Tres mujeres muy bien vestidas, y absolutamente educadas. Tal fue ayer la estampa de la reina Letizia y sus hijas durante la inusual ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias, que si bien perdió espectacularidad, ganó esa solemnidad que solo aporta la sencillez. Las damas reales pusieron grandes dosis de ambas cosas y sobre todo la princesa de Asturias, con un estilo institucional serio y sencillo que condicionará evoluciones estéticas futuras.

Tal como dijo Oscar Wilde, el escritor que tanto adoró la estética de la moda y fue editor de la revista “Woman’s world”, “la única forma de compensar el estar ocasionalmente demasiado bien vestido, es ser siempre absolutamente sobre educado”. A la esposa de Felipe VI y a sus hijas ayer no les hizo falta ninguna sobreactuación, el equilibro fue perfecto.

Leonor de Borbón tiene personalidad y ahora que, como su hermana Sofía, ha dejado atrás la infancia, abraza una forma de vestir con pocas concesiones a las modas, pero perdurable y pensada para aguantar el peso de las fotografías dentro de veinte años. El dos piezas en vainilla tostada que llevó ayer la heredera de la Corona equivale a esos grandes trajes de novia, siempre diseñados para que no envejezcan. Pasará el tiempo, y la imagen de la joven heredera y su atuendo impecable en la antigua capilla del hotel que fue hospicio, seguirá siendo válida. La princesa, que cumplirá quince años el próximo día 31, se puso de largo, con falda recta, ligeramente fruncida, por debajo de la rodilla (como mandan los cánones, no solo en la corte británica, dejando aparte a Meghan de Sussex), y un cuerpo armado, hecho a la medida, con manga francesa y cuello a la caja de tela brocada, bordada en pedrería, que bien podría haber servido para componer las regias diademas de otra Leonor, la duquesa de Aquitania, que recibió el título a los 13 años, los que tenía la princesa española en 2019, cuando presidió por primera vez la ceremonia, en el escenario del Campoamor. Ayer también hubo tacones, claro, “ad hoc” con el traje, y en tono nude, que combina con todo, muy del gusto de la reina. En esta ocasión la madre de Leonor rescató el vestido azul Cantábrico de cóctel, de Delpozo, con escote barco, hombro izquierdo al descubierto y gran aplicación de flor en el derecho. El vestido, con ligera silueta globo y largo por debajo de la rodilla, vio la luz en diciembre de 2018, en el aniversario del diario “As”. Letizia lo repitió unos meses después en un encuentro en París con el presidente francés, Macron, y su mujer, Brigitte.

Los complementos tampoco sorprendieron: salones de ante azul índigo de Nina Ricci (una de las marcas de Puig, al igual que Carolina Herrera, que fue la elegida por la mañana) y cartera de mano de Magrit en la misma tonalidad. Los majestuosos pendientes de brillantes y rubíes del año pasado se cambiaron esta vez por las discretas estrellas de diamantes y oro blanco de Chanel que la reina suele llevar con frecuencia. Y si el jueves era la princesa de Asturias en La Vega, la que iba de verde (haciendo gala al histórico acrónimo “V. E. R. D. E.”: “Viva el Rey de España”), ayer fue Sofía, la hermana a la que Leonor mencionó en su discurso, la que escogió ese tono, con cuerpo en plumeti y falda fruncida con cinturilla, similar a la que llevó la heredera el día de la Fiesta Nacional en el Palacio Real. Sofía, que va camino de alcanzar la altura de su padre, calzó bailarinas rasas, que además de ir en consonancia con el traje amortiguaban esos centímetros que le saca a su hermana. Leonor mantuvo el pelo suelto y no recogido, que hubiera sido lo esperado, tal como sí hicieron su madre y su hermana y por la mañana. Para la audiencia con los galardonados se calzó los mini stilettos “Holly” de Prety Ballerinas, los llamados “kitten heel”, en la práctica unos salones de tacón bajo, en este caso de 3 centímetros, ideales con el vestido de gasa de estilo victoriano, pequeña lazada al cuello, manga larga rematada con minivolantes, cuerpo ablusado y falda corta también con volantes, de la firma española Poéte.

El Carolina Herrera matutino de la reina es un diseño de manga francesa, escote redondo, falda de vuelo y largo midi que estrenó en marzo de 2019 para un encuentro con el príncipe Carlos en Londres. Lo repitió unos meses después en el almuerzo de los premios Cervantes y el pasado mes de octubre en su visita de Estado a Corea del Sur. Sofía, fiel a su personalidad minimalista, escogió el rojo para la mañana, pero no un rojo cualquiera, sino el que lleva el nombre de Letizia, la reina que ya da paso a unas dignas sucesoras.