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Mis vivencias en los años 50 en mi barrio de san Lázaro

Devoción por los siete cristos más queridos para mí de Zamora

Domingo García junto a su nieto, con la túnica de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente

Por los años cincuenta yo vivía con mi madre y mis hermanos en el barrio de San Lázaro. Mi barrio muy querido y nunca olvidado. Yo vivía en la calle del Sol aunque mi casa daba también a la calle de Valorio. La calle del Sol era como la arteria que dividía el barrio y empezaba por el norte por lo que hoy es el ambulatorio del Molino, y terminaba en la plaza del Mayo en el sur. El recorrido que teníamos que hacer hasta llegar a mi casa era un camino largo pero muy familiar. Todo el mundo se conocía, había una convivencia entre los vecinos y era muy duradera. Cuando llegaba la Semana Santa, las aceitadas, las pastas, magdalenas… Como no se podían comprar, mi madre, las hacia en la panadería de Enrique que estaba cerca de la iglesia de San Lázaro en el entorno de la calle Puentica o Trastola. Mis hermanos o yo ayudábamos a mi madre a llevar las “materias primas”: aceite, azúcar, huevos y harina… Y allí en la panadería se encontraban todas las vecinas del barrio para hacer las “delicias” gustativas de la Semana Santa.

En el año 53 mi madre vendió la casa de San Lázaro para comprar otra por el centro. A mí, casi me cuesta una enfermedad. Yo quería el barrio de San Lázaro y quería la casa con corral que teníamos.

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Mención muy merecida es el recuerdo del gran párroco que fuera por los años 40 y 50 en la Parroquia de San Lázaro D. José María Carrascal. Fue el “paño de lágrimas” de todo el barrio por los años de la posguerra. Murió como Canónigo de la Catedral en su casa de San Torcuato

En el año 53 mi madre vendió la casa de San Lázaro para comprar otra por el centro. A mí, casi me cuesta una enfermedad. Yo quería el barrio de San Lázaro y quería la casa con corral que teníamos.

De la Semana Santa siento especialmente a siete de sus cristos, de cada uno tengo mi devoción particular. Quiero seguir un orden cronológico por orden de la Semana Santa. Empiezo por el Jueves de Pasión con mi “Nazareno San Frontis”. De autor anónimo, siglo XVII, escultura barroca. En el barrio de San Frontis se le llama “El Mozo de San Frontis”.

Por los años 90, yo compré una finca en Zamora en zona de “Los Llanos” y los comentarios de amigos y conocidos era la mala compra que había hecho, pues no tendría agua porque en esa zona no la hay. Yo me arriesgué y después de todos los permisos (muchos) contraté una empresa para perforar y después de 5 días intentando sacar agua, el día 21 de marzo de 1994, Jueves de Pasión a las 5 de la tarde empezó a salir agua que una manguera de una pulgada el manantial no se agota. Por eso al pozo lo llamé “El Mozo de San Frontis”.

A pesar de mi ausencia de Zamora, le sigo teniendo un gran cariño al Cristo, al barrio de San Frontis y a su Párroco José Ángel. También homenaje merecido a quien fue pastor, como a él le gustaba decir, D. José Escribano, que falleció en julio de 2002. Estuvo de párroco 43 años. A mí me llamaba “parroquiano de fin de semana”. La parroquia de San Frontis es la más grande de extensión de la Diócesis en Zamora, y tiene sus puntos de culto de Carrascal a Cabañales y Sepulcro.

Con muy pocos años, mis hermanos mayores me llevaban a la Iglesia a ver nuestro “Cristo de la Tercera Caída”. Esa mirada hacia arriba, con la rodilla en el suelo, los músculos tensos y el sudor en su frente plasmados por Quintín de la Torre.

