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Complementos alimenticios: 8 errores que pueden perjudicar la salud

Utilizar complementos sin comprobar si existe una carencia puede provocar efectos adversos e interferir con tratamientos

Complementos alimenticios

Complementos alimenticios / Marc Asensio Clupés

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Los complementos alimenticios forman parte de la rutina de muchas personas, desde vitaminas y minerales hasta productos destinados a mejorar el sueño, el rendimiento deportivo o el cuidado del cabello y la piel. Que puedan comprarse fácilmente o que se presenten como productos naturales, sin embargo, no significa que sean necesarios ni que estén exentos de riesgos.

María José Alonso, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que los complementos funcionan cuando son necesarios y que antes de utilizarlos conviene comprobar si realmente existe esa necesidad.

Tomarlos sin necesidad y mezclar productos

Uno de los errores es utilizarlos para sustituir una alimentación equilibrada. Una cápsula no aporta la fibra, las proteínas y otros nutrientes que proporcionan los alimentos, por lo que los complementos no deben reemplazar una dieta variada.

Otro error consiste en empezar a tomarlos sin comprobar si existe un déficit. El hierro o la vitamina D, por ejemplo, pueden consumirse ante síntomas como cansancio o caída del cabello sin haber confirmado previamente una carencia.

También hay que prestar atención a la combinación de productos. Un complemento para el cabello, otro para el deporte y otro para la piel pueden compartir vitaminas, minerales o antioxidantes. Al sumarlos, las cantidades pueden superar las dosis recomendadas.

El cuarto error es pensar que una dosis mayor funcionará mejor. Superar las cantidades indicadas o prolongar el consumo puede aumentar el riesgo de toxicidad, interacciones y efectos secundarios. Las vitaminas A, D, E y K pueden acumularse en el organismo cuando se consumen en exceso.

Ignorar las instrucciones y las interacciones

La forma de tomar estos productos también importa. La hora, su relación con las comidas, la cantidad de agua o la duración del consumo pueden afectar a su absorción y tolerancia. Por eso no conviene cambiar las instrucciones según la comodidad.

Tampoco es recomendable abrir, triturar o romper cápsulas y comprimidos sin comprobar antes que pueden manipularse de esa manera. El recubrimiento puede estar diseñado para proteger el ingrediente o controlar su liberación.

Otro error es no comprobar las posibles interacciones con medicamentos. Los complementos pueden modificar el efecto de algunos tratamientos, especialmente anticoagulantes, medicamentos para la diabetes o para la hipertensión. Alonso recomienda consultar al médico o farmacéutico cuando existe un tratamiento crónico.

Por último, la UOC alerta sobre las promesas rápidas o milagrosas. Los productos que prometen adelgazar sin esfuerzo, curar enfermedades o conseguir resultados extraordinarios en pocos días pueden carecer de respaldo científico.

Los complementos sí pueden cumplir una función cuando existe una carencia comprobada, aumentan las necesidades de determinados nutrientes o hay problemas de absorción. La clave está en identificar la necesidad, escoger el producto y la dosis adecuados, revisar las posibles interacciones y respetar el tiempo indicado.

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