El Cristo de la Tercera Caída y la Virgen de la Amargura no salieron el procesión pero pudieron sentir la cercanía de los fieles que formaron cola en la iglesia de San Lázaro para asistir a la exposición de la que formaron parte, junto con las cruces, el libro de difuntos y otros enseres de la hermandad.

A falta de procesión, la Hermandad que normalmente desfila en la tarde del Lunes Santo ha llevado a cabo una serie de actos durante los días previos y también preparó una celebración especial para suplir la falta de salida procesional a las calles.

Concretamente el acto de ayer en San Lázaro fue una emulación de lo que se vive con la llegada de la procesión a la Plaza Mayor, y el acto de recuerdo a los ausentes. Con el aforo limitado al máximo por las normas sanitarias contra el coronavirus, en la iglesia solo pudieron estar los dirigentes de la hermandad y las personas imprescindibles para el desarrollo del acto.

Antes de comenzar el acto los hermanos rindieron homenaje a Óscar Benito, miembro del coro fallecido en los últimos meses, con la entrega de un recuerdo a la familia. Agustín Montalvo, el capellán, centro evidentemente su sermón en la “calamidad” de la pandemia con “tirón de orejas” a los políticos incluido. “Cuánta pena produce en el pueblo ver que la pandemia se utiliza para luchas partidistas”, apuntó. Tuvo, naturalmente un recuerdo con los fallecidos por la pandemia y por todas las personas, desde sanitarios a policías, que han jugado un papel fundamental en el cuidado de las personas y el mantenimiento de las medidas de higiene necesarias.

Exposición en la iglesia de San Lázaro. | Emilio Fraile

Durante todo el día las puertas del templo permanecieron abiertas a hermanos y fieles, con el fin de que pudieran venerar al Cristo y la Virgen de la Amargura, demás de contemplar los elementos que se han ido incorporando a la cofradía y que, como las cruces de Coomonte, la han ido enriqueciendo sin perder su esencia. Por algo es una de las cofradías de mayor atractivo para la juventud y no le faltan hermanos, mucho menos ahora que la mujer ha entrado de pleno derecho y se incorporará a la procesión cuando las circunstancias lo permitan. Una pantalla permitía seguir los momentos más importantes de a procesión, desde la salida de la iglesia de San Lázaro hasta su regreso al mismo templo.

En el acto central de las 20.30 horas no faltó la música de la Banda de Zamora, en versión reducida, ni el coro de la hermandad, que cantó “La muerte no es el final” como todos los años se hace en la Plaza Mayor, aunque esta vez a puerta cerrada en la iglesia de San Lázaro. Un clarín y tambor pusieron la rúbrica al acto.

Una muy sentida interpretación tras la cual los directores de coro y banda se fundieron en un abrazo, mientras los miembros de la formación coral inmortalizaban el momento con una foto de familia que servirá de recuerdo de unas fechas sin duda difíciles de olvidar por todo el mundo. Fue, en fin, un acto breve pero entrañable de una hermandad que supo, en menos de media hora, reproducir la esencia de una procesión que se ha ganado su lugar en la Semana Santa zamorana por derecho propio.

La hermandad de la noche, la Buena Muerte, no celebró ningún acto.

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