta pro Semana Santa hasta la Catedral

A. P.

El barandales anunciaba el desfile y, tras él, los primeros cuatro tambores de la procesión y una de las grandes cruces de madera, la de los Ausentes, cargada a hombros por cinco cofrades, tras la que aparecía el primero de los estandartes con el grabado de palabras del Evangelio "Es la luz que ilumina a todos los hombres".

De rosas blancas estaba adornada la segunda de las cruces que cargaban en andas 18 hermanos y, de nuevo, un estandarte con la frase "El que me siga tendrá la luz de la vida". Comenzaba a soplar un aire más frío, que templó la música del cuarteto de viento de la hermandad.

Paso pausado de los hermanos, en doble fila, coordinados gracias al son de los tambores y acompañados por el coro, que iba entonando "De profundis" para acompañar todo el recorrido.

Y fue así como los cerca de 700 cofrades, ataviados con un hábito que recuerda a los monjes cistercienses, en color blanco roto, acompañaron al Jesús implorante, en expresión de súplica, que tan bien supo reflejar en madera el maestro zamorano Hipólito Pérez Calvo. Una imagen que mira al cielo, como los zamoranos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents