Cultura
Dos primos de pueblo en pueblo: los Gaiteros Colino
Una afición que los ha llevado a cada rincón donde haya fiesta en la Carballeda y Sanabria

Los gaiteros Colino / Irene López Alonso
Dani Colino Román y José Blanco Colino forman el conjunto de Gaiteros Colino. Son primos, han crecido juntos y su andadura en la música comenzó al mismo tiempo.
Dani es ganadero, tiene su explotación en su pueblo, Santa Eulalia del Río Negro, y José es maestro, lo que los une es algo más que la sangre, es su pasión por la música: la gaita y el tambor. Su historia comenzó en 2006, aunque entonces ninguno de los dos imaginaba hasta dónde les llevaría aquella primera clase. Fueron sus padres quienes los animaron a probar: “nos dijeron que nos animáramos, que podíamos probar”, recuerdan. En aquellos años había clases en Ríonegro del Puente y decidieron apuntarse. Lo que empezó casi como una prueba terminó convirtiéndose en una parte fundamental de sus vidas. “Se nos dio bien, nos gustó y desde entonces”, explican. Llegaron a la gaita y el tambor de casualidad.
Al principio su actividad era todavía muy limitada. Recuerdan entre risas que cuando eran jóvenes, no tenían carnet de conducir y dependían de sus padres para desplazarse hasta los pueblos donde actuaban. Durante aquellos primeros años apenas tenían una o dos actuaciones en todo el verano. Pero poco a poco fueron adquiriendo experiencia, ampliando su repertorio y, sobre todo, ganándose un nombre dentro del circuito de fiestas de la zona. Con el tiempo llegaron más llamadas y actuaciones, a la vez que aumentaba también su autonomía y posibilidades para recorrer más pueblos. Hoy, Gaiteros Colino es una de las citas imprescindibles en muchas fiestas de la Carballeda y Sanabria, están presentes tanto en alboradas como en procesiones y vermús. Llevan consigo un repertorio que mantiene vivo el patrimonio musical de la comarca.

Gaiteros Colino tocando en Rozas / Irene López Alonso
Su formación ha estado vinculada a diferentes escuelas de música tradicional. Primero pasaron por una escuela municipal en la zona de Ríonegro del Puente, hasta que la cerraron. Siguieron aprendiendo en Puebla de Sanabria, en la Escuela de Folklore de Sanabria financiada por el Consorcio de Fomento Musical y el Ayuntamiento. Allí aprendieron durante años, hasta que se sintieron preparados para dejar las clases.
Más que hacer música
Para José y Dani, la gaita y el tambor son más que instrumentos musicales, afirman que: “son parte de nuestra vida”. Este año abrieron la temporada en junio, con un concierto didáctico en el CEIP Buenos Aires de Benavente donde José había estado impartiendo clases durante el curso. Su pasión va más allá de tocar, transmiten las raíces de su tierra siempre con un espíritu festivo. Y esa dualidad se entiende especialmente durante el verano, cuando las actuaciones se multiplican y prácticamente cada día tienen una cita.
Ser gaiteros les permite conocer lugares y personas. También les ofrece la posibilidad de participar directamente en las celebraciones de otros pueblos y contribuir a que las tradiciones continúen vivas. Como bien explican: “Conoces pueblos, conoces gente y haces que no se pierda algo que es de todos, que es tradicional”.

Dani y José durante una alborada / Irene López Alonso
Este sentimiento de pertenencia es una de las claves de su relación con la música. Entienden que la gaita y el tambor es un medio para formar parte de una tradición colectiva. Cada vez que la gaita suena en una plaza o durante una fiesta popular, también se mantiene presente una forma de entender la cultura de la comarca. Y, además, se lo pasan bien porque como cuentan entre risas: “Estamos prácticamente todos los día de fiesta”.
Aunque esto pueda tener un pequeño coste como “perder planes con amigos que igual vienen de Madrid o de Barcelona y están unos días o ir a alguna fiesta concreta que nos apetecería”, explican que las ventajas pesan más que los inconvenientes, y que los planes siempre se puede rehacer y cuadrar con los amigos.
La esencia de Gaiteros Colino
El nombre con el que son conocidos tampoco esconde una historia especialmente complicada. Son primos y comparten apellido: Colino. Así nació el nombre de Gaiteros Colino.
Aunque comenzaron a tocar en 2006, no fue hasta unos años después, alrededor de 2009, cuando empezaron a utilizar ese nombre de manera habitual. Desde entonces, Gaiteros Colino se ha convertido en la identidad con la que José y Dani recorren las localidades de la zona. Su trayectoria es, en cierto modo, la historia de dos primos que comenzaron aprendiendo juntos y terminaron convirtiendo la música tradicional en una parte inseparable de sus vidas.
Entre todas las piezas que forman parte de su repertorio hay una que ocupa un lugar especial: la Ronda de la Carballeda. La razón no tiene que ver únicamente con la música, sino con lo que representa. “Es una canción muy bonita que nos recuerda a nuestra comarca”, explican. Los dos son de Santa Eulalia del Río Negro y representan su tierra con orgullo.
Y quizá ahí se encuentre la esencia de lo que significa para ellos tocar la gaita y el tambor. No se trata simplemente de interpretar canciones, sino de mantener un vínculo con un territorio, con sus pueblos y con las personas que lo habitan. Dani y José animan a todo el mundo a que le de una oportunidad a la música tradicional, que la escuche o incluso que se atrevan a aprender a tocar.
“Aquí somos felices tocando”
Después de tantos años, podría parecer lógico que José y Dani soñaran con llevar su música lejos, actuar en grandes escenarios o recorrer otros países. Pero cuando se les pregunta dónde les gustaría tocar si pudieran elegir cualquier lugar del mundo, la respuesta sorprende por su sencillez. En su tierra. No descartan viajar y conocer otros lugares, pero su prioridad sigue estando en los pueblos que conocen, en las fiestas de la comarca y en los lugares donde la música tradicional forma parte de la vida cotidiana. “Seguiríamos tocando aquí”, aseguran. “Aquí somos felices tocando”.
Casi veinte años después de aquella primera clase a la que llegaron animados por sus padres, José y Dani continúan poniendo música a los veranos de Sanabria y La Carballeda. Han pasado de necesitar que sus padres los llevaran a las actuaciones a recorrer por sí mismos los pueblos de la comarca. Han aprendido repertorios, conocido a generaciones de músicos y convertido una afición de adolescentes en una forma de mantener viva la cultura de su tierra.
Mientras haya una plaza llena, una fiesta que celebrar y alguien dispuesto a escuchar, la gaita y el tambor seguirán sonando. Y con ellos, una tradición que José y Dani no solo interpretan: también ayudan a conservar.
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