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Opinión

Concha Pelayo

Concha Pelayo

Escritora y gestora cultural

Los bosques cementerios de Alemania

OPINIÓN | En la cultura cristiana del norte de Europa siempre existió la costumbre de realizar enterramientos en jardines y cementerios llenos de flores

Bosque.

Bosque. / Shutterstock

Desde hace algo más de veinte años, Alemania ha convertido algunos de sus bosques en cementerios. A los alemanes les gusta ser enterrados en los bosques y esta costumbre se ha ido introduciendo poco a poco en la sociedad con toda normalidad.

Si nos paramos a reflexionar, tampoco debería extrañarnos demasiado. Los alemanes aman sus bosques, se sienten orgullosos de ellos, los respetan y los protegen. Es conocida su relación con estas grandes extensiones de naturaleza y árboles.

En la cultura cristiana del norte de Europa siempre existió la costumbre de realizar enterramientos en jardines y cementerios llenos de flores, una práctica que con el tiempo se fue extendiendo por Europa. En un principio, la Iglesia miró con cierto recelo los enterramientos en los bosques, pero el creciente número de personas que desean ser enterradas de esta manera ha hecho que también los haya asumido con naturalidad.

En Alemania existen actualmente numerosos bosques destinados a este fin, conocidos como FriedWald, "bosques de paz" o "sepulturas verdes".

Como era de esperar, estos enterramientos están perfectamente regulados y las distintas competencias están determinadas. La familia y las autoridades locales se ocupan del enterramiento y de la gestión correspondiente, mientras que el cuidado y conservación de los bosques forma parte de las responsabilidades de sus gestores.

Hay que tener en cuenta también el sentimiento ecológico de los alemanes y su respeto por el medio ambiente. Los bosques están muy presentes en sus vidas y prácticamente todo el mundo tiene alguno cerca del lugar donde reside. Por tanto, quien ha vivido inmerso en ese paisaje puede desear permanecer en él cuando llegue el final de su vida.

También influye el factor económico. Los funerales tradicionales pueden resultar más caros y, para algunas personas, más fríos. El pastor luterano Thomas Strege, que desde hace años preside funerales y ceremonias in memoriam en estos bosques, considera que "la atmósfera en el FriedWald es maravillosa".

Pero ¿en qué consiste este ritual?

Normalmente, la persona fallecida deja dicho dónde y cómo quiere ser enterrada. Si ha elegido un bosque, su cuerpo es incinerado y las cenizas se introducen en una urna biodegradable. Junto al árbol que ha elegido previamente, la urna es enterrada y, con el tiempo, acaba integrándose en la tierra.

No hay flores, velas ni coronas. Nada. Sólo los árboles. Si se desea, puede colocarse una pequeña placa con el nombre y las fechas de nacimiento y defunción. Algunas sepulturas ni siquiera tienen placa.

Precisamente, en mi reciente viaje a Alemania tuve ocasión de conocer uno de estos bosques convertidos en cementerio.

Era un hermoso hayedo, muy frondoso. Habíamos llegado al atardecer y una suave brisa agitaba las ramas de los árboles. El calor, inusual, que había sufrido Alemania aquel verano, allí apenas se notaba.

Llegamos hasta el lugar donde reposan los restos de un amigo alemán fallecido recientemente. Tan sólo una discreta placa llevaba su nombre y las fechas de nacimiento y defunción. Había otras placas con otros nombres, pero había que buscarlas, porque eran tan discretas que pasaban desapercibidas.

En una de ellas aparecía una cita atribuida a Sócrates que hablaba del deseo natural del hombre de volver a la tierra.

Las palabras del pastor luterano adquirían allí todo su significado:

"Los miembros de la familia se encuentran en medio de la naturaleza, en cierto sentido en el origen de la vida. El círculo de la vida, del nacimiento a la muerte, se cierra en el centro de la madre Tierra".

No se permiten más de diez urnas por árbol y el derecho sobre cada sepultura se establece por un largo periodo de tiempo. El coste de cada enterramiento suele rondar los mil euros.

Hay otro detalle que me llamó especialmente la atención: los caminos del bosque tienen nombres que, en algunos casos, coinciden con los de las calles de la localidad próxima. De esta manera, el fallecido puede reposar en la "misma calle" donde vivió.

Mientras visitábamos aquel hayedo, un amigo alemán me comentó que él y su esposa reposarán allí cuando les llegue su hora. Me llevó hasta la zona que habían elegido, cuyo nombre coincide con el de la calle donde reside en su pequeño pueblo.

Todo resulta lógico, sencillo y natural.

Aunque muchas sepulturas no tienen ninguna señal exterior, la empresa FriedWald dispone de un mapa detallado de todos los árboles junto a los que se han enterrado urnas.

La mayoría de estos enterramientos corresponden a protestantes y católicos, aunque empiezan a despertar interés entre personas de otras confesiones.

El Consejo de las Iglesias Protestantes de Alemania creó una comisión para estudiar esta cuestión. Reinhard Mawick, uno de sus responsables, visitó el bosque de Reinhardswald, relacionado con algunas de las historias que inspiraron a los hermanos Grimm, y consideró que esta forma de enterramiento es compatible con la cultura cristiana, porque la sepultura en el bosque no significa necesariamente una sepultura anónima.

Alemania cuenta, además, con numerosos cementerios tradicionales repartidos por todo el país. Uno de los más emblemáticos es el cementerio de Zehlendorf, al norte de Berlín, donde están enterradas personalidades como el excanciller Willy Brandt, Premio Nobel de la Paz, y Ernst Reuter, alcalde del Berlín Occidental.

También allí sorprende la sencillez. No hay grandes monumentos ni espectaculares mausoleos. Las tumbas están integradas en el paisaje verde y rodeadas de naturaleza.

Después de conocer aquel bosque cementerio comprendí que, para muchos alemanes, no se trata simplemente de elegir un lugar donde ser enterrados. Es, quizá, una manera de regresar al paisaje que les acompañó durante toda la vida.

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