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Opinión | ZAMOREANDO

Sánchez dinamita el Estado

OPINIÓN | Sánchez ha iniciado una de las operaciones más peligrosas de la democracia al señalar directamente al Rey Felipe VI en la crisis de Ceuta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en su ültima visita a Ceuta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en su ültima visita a Ceuta / Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa - Archivo

Sánchez ha iniciado una de las operaciones más peligrosas de la democracia al señalar directamente al Rey Felipe VI en la crisis de Ceuta, consumando un ataque frontal a la Jefatura del Estado. Lo que antes eran sutiles desplantes institucionales se han transformado hoy en una estrategia explícita de demolición: utilizar al Monarca como escudo humano para tapar las vergüenzas de la gestión gubernamental y, de paso, debilitar el último dique de contención que queda en España.

El señalamiento hecho por Sánchez, y antes por el ministro Cromañón, Oscar Puente, no es un error de cálculo ni una improvisación, es una maniobra coordinada para erosionar el prestigio de la Corona en un asunto de máxima sensibilidad como la soberanía nacional y la integridad de nuestras fronteras. Al intentar corresponsabilizar a Don Felipe en el laberinto diplomático y de seguridad de Ceuta, el Ejecutivo busca diluir sus propios fracasos, que se le acumulan, y forzar a la institución monárquica a entrar en el fango de la disputa política, rompiendo de forma deliberada el principio constitucional de que el Rey es inviolable y está por encima de la contienda partidista.

El sanchismo ya no se esconde. Ante la incapacidad de ofrecer soluciones firmes en la frontera, la consigna es clara: si el Gobierno cae, la Corona debe desgastarse con él. Esta desfachatez sin precedentes demuestra que, para mantenerse en el poder, no existen límites éticos ni respeto por los pilares que sostienen la convivencia y la unidad de la nación. Señalar al Rey en un conflicto fronterizo es el acto de mayor irresponsabilidad política de nuestra historia reciente y un aviso explícito de que el asalto definitivo a las instituciones del Estado ya ha comenzado.

La gravedad de la situación en Ceuta exige altura de miras, firmeza diplomática y soluciones ejecutivas. Sin embargo, la respuesta de la Moncloa ha sido activar su maquinaria de distracción masiva. Señalar a la Jefatura del Estado en un asunto de soberanía nacional y fronteriza no es solo una desfachatez; es una maniobra deliberada para eludir la rendición de cuentas ante los ciudadanos. El Rey reina pero no gobierna, es un axioma constitucional que el sanchismo parece olvidar por conveniencia. Y mientras esto sucede no se habla de Begoña, de David, del Fiscal General, de Ábalos y de todos los demás.

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