15 de marzo de 2019
15.03.2019
Luis Vasallo Toranzo | Doctor en Historia del Arte

Luis Vasallo Toranzo, doctor en Historia del Arte: "Anónimo es un tío genial, pero el Cristo de las Injurias no es suyo, sino de Siloé"

"Fue un obispo de Toro el que encargó la obra, que llega a Zamora por herencia"

14.03.2019 | 21:47
Luis Vasallo Toranzo, ayer en la Catedral.

El Cristo de las Injurias acaba en Zamora porque fue un obispo natural de Toro en que se lo encargó en Burgos a Diego de Siloé y la obra llegó por herencia hasta la provincia, hasta recalar primero en los Jerónimos y más tarde, con la Desamortización, en la Catedral. Es la teoría expuesta por el doctor en Historia del Arte por la Universidad de Valladolid Luis Vasallo Toranzo durante la conferencia "De Burgos a Zamora. Diego de Siloé y el Cristo de las Injurias", organizada por de Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo en la capilla de la Catedral donde mora el Cristo.

Le pregunto por el título de la conferencia. ¿Por qué llega el Cristo de las Injurias, que usted atribuye a Diego de Siloé, de Burgos a Zamora?

–El Cristo sabemos que llega a Zamora un poco antes de 1550 y lo ubican en la capilla del Evangelio de la capilla de la sala capitular de los Jerónimos. Y es en el siglo XIX, con la desamortización, cuando llega a la Catedral.

–El asunto es conocer cómo llega a Zamora a los Jerónimos.

–Mi opinión, documentada tangencialmente a través de archivos es que el Cristo lo encargó un obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, que era natural de Toro, para su devoción personal. A su muerte todos sus bienes, incluido ese Cristo, pasaron a su hermano, que era su heredero y a partir de ahí pasaron a los Jerónimos como compensación al trabajo que el prior de ese convento tenía que hacer como visitador del hospital que el obispo había fundado en Toro.

–Usted defiende la autoría de Siloé del Cristo de las Injurias.

–Yo argumento estilísticamente, basándome en obras de Siloé y de discípulos suyos, que el único capaz de realizar un Cristo de ese tipo en Castilla en torno a 1520 es Diego de Siloé. Habría otro que sería Alonso Berruguete, pero este Cristo no es de Berruguete. Entonces, no hay otro porque analizando fundamentalmente la anatomía del Cristo coincide con obras que ha hecho Siloé. Él estuvo en Italia y conoció el David de Miguel Ángel y las colecciones de Roma y es capaz de realizar esta anatomía academicista, a la antigua, olímpica, atlética que a principios del siglo XVI solo se podía conocer si uno había estado en Italia. Más tarde a lo mejor a través de grabados podías conocerla, pero en aquella época no. Y este hombre estuvo en Nápoles donde dejó una magnífica obra, ha visto el David, el Laocoonte, ha estado en Roma y en Florencia y a su vuelta, en 1519 se queda en Burgos, de donde era originario, donde es capaz de hacer este tipo de obras.

–El Cristo de las Injurias, por tanto, lo haría en Burgos.

–Juan Rodríguez de Fonseca muere en 1523 y no conservamos el inventario de sus bienes, pero si el de su heredero, su hermano, Antonio de Fonseca, duque de Alaejos. En ese inventario aparecen dos cristos, uno de ellos dice que es muy singular, obra de Diego de Siloé y otro muy grande donde el obispo hacía los oficios de Semana Santa. Ese Cristo estaba en Alaejos, aparece reseñado en el año 32, cuando se hace el inventario de Antonio y en el año 47, cuando se hace el de su heredero, su hijo Antonio, ya no está. Con lo cual entre esos años el Cristo desaparece y mi teoría es que se entrega a los Jerónimos de Zamora como compensación de su trabajo de visita al hospital del Obispo en Toro. Tenían estipulado un precio por ese trabajo pero además se complementaba con imágenes.

–A pesar de su atribución a Siloé ¿sigue habiendo gente que sigue sin creer que el Cristo de las Injurias sea suyo?

–Me imagino que habrá gente que no lo acepte. Allá ellos. A ver, esto del arte no son matemáticas, es una opinión mía bien argumentada, pero no deja de ser una propuesta. Bien fundamentada, eso sí, tanto estilísticamente como documentalmente a través del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Hay otra propuesta de los años 50, según la cual el Cristo venía de Granada por el tema de la rebelión de los moriscos de las Alpujarras y que llegó aquí para conservarlo, para evitarle las injurias de los moriscos de las Alpujarras le iban a dar. Esta teoría sabemos que es mentira, porque el Cristo está aquí al menos en el año 51 y la rebelión de las Alpujarras es de 1568. Con lo cual el Cristo estaba antes las Alpujarras y esa teoría no tiene sentido, es una leyenda. Según mi teoría el Cristo llegó aquí en los años 30 o primeros 40, con lo cual si que coincidiría con su estancia en los Jerónimos.

–Y una autoría anónima tampoco es demasiado creíble, porque debido a la calidad de la talla su autor debe ser alguien con mucho nivel artístico.

–Este Cristo no puede ser de un cualquiera, para entendernos. Y lo ha hecho alguien que ha estado en Italia. Hay mucha gente que ha estado en Italia, claro, pero castellanos que han estado en Italia a principios del XVI no hay tantos y el más académico, clasicista, el que se adapta mejor a esta anatomía que presenta el Cristo es Siloé. No hay más que ver las imágenes de este autor que hay en Burgos. En el artículo donde yo atribuí a Siloé del Cristo de las Injurias propuse también un San Sebastián que hay en un convento de Salamanca, del Corpus Christi, porque no hay nada más que comparar la anatomía de estas piezas, prácticamente idénticas. Habrá gente que diga que no, pues qué le vamos a hacer. Y anónimo era un tío genial, porque tiene una obra ingente, pero el Cristo de las Injurias no es suyo.

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