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La Opinión de Zamora

“Cristo, tú eres el amor crucificado”

Juan Emilio Antón llama a los fieles a una religiosidad activa, en una ofrenda ante la imagen de las Injurias que precedió a la primera petición del silencio del obispo Valera

Antón ofrece el juramento de Silencio, junto al obispo. EMILIO FRAILE

“Hoy deseamos ofrecerte nuestro silencio como oración contemplativa. Vamos a marchar en procesión manteniendo el máximo de recogimiento, evitando que nuestra abstracción sea perturbada por el gentío que espera en la calle para ver tu imagen. Te pido que nos ayudes a caminar contigo, en silencio de palabra, desconectados del exterior, pero también y fundamentalmente te pido que nos ayudes a mantener silencio de mente para poder escucharte”. El doctor Juan Emilio Antón pudo, por fin, pronunciar la ofrenda del Juramento del Silencio en el atrio de la Catedral, aplazada desde 2019 un año por lluvia y dos por pandemia, mientras que acto seguido el obispo Fernando Valera pedía por primera vez silencio a los cofrades del Cristo de las Injurias.

Antón ofrece el juramento de Silencio, junto al obispo. | Emlio Fraile

Y lo hizo recordando que “el mundo está viviendo momentos difíciles. Sufrimos desde hace más de dos años una nueva y peligrosa enfermedad. La naturaleza nos demuestra, una vez más, que hay muchas cosas que no conocemos y que no somos dueños de nuestras vidas. Observamos una guerra cruel que se está produciendo gran destrucción y muerte. De nuevo la soberbia y el egoísmo ofuscan la inteligencia de los hombres. Evidentemente somos seres limitados e imperfectos”.

Y, sin embargo, seguimos siendo prepotentes, “que solamente con nuestra razón somos capaces de conocer todo, de hacerlo todo bien, y no es así. Deberíamos ser más humildes, admitir que, solos, no podemos, que estamos necesitados de ayuda.”

Dirigiéndose en todo momento al Cristo de las Injurias, imploró su ayuda: “Ante tu cruz universal, señor, te presentamos nuestras cruces personales. Ayúdanos. Ante tu cruz de vida eterna, también nos acordamos ahora de las personas que nos han dejado: familiares y amigos, conocidos, desconocidos…te rogamos señor, por todos ellos. Dales tu amor, tu luz, tu cercanía”.

No faltó el guiño a la entrada de mujeres: “Este año nuestra cofradía se ha hecho más hermandad. Ahora, en esta plaza hay mujeres. Mujeres que siempre han sido hermanas y que hoy, por fin, son además cofrades. Fueron fundamentalmente mujeres, las que en el Gólgota, estuvieron a tu lado y son ahora principalmente mujeres, las que mantienen viva la práctica religiosa en nuestras iglesias”.

Cada uno tenemos nuestra propia forma de sentir la espiritualidad. En la vida diaria muchos de nosotros somos religiosamente tibios.

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Tras reconocer que “cada uno tenemos nuestra particular forma de sentir y de vivir la espiritualidad”, indicó el oferente que “las procesiones de la Semana Santa tienen mucho de cultura y tradición y en la vida diaria muchos de nosotros somos religiosamente tibios. Sin embargo hoy estamos aquí porque nos has convocado y hemos respondido a tu llamada. Porque nos atraes, porque te llevamos en lo más profundo de nuestro corazón. Sí, Cristo, nos atraes, te queremos, pero no te conocemos bien, necesitamos conocerte más para amarte mejor. Ayúdanos a buscarte activamente para que lleguemos a experimentarte claramente en nuestra vida”.

Hermanos, el Cristo de las Injurias nos está mostrando al Dios que se encarnó para enseñarnos a amar, al hombre que murió para enseñarnos a perdonar. Definitivamente, Cristo, tu eres el amor crucificado”.

Y pidió al Cristo que nos enseñe el verdadero amor, “la auténtica felicidad que ansiamos y que, ofuscados en este mundo material en que vivimos, no sabemos comprender ni abrazar”.

Hermanos, ante la imagen de nuestro amadísimo Cristo de las Injurias, en esta noche santa, abramos de par en par las puertas de nuestro corazón a Cristo. No tengamos ningún miedo a dejarle entrar”.

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