Mariano Benlliure, la precocidad del genio

Zamora es la gran afortunada del legado del valenciano con su primera obra, El Descendido, y Redención, el mejor ejemplo de su madurez artística

Belliure, en su madurez, ante una de sus tallas.

Belliure, en su madurez, ante una de sus tallas.

"¡Zamora, Zamora, si con los ojos abiertos la estoy viendo siempre, qué será con los ojos cerrados!". La frase atribuida a Mariano Benlliure fue publicada en El Correo de Zamora en la Semana Santa siguiente a la muerte del escultor, fallecido en noviembre de 1947. Nacido en 1862 en Valencia, llegó a Zamora con su padre, a quien el ingeniero Federico Cantero Villamil, había encargado la decoración de su casa. La influencia del promotor de la presa de El Porvenir y del ferrocarril a Medina fue decisiva para que, siendo un adolescente que aún no había cumplido los 16 años, la Cofradía del Santo Entierro le encargara el paso de El Descendido. Ya es leyenda la dificultad enorme que entrañó su realización en su piso de Madrid. Zamora conserva, pues, su primera obra de autor y la mejor escultura de su madurez: Redención, para la cofradía de Jesús Nazareno. Si no hubiera sido por cuestiones económicas, el patrimonio zamorano de Benlliure sería aún más extenso. Pero le cabe el honor de contar con dos muestras extraordinarias y genuinas del artista.