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Emprendedor

Sergio toma las riendas de El Molino para devolver la vida a un rincón de Sanabria: “La hostelería es un arte, desde pequeño quise ser camarero”

El joven hostelero, de 26 años, asume la gestión del bar y el restaurante del camping de Puebla con el objetivo de revitalizarlo y darlo a conocer a los propios sanabreses

La terraza de El Molino

La terraza de El Molino / Irene López Alonso

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Puebla de Sanabria

A sus 26 años, Sergio de Sousa Dias ha decidido dar un paso al frente y ponerse al otro lado de la barra. Después de más de una década trabajando en restaurantes, ha asumido la explotación de El Molino, el bar y restaurante del camping de Puebla de Sanabria. Tiene el objetivo claro para estos dos años: cambiar la imagen del establecimiento, darlo a conocer entre los propios vecinos de Sanabria y recuperar una forma de hacer hostelería basada en el servicio cercano y la comida casera.

Lleva años pensando en poner en marcha un negocio propio, la hostelería siempre ha formado parte de su vida. Cuando le propusieron hacerse cargo de El Molino no dudó en adentrarse en el negocio pues desde pequeño siempre quiso ser camarero. Con apenas seis o siete años ya le decía al jefe de su madre que de mayor quería dedicarse a la hostelería. Aunque la respuesta era siempre parecida: que no sabía lo que estaba diciendo, que no se metiera en ese mundo. Pero Sergio acabó haciendo precisamente lo contrario.

A los 16 años comenzó a trabajar con aquel mismo jefe y descubrió que la hostelería era algo más que un trabajo. Le gustaba el ambiente, el servicio y, sobre todo, la sensación de hacer bien las cosas. Para él, atender una terraza o sacar adelante un servicio es arte : “llevar bien el servicio, llevar bien la terraza para mi es arte, a mi me encanta recorrerla y ver a los clientes contentos” explica.

Su comparación resume bien la relación que mantiene con su profesión. Aunque reconoce que fuera del trabajo es una persona tímida y vergonzosa y que no le gusta especialmente tratar con la gente, detrás de la barra esa personalidad parece quedar en segundo plano. Allí cambia el chip: “Venga, vamos a poner buena cara, el que venga, bienvenido y a trabajar”.

Toda esa experiencia, que le ha curtido cara el público, cambia de perspectiva. Ya no estará solo detrás de la barra o con la bandeja en la terraza, Sergio va a gestionar su propio espacio. Su intención es darle una nueva imagen al lugar, conseguir volver a darle vida a El Molino. “Hay mucha gente de Sanabria que no conoce este sitio y lo bonito que es, lo grande que es y demás. Merece la pena que lo conozca”, señala.

Un poco del interior de El Molino

Un poco del interior de El Molino / Irene López Alonso

Su proyecto no se limita a atender a los clientes que se alojan en el camping. La intención es convertir el restaurante en un lugar abierto también al público de la zona, un espacio al que se pueda acudir tanto locales como visitantes.

El lugar que ahora Sergio pretende revitalizar tiene además un pasado ligado al paisaje y a la actividad tradicional de la zona. Aunque reconoce que no conoce en profundidad la historia del antiguo molino, sí sabe que el espacio que ocupa actualmente el camping tuvo anteriormente otro uso. “Todo lo que viene siendo el camping era antes un trigal”, explica. El edificio del molino, por su parte, estaba vinculado a la actividad agrícola y se utilizaba para moler el trigo.

Sergio no llegó a conocer aquella época, pero forma parte de la historia del lugar que ahora comienza a gestionar. Su proyecto se desarrolla, así, en un espacio que ha cambiado con el paso del tiempo y que él pretende volver a llenar de actividad.

Entre sus planes está volver a dar protagonismo a los menús para trabajadores, además de ofrecer comida rápida, sencilla y casera. Una propuesta alejada de la idea de que comer fuera tiene que ser necesariamente una experiencia extraordinaria y más vinculada a las necesidades del día a día.

Con dos años de concesión por delante, el reto será conseguir que el restaurante y el bar recuperen presencia y que tanto quienes visitan Sanabria como quienes viven en ella descubran un espacio que, para Sergio, todavía tiene mucho que ofrecer.

A los 26 años, después de haber pasado media vida entre barras y restaurantes, ha llegado el momento de comprobar si aquella idea que comenzó como un sueño de niño puede convertirse en su propio camino. Esta vez, la barra es suya.

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