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Cartas de los lectores

En memoria de una zamorana

Se llamaba Rosalina Hernández Lozano, era de Cubillos del Pan, la quinta de siete hermanos. Nació en 1904, tiempos difíciles para todos y más para las mujeres.
Se casó, tuvo un hijo y dos hijas y dejó escondidos por el mundo once nietos y diez biznietos. Su sangre está dispersa por toda España, desde Palma hasta San Sebastián pasando por Valencia, Barcelona, Zaragoza, Granada, Málaga, Madrid o Salamanca además de Zamora.
Fue una de tantas mujeres pendientes de lo que le pedían los de su alrededor, sus horarios eran los de los demás, los de su marido, sus hijos o sus nietos y la mayoría de sus alegrías eran las alegrías de los otros.
Nos dejó un 4 de febrero de hace catorce años pero aún sigue con nosotros, dándonos ánimo y alegría, porque aún siendo una mujer normal de las que nadie se acuerda, que cumplió su papel perfectamente, fue una persona verdaderamente especial que dio felicidad a cualquiera que le acompañó en la vida.
Era profundamente buena, comprensiva y generosa, creo que en algún aspecto no quiso crecer para mantener la ingenuidad de una niña.
Me siento profundamente en deuda con ella por todo su cariño y dedicación. Mis más preciosos recuerdos están a su lado.
¿Qué sería del mundo sin seres como ella? Que dejan su semilla, ayudan permanentemente y no piden nada a cambio.
Representa, sin ella quererlo, a todas nuestras abuelas y bisabuelas que nos dieron la vida, a veces perdiendo la suya, nos ayudaron a crecer, nos educaron y a las que le debemos lo mejor de lo que somos pero nunca son objeto de ningún homenaje.
Creo que se merecen todo nuestro reconocimiento y gratitud por su amor y entrega, aunque lo que ellas hubieran valorado habría sido una sonrisa, una caricia y un abrazo.
Estas letras son una carta abierta para decirte, Lita Rosa, que estás en mí, tu mano me cubre y me guía dándome fuerzas en la lucha de la vida. Gracias por tu compañía y tu ejemplo. Tu nieta.

Hortensia Hernández
(Madrid)