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José Alberto Sutil Predicador del Sermón del Descendimiento de Bercianos

“En Bercianos y Aliste se vive la Pasión con humildad y devoción”

“Rezo por la paz; las guerras son un fracaso para la humanidad. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos”

José Alberto Sutil Lorenzo Ch. S.

José Alberto Sutil Lorenzo nació en Zamora el 12 de junio de 1979. Hijo de José María, maestro jubilado, alistando de Fraileros, y de Carmen, ama de casa, de Toro. Con su hermana María Elena comparte afición por Tolkien. Ordenado presbítero el 25 de mayo de 2006, ahora párroco en Benavente y profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, será el predicador del Sermón del Descendimiento del Santo Entierro de Viernes Santo en Bercianos, a las 16.30 horas.

–Orgullosos de Toro y Aliste, paisanos, padres y hermana.

–Así es. Con mi hermana comparto la afición por los idiomas. Mi vocación frustrada es la de traductor. Cuando hice la prescripción para la Universidad hace ahora veinticinco años de las diez opciones, ocho eran filologías, comenta entre risas, porque me gustan mucho los idiomas. Pero también porque tenía miedo de decirle a mi padre que quería estudiar teología, ir al Seminario y ser sacerdote. Sabía que no le iba a gustar, como así fue. Pero Dios se encargó de arreglar las cosas.

–Fradellos, pueblo acogedor y de buenas gentes. Tierra de sus orígenes, vivencias y recuerdos.

–Aunque he vivió más tiempo en Toro, pueblo de mi madre, también íbamos con regularidad a Fradellos. Forman parte del imaginario de mi niñez La Puente, la Parroquia de San Miguel, el río Cebal y sobre todo la romería de la Virgen de Fátima. Los hermanos claretianos Martín y Vicente siempre estaban, pues sus padres fueron los que costearon el monumento a la Virgen de Fátima, que se encuentra a la entrada del pueblo. Y nos repartían a los chavales rosarios de plástico y libritos con la historia de las apariciones de Fátima. Soy de la parroquia de Lourdes de Zamora. Lourdes y Fátima. Las dos grandes apariciones de la Virgen en el mundo contemporáneo, y reconocidas por la Iglesia. Recuerdo también con cariño a mis tíos Antonia y Federico –y todos los primos– con sus ganados de ovejas. A los vecinos. Muchos recuerdos.

–¿Qué significa para usted Aliste y y sus tradiciones?

–Es lo que dice Jesús dando gracias al Padre, porque ha escondido los secretos del Reino a los sabios de este mundo y se los ha revelado a los pequeños y sencillos. Aliste es una tierra bendecida por la gracia de Dios. Hay un sentimiento religioso natural que se palpa. Muy buenas gentes.

Aliste es una tierra bendecida por la gracia de Dios. Hay un sentimiento religioso natural que se palpa

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–¿Qué valores destacaría de las tierras alistanas y pueblos?

–La gente de Aliste se caracteriza por su cercanía, humildad y hospitalidad. Lo que tienen te lo dan. Son, somos, así. Y es gente muy trabajadora. Mucho. Una estampa que todos conocemos es la de mujeres cargadas de año y vestidas de luto yendo todavía a “faenar” a las tierras. Y las cortinas de Aliste no son fáciles de trabajar. Esta tierra, como la de Sayago, no es muy fértil, tiene muchas piedras. Hay que trabajarla mucho y duro para conseguir algo. En Aliste se trabaja mucho, uno se sacrifica mucho, se gana el pan con el sudor de su frente más que en otros sitios.

–¿Cómo se vive la religiosidad y semana Santa en Aliste?

–Benedicto XVI tiene una expresión que creo que viene al pelo para esta ocasión “la fe se ha hecho carne y sangre”. Esto es lo que pasa en Aliste. No se trata de poses, funciones teatrales o de un “postureo”, como dicen los chavales hoy día. Se trata de vivir lo que significa la Semana Santa: morir y resucitar con Jesús. Y hacerlo al modo alistano, al nuestro, que es el modo que Dios ha elegido: sencilla, humilde y pobremente. Hay una simbiosis perfecta.

–Predicador del histórico Santo Entierro en Bercianos.

–Es un gran honor para mí, pero también una grave responsabilidad. A veces los sacerdotes no somos conscientes de que nuestra palabra –que no es nuestra, sino del Señor– es pronunciada y escuchado en ámbitos y momentos privilegiados, como es el caso. Poder predicar el sermón del Descendimiento del Viernes Santo de Bercianos, Bien de Interés Cultura, “Bien Inmaterial de la Humanidad”, será uno de los momentos más importantes de mi vida. Por mis orígenes alistanos, por la amistad con algunas personas de aquella parroquia —estoy pensando en David, que trabajó en las obras del Seminario San Atilano, o en las familias de Carlos y de Víctor, que estuvieron en el Seminario Menor, o de Alejandro que está ahora— por la hermandad con el párroco actual, don Pedro Faúndez, y porque es una oportunidad de devolver tanto bien recibido de aquella tierra y aquellas gentes. Cuando era seminarista y en los primeros años de sacerdocio celebré varias veces la Semana Santa en diversas parroquias de Aliste. He participado en el Viernes Santo de Bercianos algún año. Y me sobrecoge el canto del Miserere y la procesión hasta el Calvario.

