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Peregrinos de esperanza

"En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana"

Jubileo en Roma de 2025

Jubileo en Roma de 2025 / Álex Zea

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Ángel Carretero Martín

Ángel Carretero Martín

Mientras Uds. leen esta columna dominical, casi medio centenar de albarinos y alistanos estamos regresando de nuestra peregrinación a Roma con motivo del Jubileo 2025. En estos días, desde los más jóvenes hasta los más mayores, nos hemos sentido profundamente invitados a seguir creciendo en nuestro encuentro con Jesucristo.

Es un regalo del cielo poder ir a la Ciudad Eterna para compartir con hermanos comprometidos unos días tan intensos, humana y espiritualmente. Por una parte, tanto la Roma antigua como la Roma barroca, tiene tal cantidad de maravillas que se hace imposible decidirse solo por una de ellas. De otro lado, las visitas y celebraciones en las grandes basílicas papales nos conectan sin esfuerzo con quien inspiró sus construcciones. Hay que ser demasiado miope para no dejar que el "camino de la belleza" te lleve a ver lo que hay de tejas para arriba.

El camino exterior del peregrinar expresa ese otro camino interior más importante que nos renueva la vida para asemejarla cada vez más al plan de Dios. Somos un grupo modesto pero muy ilusionado. Nos sabemos unidos a otros muchos de otras parroquias de la diócesis de Zamora y a miles y millones de tantos lugares del mundo católico.

Cargar las pilas de ese júbilo que viene de lo alto nos anima a transparentar el reino de Dios en nuestros entornos. Una tierra, la nuestra, cuya paz y belleza natural también nos hablan de Alguien que está por encima de nosotros y a favor nuestro. Infinitamente más, sin comparación, con los oportunistas "araña-votos" que engañan, una y otra vez, con paliar la despoblación y el envejecimiento imparables. También en esta zona deprimida, posiblemente la más abandonada de Europa, quienes somos Iglesia seguiremos sembrando esperanza, especialmente en quienes la han perdido.

El papa Francisco, al anunciar el Jubileo, empezaba diciendo: "Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad".

Este curso es una nueva oportunidad para contagiar más esperanza en nuestras familias, en los niños y jóvenes que no lo tienen fácil, en los ancianos que están solos, en los migrantes que buscan una vida mejor, en los enfermos que no salen de casa. ¡Seamos signos de esperanza!.

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