16 de abril de 2019
16.04.2019

Los escudos de Mariano Nevado coronan los reposteros

16.04.2019 | 00:09

Un simple paseo por la Plaza Mayor de Villalpando, a cualquier hora, indica al visitante que la villa se encuentra inmersa en la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo ya que en este bello escenario destacan estos días los seis reposteros que visten la fachada principal del Ayuntamiento, con los escudos de las cinco cofradías y de la Junta Pro Semana Santa de Villalpando.

A la izquierda, el corazón atravesado por siete puñales –los siete dolores de María– sobre fondo verde representa a la Cofradía de la Dolorosa; siete coronas de espinas, los tres clavos con los que Cristo fue crucificado y la columna del mundo, sobre fondo de negro luto, representan a la Cofradía del Santo Entierro. En el balcón principal la imagen del Nazareno de Villalpando sobre su característico color morado representa a la cofradía decana de la villa, la de la Santa Vera Cruz, y junto a él otro repostero con el escudo de la Junta Pro Semana Santa, alma mater de la organización de las procesiones. A la derecha, la Virgen de la Soledad sobre fondo blanco representa a la cofradía más nueva, la de las damas, y la cruz con la corona de espinas sobre fondo rojo es el emblema de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Pasión y Hermanos del Trabajo.

Sobre todos ellos brillan con especial lustre el escudo de Villalpando y el de Castilla y León: dos murales de azulejos que se han colocado en la fachada consistorial hace muy pocos días, y que son obra del artista local Mariano Nevado, tristemente fallecido. Nevado tenía la ilusión de dejar un legado a su pueblo, y él mismo elaboró esos dos escudos que quiso donar a su pueblo para contribuir a hacer la villa un poco más bonita y para dejar algo de sí mismo en la localidad que le vio nacer. Desgraciadamente, una enfermedad se lo llevó antes de que viera su obra expuesta en el lugar de privilegio que hoy ocupa. Al menos, la presentación en público de su última obra coincide con un momento en el que la Plaza Mayor de Villalpando recobra vida con la celebración de las procesiones y la llegada de forasteros y emigrantes, y además, los escudos "coronan" los emblemas de las cofradías que cuelgan de los balcones del Ayuntamiento.

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