He participado en el Viernes Santo de Bercianos algún año. Y me sobrecoge el canto del Miserere y la procesión hasta el Calvario

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–¿Cómo ve y valora el fenómeno de la despoblación rural en tierras alistanas?

–Lo veo con preocupación, pero también es verdad que contemplar las cosas en términos absolutos nunca ayuda. El fenómeno de la despoblación rural en Aliste y en Zamora, eso que se llama “la España Vaciada”, forma parte de una realidad más amplia. Castilla y León es la comunidad autónoma con menos densidad de población en habitantes por kilómetro cuadrado. Y eso hace que la sangría de población, o el envejecimiento de la pirámide poblacional, sea más claro. Dicho esto, tenemos que continuar haciendo reclamos legítimos por el bien común en sanidad, escuela, comunicaciones (pienso especialmente en internet).

–Lo ultimo que debemos es perder la esperanza.

–Hay que tener fe. Yo ahora soy párroco en Benavente y me dicen que no hay un pediatra fijo allí. Les pregunto a los padres de catequesis y a los amigos de mi edad y me dicen que es que ningún médico quiere ir a un pueblo. “¿Benavente, un pueblo?”, pienso yo. “¿Cómo es esto posible?”. He sido párroco rural durante cinco años y he sido muy feliz: en Morales del Vino, El Perdigón, Entrala, San Marcial, Tardobispo, Cazurra y Pontejos. Antes de que el obispo me destinara a Benavente en septiembre del año pasado, fui párroco dos años en Toro y seis pueblos de su alfoz (Morales, Pinilla, Tagarabuena, Vezdemarbán, Villaonso, Villardondiego y Villavendimio). En los pueblos se vive muy bien y, gracias a Dios, con los medios de transporte que tenemos hoy, podemos estar comunicados sin problema. En este sentido, nuestra diócesis está dando ejemplo de permanencia y atención a tantas parroquias y pueblos, precisamente allí donde parece que nadie quiere ir.

–Muchos pueblos y pocos párrocos. ¿Cómo lo hacéis en épocas como Semana Santa?

–Algunos santos tenían el don de la bilocación, es decir, estar en varios sitios a la vez, pero nosotros, o al menos yo, no tengo ese don (se ríe). La verdad es que la Semana Santa, al ser la época del año más intensa litúrgica y espiritualmente te pone a prueba, pero así es nuestra vida, al servicio de los demás. De mi párroco de toda la vida, Don Rogelio Prieto, he aprendido a repetir unas palabras de San Pablo “me gastaré y me desgastaré por vosotros” (2 Cor 12,14-15). Junto a eso, hay que decir, que los sacerdotes nos ayudamos unos a otros y los que tiene menos celebraciones ayudan a los que tienen más. Todos formamos parte de un presbiterio, somos una familia de hermanos. Y los hermanos están para ayudarse.

–¿Qué lugar de Aliste le gusta visitar o recorrer?

–No sabría decirte. Mi pueblo, Fradellos, por supuesto. Pasear tranquilamente por allí, a orillas del Cebal. También visitar Alcañices e ir al cementerio a rezar ante la tumba de mi abuelo Marcelino, que fue usuario de la Residencia de Cáritas. Pero también Bercianos, Domez, Valer, Mellanes, Flores, Samir, tantos sitios… El paisaje de Aliste tiene un encanto especial. Todo es perfecto. Habla de Dios.

–¿Ha tenido alguna persona alistana que le haya cautivado por sus valores u oficio?

–Sin duda, mi tío abuelo Teodoro, hermano de mi abuela Felisa. Era el herrero del pueblo, un tipo estupendo que buscaba ramas de árboles curiosas para hacer animales de madera. Siempre estaba haciendo bromas y de buen humor. Recuerdo que de niño me fascinaba la fragua y aquel hombre de manos grandes que me parecía, sinceramente, de otro mundo.

Lo que está ocurriendo en Ucrania es terrible, una especie de guerra civil. Porque rusos y ucranianos son hermanos

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–Pasión de Cristo. Una injusticia tras otra. Y no aprendemos. ¿Cómo ve la guerra de Ucrania?

–Alguien dijo que toda guerra es un fracaso para la humanidad. Me sorprende hasta cierto punto que se hable tanto de la guerra de Ucrania cuando ahora mismo en nuestro mundo habrá unos cincuenta conflictos armados declarados y nadie habla de ello. ¿Por qué no hablamos de Siria? ¿Ya no interesa? Y podríamos seguir. Hoy en día la información es poder. Y parece que tenemos que hablar de lo que se nos informa. Por otra parte, lo que está ocurriendo en Ucrania es terrible. Y es una especie de guerra civil. Porque rusos y ucranianos son hermanos. Y son cristianos, ortodoxos, pero cristianos. De hecho, fue el príncipe San Vladimir de Kiev, la actual capital de Ucrania, el que se convirtió al cristianismo en el año 988. Solo después, siglos después, vendría el Patriarcado de Moscú. No hay que olvidar que Rusia ha ido tomando un afán mesiánico y expansionista (fueron los que frenaron a Napoleón). Con todo, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

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