"Oh, Jerusalem"

El tercer Cristo de mis favoritos de Zamora, es el “Cristo de la Buena Muerte”. Siendo párroco o vicario de mi buen amigo Pepe Álvarez, yo visitaba mucho la iglesia de San Vicente. Pues vivía muy cerca. La obra de Juan Ruiz de Zumeta es perfecto para la noche del Lunes Santo. Los Hermanos con las túnicas y cogulla de estameña blanca portando teas; el Cristo con la cabeza en alza y los pies rozando el suelo empedrado por la Cuesta de Balborraz, y llegar a la plaza de Santa Lucía por la calle de Zapatería, es todo un espectáculo y sentimiento. Frente al Palacio del Cordón, el coro de Hermanos entona el “Oh, Jerusalrm” que compusiera nuestro Maestro Miguel Manzano.

Llegamos al Cristo más conocido, por su belleza y grandiosidad de todos los Cristos de Zamora. “El Cristo de las Injurias”. Llamado también en Zamora “el Cristo de las Tres Caras”, según la posición que lo veas. Es la procesión que los que estamos fuera de Zamora queremos llegar a ver el Miércoles Santo. En mi familia, mi hermano Gorgonio hace cuatro años fue mayordomo y este año le toca a mi sobrino Raúl. Yo no lo podré ver. En este punto, me viene la nostalgia cuando mi madre vivía en la plaza de la Leña y todos los Miércoles Santos, cuando entraba la Procesión le tenía preparada la cena a mi hermano y a mi sobrino. El menú, siempre era el mismo: Sopas de ajo, dos huevos fritos y un filete. A mí me vestía el Jueves Santo para salir en la procesión del Yacente. ¡Cristo de las Injurias! Cuántos zamoranos y zamoranas pasean hasta la Catedral para verte, otros para dar gracias y la mayoría para pasear, pues la catedral está cerrada por seguridad.

El Yacente ha sido y sigue siendo el Cristo que diariamente me acompaña en el devenir del día a día. Mientras estuve en Zamora, Él me protegió, y ahora en Castellón también me protege. Queda como testigo mi nieto Javier

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Con el Jueves Santo a las 11 de la noche hace presencia en Zamora el “Cristo Yacente” que yo considero “algo” mío por lo mucho que me toca. El Yacente ha sido y sigue siendo el Cristo que diariamente me acompaña en el devenir del día a día. Mientras estuve en Zamora, Él me protegió, y ahora en Castellón también me protege. Queda como testigo mi nieto Javier, que ya está en la Hermandad desde 2015. En mis 31 años que fui hermano del Yacente que no falté a ninguna procesión, asamblea y viacrucis en la Cuaresma. Era mi obligación. La noche del Jueves Santo a las 11 yo estaré presente (en la distancia) con todos mis hermanos en la Iglesia de Santa María la Nueva y recordaré las palabras de nuestro Hermano Mayor: “Abran las puertas, comienza la procesión”.

Con el sexto Cristo de Zamora me vienen recuerdos de mi niñez. Es para el Cristo del paso “Redención”. Es del valenciano Mariano Benlliure del año 1931. Antiguamente se permitía que a los pasos los acompañaran personas que habían hecho alguna promesa o que fueron devotas de la imagen. Una de estas personas que acompañó al Cristo de Redención fue mi madre, que a las 5 de la mañana estaba el Viernes Santo a la puerta de San Juan para acompañar al Cristo. Según los entendidos. Por último y fuera de la Semana Santa, hay en Zamora un Cristo un tanto escondido y poco valorado. No se sabe ni de qué época es y menos su autor. Solamente un buen amigo me dijo que se llamaba el “Cristo del Perdón”. Es el Cristo del Cementerio. No tiene un tronco bonito ni es espectacular. Está entrando a mano izquierda y es fácil no fijarse en Él. Para mí a diario (durante varios años) pasó desapercibido, hasta que poco a poco, todos los días me acercaba, lo veía, me miraba y nos hicimos buenos amigos. Desde mi ausencia de Zamora, le sigo considerando mi amigo y espero que el día que yo parta… me despida desde su humilde trono, me perdone mis faltas y me acoja en Zamora con mis seres queridos. Ese es mi deseo.

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