Cultura
¡Ruge Sejas! El grito de un pueblo que resiste a desaparecer
El festival reivindica la vida rural con música, comida y artesanía

Organizadores y colaboradores del festival Ruge Sejas / Irene López Alonso
Lo que comenzó hace más de una década como una quedada entre amigos para poner en valor un rincón singular, como Sejas de Sanabria, se ha convertido con el paso de los años en una cita que reivindica, desde la música, la artesanía y la convivencia, la vida en los pueblos. El festival Ruge Sejas vuelve a reunir este año a vecinos, visitantes y creadores en torno a una plaza, una iglesia y un patrimonio que sus organizadores consideran parte esencial de su identidad.
La historia del festival se remonta a hace más de una década: “Surgió en una quedada de amigos, e inicialmente era un evento de country”, explica Samuel, uno de los organizadores. Al contemplar la plaza del pueblo, con la iglesia y el entorno que la rodea, surgió la idea de aprovechar un espacio con unas posibilidades que, a su juicio, no existen en cualquier localidad. Aquella primera propuesta con esencia western fue transformándose en el evento que conocemos hoy.
Aunque quienes pusieron en marcha la iniciativa dejaron de acudir y organizar, otros vecinos y colaboradores mantuvieron viva la apuesta por el pueblo, trabajando para dar forma a este encuentro que ha ido ampliando sus contenidos sin perder su esencia: disfrutar del entorno, reunirse y demostrar que también en los pequeños pueblos hay iniciativas capaces de atraer a personas de fuera.

El festival Ruge Sejas / Irene López Alonso
Uno de los elementos que mejor refleja ese espíritu es el mercadillo de artesanía. No se trata de un mercado convencional, sino de una muestra de las habilidades y aficiones de quienes viven en la zona o territorios aledaños. Cuero, pendientes, pulseras, diseños propios, camisetas y pequeños objetos elaborados a mano ocupan los puestos, en una propuesta que pone el acento en lo cercano y en lo hecho por personas que conocen y sienten el territorio. A los artesanos no se les cobra nada por acudir, simplemente desde el festival pretenden poner el mapa aquellas personas que con sus manos o ideas hacen objetos únicos.
Una de estas participantes es Carla, de Las cosas de Tilica, que este año ha podido finalmente acercarse al Ruge Sejas, después de haber recibido invitaciones en tres ediciones. No había podido participar antes por problemas de agenda pero está contenta con su asistencia y reconoce que “ha venido bastante gente, más de la que esperaba”.
La propuesta permite además que quien se acerque al festival pueda llevarse un recuerdo del festival de Sejas. Unos pendientes, una pulsera, una prenda o cualquier pequeño detalle se convierten así en una forma de llevarse consigo una parte de la experiencia y de dar visibilidad a quienes crean desde los pueblos.
La comida popular es otro de los momentos claves. Este año ha sido una paella, a precio de 10 euros, y se han servido más de 120 raciones. Ludi, la cocinera, ha señalado que “cocinamos para apoyar al festival y a los chavales que lo organizan. Es un trabajo colaborativo de todo el pueblo. Cada uno hace lo que sabe o puede, yo como cocinera he preparado la paella”.
Aunque sin duda la estrella del festival son los conciertos. La música ocupa uno de los espacios centrales del festival. La organización mantiene su apuesta por los grupos vinculados al territorio y por artistas capaces de poner en el escenario historias y sonidos próximos. Este año, la programación incorpora también una formación gallega, The Eskarallas, con la intención de ampliar la repercusión del encuentro y atraer a visitantes de otros lugares.
Pero el protagonismo de los grupos de la zona continúa siendo una de las prioridades. Los Osos de Velilla, procedentes de Carballeda, son otra de las estrellas del cartel. La filosofía es clara: dar espacio a músicos rurales, a sus propias canciones y a unas letras que hablan de los pueblos, de quienes los habitan y de los caminos que llevan hasta ellos.
Además, desde la organización admiten que llegar a Sejas de Sanabria también forma parte de la experiencia. La localidad no se encuentra junto a una carretera principal y obliga al visitante a desviarse y recorrer unos kilómetros más. Lejos de verlo como un inconveniente insalvable, los organizadores quieren convertir esa circunstancia en una oportunidad para descubrir un territorio que, precisamente por estar fuera de las grandes rutas, conserva buena parte de su atractivo.
El festival tiene además un marcado carácter participativo, como señalan Ludi o Samuel. Todo el pueblo colabora para sacar adelante una cita que necesita recursos para cubrir sus gastos. Además de la paella, se organizan parrilladas, rifas, bingos y se preparan pinchos, tortillas y bocadillos. Todos los beneficios son para los gastos del festival y poder seguir sosteniendo este evento en Sanabria.

Organizadores Ruge Sejas / Irene López Alonso
Más allá de la programación concreta, Ruge Sejas aspira a ser un día de encuentro. Un espacio para acudir en familia, reencontrarse con amigos, conocer a gente de otros lugares y compartir unas horas en un entorno rural. “Aquí están las zonas rurales”, resumen sus impulsores, reivindicando que los pueblos de Sanabria y Carballeda tienen mucho que ofrecer, y todas las iniciativas contribuyen a un rural más vivo.
La intención de este festival va mucho más allá de celebrar un evento durante un día. Desde la organización quieren demostrar que el medio rural tiene vida durante todo el año: con sus setas, sus ciervos, sus paisajes, sus vecinos y sus tradiciones. Y reivindican que para mantener esa actividad y vida en los entornos rurales es necesario crear espacios de encuentro y abrir las puertas a quienes quieran descubrirlos.
El festival Ruge Sejas se convierte así en una excusa para llegar hasta un pequeño pueblo de Sanabria y comprobar que detrás de cada plaza, cada puesto de artesanía y cada concierto hay una reivindicación mucho más profunda: que los pueblos no desaparezcan, que sigan teniendo actividad y que su magia y su encanto puedan ser conocidos y disfrutados por todos.
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