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Opinión

Adiós con el corazón que con chao pescao no puedo cuando se cierran las casas que se abrieron en el pueblo

"Veraneantes que el verano disfrutan en nuestros pueblos se disponen como antaño a abandonar el lugar donde nacieron sus padres"

Los veraneantes vuelven a abandonar los pueblos.

Los veraneantes vuelven a abandonar los pueblos. / IA

Aunque dicen que el verano no se acaba hasta septiembre, en Zamora es en agosto cuando se marcha la gente que llenó con su presencia los pueblos y creó un ambiente que transformó el triste invierno en un verano caliente.

-¿No será por los incendios que apenas han caldeado el ambiente, pues este año ya estamos acostumbrados?

No ha ardido tanto parece como otros en los que el fuego nos calcinó nuestra tierra, nuestros paisajes de ensueño. Pero sí se han confinado y vaciado unos cien pueblos que habían abierto sus casas para nietas y biznietos, y también para acogida del turista y forastero.

Aunque con menos incendios, caliente ha sido el verano de protesta y peticiones, de denuncias y de agravios. La Zamora vaciada que un mes se ha vuelto a llenar siguió saliendo a la calle de nuevo a reivindicar: sanidad pública digna; estatuto forestal; que arreglen la carretera; que pare aquí el autocar; que reabran los consultorios; que al menos abran el bar; más personal sanitario; más trabajo forestal; que nos pongan una fábrica y no sólo el biogás; para vivir los mayores, ayuda domiciliar; que cuiden el patrimonio ¡la iglesia se va a arroñar!; y que tengan los pequeños escuelas para estudiar, y los jóvenes más cerca formación profesional.

-No exageres, que caliente hemos pasado este mes sudando la gota gorda sin cosecha que coger ¡Agricultores hay pocos, pero menos es la mies!

No es de extrañar que por eso esta semana final los campesinos y pueblos se han vuelto a movilizar, unos por los bajos precios con que pagan el cereal, y algunos porque en su pueblo van a instalar el biogás.

Lo que demuestran con ello es que dormidos no están, y que siguen defendiendo ese modelo rural de gentes que aquí trabajan para el mundo alimentar, para cuidar el ganado y la tierra trabajar, para vivir en su pueblo y no tener que emigrar. Porque ahora aquí se cultiva sólo la electricidad (con prefijo "bio" del griego para poder engañar) que sostiene el desarrollo industrial de la ciudad que contamina nuestro aire ¡ni agua nos van a dejar!

-Caliente ha sido el verano, pero empieza a refrescar. Unos días de vacaciones nos quedan por disfrutar.

Más caliente que el otoño ha sido el tiempo estival porque antes el parlamento se cerraba a canto y cal, y muchos trabajadores se iban a veranear ¿a la playa o la montaña? por elección familiar.

Más caliente que el otoño, porque antes se respetaba el tiempo de vacaciones que el parlamento tomaba para descansar de líos políticos y patrañas, y era ya en el nuevo curso cuando el jaleo retomaba.

Mas este año infundios, bulos, -que es de moda la palabra- se han seguido difundiendo en la montaña o la playa. Por eso las vacaciones están sobrevaloradas, y tan solo Pedro Sánchez se ha atrevido a disfrutarlas -con críticas de derechas- en La Mareta en Canarias, residencia veraniega del patrimonio de España, al lado de las pateras que en la playa desembarcan las ilusiones y sueños que a veces el mar se traga.

Mientras en el parlamento vacaciones decretaban y la gente madrugaba para colocar la hamaca a primera hora del día, primera línea de playa, en una playa de Ceuta que es una ciudad de España -aunque los geógrafos digan que está en la tierra africana- una marea de inmigrantes hasta la costa llegaba.

Y con ellos el ambiente político se caldeaba.

-Invasión -dicen algunos- que Marruecos impulsaba ¡Qué se vuelvan a Marruecos! Es la solución que daban.

-Como hay menores y gente que asilo nos demandaba, habrá que aplicar las leyes que nos dimos en España. Responden desde el gobierno a quien grita ¡viva España!

Por la ciudad que en sus calles alberga las esperanzas de los que huyen de su tierra, de su país, de su casa, oenegés y los vecinos humanidad demostraban.

Pero ya son muchos días sin poder solucionar el problema humanitario que se vive en la ciudad. Algunas comunidades contundentes negarán recibir en sus fronteras a los menores de edad (como sucede en la nuestra que es tierra para emigrar). Si el verano fue caliente, el otoño será aún más será.

Pero vuelvo a nuestra tierra donde el agosto final ha sido mucho más fresco que lo que cabía esperar.

Veraneantes que el verano disfrutan en nuestros pueblos (donde nietas y biznietos de gentes que aquí nacieron abren la casa en verano ¡tan solitaria en invierno! cerrada o sólo habitada por la abuela o el abuelo), se disponen como antaño a abandonar el lugar donde nacieron sus padres, y ahora han vuelto a disfrutar de las calles vaciadas que se vuelven a llenar. Pero al final del verano se vuelven a la ciudad, como hacen los electrones que produce el biogás.

Un soplo de viento han sido, no lo llaméis invasión aunque los salvajamones asaltaran el arcón. (Dicho todo esto de bromas -lo segundo, digo yo). Y ya se acerca el momento en que hay que decir adiós. Sabemos que en los lugares donde habéis sido acogidos os reciben con los brazos abiertos como a un amigo.

Por eso a los que han venido hasta Ceuta por el mar, en búsqueda de trabajo hasta España a trabajar, os pido que respetemos con toda su dignidad y os pido que los tratemos con toda la humanidad.

No digamos "chao pescao" y el problema está resuelto. Un ático vale mucho pero no vale ni un muerto. Si se vuelven a su tierra de donde el verano huyeron, que sea con la dignidad que como humanos tenemos.

Por eso así me despido de quien nos ha acompañado abriendo este mes la casa que ahora casi están pechando: adiós con el corazón ¡salud para otro verano!

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