La Semana Santa de Zamora, declarada de Interés Turístico Internacional, no solo es apreciada por la estética de sus procesiones, con su austeridad, su silencio y su sentir, sino que también es valorada por su cocina típica. El patrimonio gastronómico que atesora la provincia también cuenta con un buen número de devotos, fieles a las tradiciones culinarias de estas fechas. Repasamos algunos de los platos más populares de estas fechas con los que no puede ni una pandemia global.

Almendras garrapiñadas

Es uno de los imprescindibles de la Semana Santa de Zamora. Aunque se pueden adquirir en cualquier comercio o puesto instalado a pie de calle, las almendras son repartidas especialmente por los hermanos de fila de La Congregación a los hermanos de acera durante la madrugada del Viernes Santo. No obstante, su reparto se ha extendido a más cofradías zamoranas para consolidar este dulce crujiente, elaborado sencillamente con una cobertura de azúcar caramelizado por encima de las almendras, uno de los frutos secos más nutritivos.

Aceitadas

Es uno de los dulces más típicos de Zamora y su olor impregna las calles especialmente en los días de Pasión. Como su propio nombre indica, están elaborados a base de aceite, harina de trigo, azúcar, huevos, canela y anís, según la receta original. Una combinación deliciosa que tras ser horneada adquiere un tono dorado y cuyo sabor es un lujo para el paladar.

Cañas zamoranas

Siguiendo con la repostería, las cañas configuran uno de los postres más populares de la provincia. Se trata de una suerte de canutillos de hojaldre rellenos de crema pastelera y rebozadas en azúcar. Un bocado exquisito, tanto en frío como en caliente, que se deshace en la boca gracias a la textura de la crema, preparada con azúcar, huevo, maicena, canela y limón.

Sopas de Ajo

Tras varias horas procesionando desde las cinco de la mañana, los hermanos de la Cofradía Jesús Nazareno vulgo Congregación realizan un descanso en las Tres Cruces y reponen fuerzas con las sopas de ajo. Un plato caliente servido en su tradicional cazuelita de barro y elaborado a base de aceite o manteca, pimentón, agua, sal, pan y, lógicamente, ajo.

Dos y pingada

Es el almuerzo típico del Domingo de Resurrección. Se trata de un plato sencillo pero con fundamento y condimento. Tras la procesión matutina que pone fin a la Semana Santa y celebra el regreso a la vida de Jesucristo, los establecimientos hosteleros sirven miles de raciones del "dos y pingada": dos huevos fritos y una loncha de jamón serrano vuelta y vuelta a la sartén, según la receta original, si bien es cierto que hoy en día también se suele servir con más embutidos como el chorizo o la panceta además de pan tostado para pingar la yema del huevo. El origen del plato se remonta a mediados del pasado siglo XX en el barrio de La Horta, donde los cargadores y directivos de la cofradía volvían a comer carne después del periodo de abstinencia.

Además de estos cinco manjares principales, también encontramos otros apetitosos productos también propios de estas fechas como los rebojos, las torrijas, el potaje de vigilia o el bacalao a la tranca que dan fe del rico patrimonio gastronómico de Zamora antes, durante y después de Semana Santa.