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¿Es tan malo vapear? Un cardiólogo desmonta todos los mitos de este nuevo hábito

Están de moda sobre todo entre los jóvenes, y más en chicos que en chicas

Una adolescente, con un vapeador. |  Efe

Una adolescente, con un vapeador. | Efe

Los vapeadores están por todas partes. Según estudios recientes, el 48 por ciento de estudiantes de 14 a 18 años los ha probado y el 38 por ciento los usó en el último mes. Están de moda sobre todo entre los jóvenes, y más en chicos que en chicas, pero la conclusión es que cada vez se vapea más, aunque el consumo de tabaco no baja.

Pero, ¿qué llevan dentro los vapeadores? Un vaper no quema tabaco, pero sí vaporiza otras sustancias nocivas para el organismo:

  • Propilenglicol, glicerina y nicotina
  • Saborizantes artificiales
  • Formaldehído, acroléina, benceno
  • Metales pesados (níquel, plomo, estaño)

Las arterias son uno de los principales afectados por el uso de vapeadores. Desde la primera calada, las arterias ya lo notan: se vuelven más rígidas, dificultando el flujo sanguíneo, y también aparece la disfunción endotelial, un "envejecimiento precoz" de tus vasos. Todo esto pone al sistema cardiovascular en un terreno peligroso, aumentando las probabilidades de futuros problemas cardíacos.

El riesgo de infarto es real. Un análisis reciente extrajo que las personas que vapean tienen un 33 por ciento más de riesgo de infarto que los que nunca lo han hecho. Es cierto que el riesgo es menor que fumar tabaco tradicional, pero vapear no es saludable, simplemente puede ser "menos malo".

Los pulmones también resultan muy castigados. Vapear aumenta un 30 por ciento las probabilidades de enfermedades respiratorias crónicas. Es más, hasta se ha definido la EVALI, enfermedad pulmonar específica del vapeo, que causa tos, dolor, asfixia... hasta el fallo pulmonar total. También puede aparecer tos persistente, empeoramiento del asma e irritación de garganta.

El vapor de los cigarrillos electrónicos no es inocuo: arrastra sustancias cancerígenas como formaldehído, acroleína y metales pesados. Se duplica el riesgo de cáncer de pulmón, su consumo se asocia con cáncer de vejiga (al excretar los tóxicos por la orina) y aumenta el riesgo de cáncer de cabeza y cuello, esófago y estómago.

¿Y qué hay del mito sobre que los vapeadores sirven para dejar de fumar? Algunos estudios lo ven como una terapia sustitutiva de la nicotina, pero la realidad es que, en los jóvenes, los vapers se han convertido en una puerta de entrada a la nicotina, con lo que el supuesto remedio está generando un nuevo problema de adicción.

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